¿Por qué siguen existiendo calles Luis Echeverría y aeropuertos Díaz Ordaz?

Este año se cumplen 50 años del 68. Del movimiento estudiantil que duró varios meses y de la masacre coordinada por el Ejército mexicano en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Se cumplen 49 años del informe presidencial en el que Díaz Ordaz se dijo orgulloso de ‘haber salvado’ a México. Ahora, a 50 años, usuarios en la plataforma Change.org tienen al menos cuatro peticiones para quitar los nombres de Luis Echeverría y Gustavo Díaz Ordaz de calles, avenidas y hasta de un aeropuerto internacional.

Calles y aeropuerto Díaz Ordaz y Echeverría en México
Calles y aeropuerto Díaz Ordaz y Echeverría en México (Imagen: Google Maps)

Hay calles chiquitas, colonias, avenidas, periféricos y hasta aeropuertos internacionales con nombres no tan afortunados: en Estados Unidos son generales y político esclavistas; en Sudamérica, militares golpistas, en México, políticos cuyos nombres han quedado marcados por masacres o corrupción.

Así como quedó un hospital regional en Veracruz ‘Karime Macías’ (que no se inauguró nunca por falta de recursos), así hay por todo México desde calles hasta un aeropuerto internacional Gustavo Díaz Ordaz y dos periféricos, en Saltillo, Coahuila, y Reynosa, Tamaulipas, a nombre de Luis Echeverría.

Curiosamente, esta petición no es nueva, desde el 2012 se ha tratado en múltiples ocasiones cambiar los nombres de esas calles, aeropuertos y periféricos. Entonces, el Programa de Derechos Humanos del Distrito Federal (antecedente del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación, Copred) intentó cambiar el nombre de 36 calles y colonias con sus nombres. (Vía: Excélsior)

Las peticiones actuales tienen pocas firmas reunidas, sin embargo sirven como una especie de termómetro: hay momentos en los que el presente comienza a cambiar la forma como se interpreta el pasado.

Petición en Change.org para cambiar nombre a periférico
Petición en Change.org para cambiar nombre a periférico (Imagen: Change.org)

La historia no es fija y todos los hechos que ocurrieron antes de nosotros son sujetos a constantes reinterpretaciones desde el presente. Por otro lado, los monumentos y los nombres de calles y colonias justo intentan lo contrario: convertir la historia, literalmente, en piedra, hacer que no cambie para que, justamente, la memoria siga viva.

En España, por ejemplo, luego de años de debates y discusiones se logró aprobar la Ley de la Memoria Histórica. Tras décadas de franquismo, el PSOE y organizaciones civiles de supervivientes de la guerra y exiliados lograron iniciar la restauración de la memoria histórica. Uno de sus primeros logros fue el cambio de nombre a 52 calles nombradas por hitos y héroes del franquismo: los nuevos nombres fueron los de las víctimas, silenciados por más de 70 años. (Vía: Diario ABC)

 

Un cambio de nombre no va a traer de vuelta a nadie, no va a asegurar la justicia por los desaparecidos ni enmendará décadas de olvido institucional, lo que sí hace es reposicionar la memoria colectiva, darle el peso correcto a víctimas y victimarios: recordarnos que tenemos que recordar.

Por: Redacción PA.