‘No resistirse’ a una violación no implica consentir un acto sexual según corte en Portugal

Una jueza dijo que la falta de resistencia durante una violación no implica consentimiento por parte de la víctima
No resistirse a una violación no es consentimiento. (Imagen:Twitter)

Teresa A Féria Almeida, jueza de la 3a Sección de lo Criminal en Lisboa, imputó una condena de seis años y seis meses a un hombre que violó a una mujer que no puso resistencia. La juez dejó muy claro que la falta de resistencia de manera física o verbal no implica que la víctima esté concediendo la violación como generalmente se cree, sino que se trata de una medida de supervivencia por parte de la víctima.

Teresa Féria explicó en el juzgado que la ausencia de resistencia o reacciones defensivas por parte de la víctima se debe a que la agresión no sólo atenta contra su cuerpo, sino contra su integridad y vida.

De manera que la persona violentada busca preservar su vida inclusive cuando ello precise adoptar una actitud sumisa durante la agresión. Sin embargo, esta actitud no es un sinónimo de consentimiento por parte de la víctima.

Según El País, la víctima y el agresor se conocían desde hace 5 años atrás pues sus familias, durante un festival de música realizado en septiembre de 2016 en Portugal ocurrió la agresión. El hoy condenado le pidió a la víctima que lo acompañara a un lugar, aunque ella no accedió el hombre la terminó llevando a un local apartado en el que lastimó a la chica.

A pesar de las pruebas periciales tanto un perito  como un fiscal a cargo dictaminaron que no se trataba de una violación, ya que la mujer no había puesto resistencia. En su opinión, ella pudo atacar a su agresor en algún momento del ataque. Sin embargo, la jueza, quien además es presidenta de la Asociación Portuguesa de Mujeres Juristas (APMJ) insistió que la falta de resistencia no implicó el consentimiento.

La violación y las agresiones sexuales implican tanto un atentado físico como emocional cuyas consecuencias no se investigan de manera adecuada. Asimismo hay una serie de mitos y creencias alrededor de ambas que dificultan que las víctimas reciban, en alguna medida, justicia.

Una de estas ideas es que la respuesta inmediata ante una violación es la resistencia física y verbal, pues bajo esta lógica sino se quiere incursionar en este acto, se dice puntualmente, pero no es así.

Muchas víctimas se paralizan al momento de la violación o el abuso, esta es una reacción normal ante una situación estresante y que provoca ansiedad, aunque no se habla mucho de ella. Esto empeora cuando existe un lazo en de familiaridad entre el agresor y la víctima, pues para la víctima es complejo entender el ataque que sufre y por qué una persona cercana lo comete.

Afortunadamente este caso sirve como una base para las mujeres que temen denunciar una violación por no ‘haberse resistido’. No sólo establece una pauta legal que les ayude a tener justicia, sino que legitima y cree en su testimonio, sí lamentablemente en este mundo machista tenemos que comprobar nuestra inocencia y calidad de víctima.

Dejemos de fomentar estos estereotipos y seamos sororas con las demás.