En Tijuana y Chihuahua quieren quitar a Díaz Ordaz de las calles

Se cumplen 50 años de la matanza de Tlatelolco y la reflexión en torno al movimiento estudiantil del 68 va acompañada de algunos actos políticos digno de estudio. Hay dos ciudades norteñas, Tijuana y Chihuahua, donde se ha propuesta cambiar el nombre a las avenidas que llevan por nombre Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México durante los hechos trágicos de octubre.

En Chihuahua, Nijta Leal Bejarano, regidora local del Partido del Trabajo presentó ante el cabildo en días pasados una propuesta para que el actual bulevar Gustavo Díaz Ordaz se llame bulevar Aurora Reyes, en honor a la muralista y feminista mexicana nacida en Hidalgo del Parral en el estado ubicado al norte del país.

Paralelamente, en Tijuana se lanzó una petición por parte de una asociación civil para que el bulevar Díaz Ordaz se llame Heberto Castillo, como el político mexicano encarcelado durante el movimiento del 68 en Lecumberri.

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En ambos casos se busca privilegiar a personajes que no están manchados por crímenes y controversia.

Es de recordarse que desde su mismo gobierno, a pesar del autoritarismo del PRI y los medios amordazados de entonces, Díaz Ordaz ya había sido señalado como responsable directo del 2 de octubre; durante su quinto informe presidencial dijo admitir toda la responsabilidad por los hechos del 68: 

“Por mi parte, asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política e histórica, por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado. (Vía: Excélsior)

Ese día, el joven diputado elegido para responder el informe presidencial fue Porfirio Muñoz Ledo, quien alabó a Díaz Ordaz por sus acciones: “en pocos países como el nuestro los jóvenes encuentran mejores posibilidades de identificación y de servicio dentro de la sociedad civil”. 

Bulevar Díaz Ordaz Tijuana Chihuahua Calles
Imagen: PT.

Aunque el juicio popular alrededor de Ordaz se formó muy pronto, la inercia gubernamental lo premió como se premiaba a todos los presidentes, con bustos y calles por toda la República. A 50 años, no pocos se preguntan si debe honrarse de esa forma al responsable de una masacre mientras otros proponen directamente cambiar el nombre de las calles, como sucede ahora en Chihuahua y Tijuana.

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Estos gestos no son solitarios: el 1 de octubre, José Ramón Amieva mandó a quitar del metro de la CDMX las placas donde se mencionaba que el icónico medio de transporte fue construido justo durante el sexenio de Díaz Ordaz.

Mientras algunos en Twitter quieren que se honre aún las obras del expresidente priísta (aunque no necesariamente su persona), otros opinan que debería complementarse la memoria que ya se tiene.

¿Qué sería lo óptimo? ¿Es imprescindible tener calles que se llaman como un represor para recordarlo debidamente? ¿Hay mejores formas de tener presente un legado así?

En el caso de las calles con el nombre Díaz Ordaz, es difícil matizar esa memoria y no parecer que se está exculpado al expresidente. Pero tampoco parece una solución sensata ponerles en cambio “Bulevar 2 de Octubre”, pues esa fecha correría el riesgo de petrificarse. ¿Qué decisión deberían tomar en Tijuana y Chihuahua? ¿Cuál es la mejor manera de no olvidar y de reflexionar? Acaso esa es la cuestión de fondo cuando se le cambia el nombre a una calle. 

Por: Redacción PA.