Masculinidad tóxica y futbol: un recuerdo de Rusia

Desde hace no más de dos mundiales, parte de la afición mexicana tiene una distintiva forma de gritar cuando un portero despeja el balón: el famoso ‘eh, puto‘ que, por su connotación homofóbica, ha acarreado a la Selección Mexicana un sinnúmero de regaños y amenazas por parte de la FIFA, además de una interminable discusión en redes sociales sobre si el grito es parte de un discurso de odio o simplemente una “tradición”.

Sin embargo, como señala Héctor Miguel Salinas en su libro del mismo nombre que el insulto, el ‘eh, puto’ no tiene nada de inocente ni representativo, pues ‘se usa para desprestigiar a un rival y es una ofensa para la comunidad LGBT+‘.

Policía rusa advierte: si van a gritar ‘eh, puto!’ en Mundial serán expulsados del estadio y del país

La afición se ha aferrado al grito de ‘eh, puto’ como si sus vidas dependieran de ello. Lo único que lo ha frenado es la amenaza de ver a la Selección Mexicana afectada en sus resultados durante el mundial de Rusia 2018, de donde ya fueron eliminados después de una amarga derrota ante Brasil.

Esa terca defensa del ‘eh, puto’ es una muestra de la masculinidad tóxica imperante en el deporte. Es sabido que no hay ningún jugador de futbol abiertamente homosexual en las selecciones de los países que participaron en el mundial de Rusia, aunque la estadística pronostique lo contrario, muy por el contrario de lo que sucede en el futbol femenil profesional, que ha sido un escaparate para la inclusión de jugadoras lesbianas y bisexuales.

¿Por qué no hay jugadores abiertamente bisexuales u homosexuales jugando en el evento deportivo más importante del mundo?

‘Rusabrosas’ de Facundo: no hace falta viajar a Rusia para hacer el ridículo

El futbol y su parafernalia han sido acaparados por hombres heterosexuales. Las ligas femeniles son relativamente recientes y, hoy en día, las mejores jugadoras no perciben ni la mitad del ingreso que sus contrapartes masculinas. No es porque este deporte sea esencialmente masculino, a pesar de que se percibe como tal. Como señala Marion Reimers, “el Mundial de futbol está construido por hombres para hablarle a otros hombres de lo que hacen sus pares”.

Pareciera que tanto para los jugadores como para su afición, la heterosexualidad es un requisito implícito para acceder a las canchas o a las gradas: es parte de su imagen, de la ‘mística’ del futbol. En este ambiente, como en muchos otros deportes, las mujeres son entes secundarios y meros adornos (ver el infame proyecto ‘Rusabrosas’ y sus seguidores) y la comunidad no heterosexual pareciera inexistente. De pronto, el amor a la camiseta casi representa también el fervor por un status quo que privilegia, precisamente, a los hombres heterosexuales.

Las estupideces y delitos que han hecho los mexicanos en Rusia (hasta el momento)

No debería hacer falta aclarar que no todos los aficionados que viven la intensidad del futbol lo hacen desde una masculinidad tóxica. Sin embargo, en sus peores momentos, las copas mundiales son un vertedero de masculinidad exacerbada por este deporte. Basta ver las más recientes acciones de los mexicanos en Rusia, envalentonados por un sentimiento que en inglés se llama entitlement y para el que aún no existe una traducción certera en español: esa noción de poseerlo todo, de tener derecho a tirar a un hombre discapacitado de su silla de ruedas o acosar a una reportera durante una transmisión en vivo o simular tener sexo con una bandera.

Así como se lucha activamente para que el futbol no exacerbe el fervor nacionalista, también se debe cuestionar el lastre machista. Expertos como Salinas y Reimers lo han hecho desde dentro de la industria. Aún existe una gran resistencia de la afición para reconocer la masculinidad tóxica en el futbol, pero la diversidad y la equidad no le harán daño, sino todo lo contrario.

¿Qué hace falta para que tengamos jugadores exitosos abiertamente homosexuales? ¿Existen condiciones actualmente para que una superestrella salga de algún clóset? En cuanto a las mujeres, aún es una anomalía que una dirija un equipo profesional masculino y es raro el día en que una periodista no recibe un improperio sexista; a estos problemas hay que agregar la disparidad entre el futbol femenil y el varonil. La pregunta de fondo es: ¿El deporte más bello del mundo de verdad ofrece gradas para todos?

Por: Redacción PA.