Stealthing: una violación sin que se note

En unos minutos, Jareth será violada en un hotel de la Ciudad de México sin que se dé cuenta. Aunque no está sometida, no ha sido amenazada y llegó aquí por su voluntad, será agredida sexualmente. Estará completamente consciente cuando un hombre vacíe su esperma dentro de su vagina sin su consentimiento.

Minutos antes, Jareth se registra en el lobby y sube a la habitación para esperar al sujeto con el que tendrá relaciones sexuales. Él la saluda amablemente. Tienen una breve plática e inician las caricias.

No puede ser, este güey no quiere ponerse condón, piensa. No es la primera vez que le pasa. Desde que inició su vida sexual ha escuchado un sinnúmero de pretextos, igual que muchas mujeres que han tenido sexo con hombres, para que acceda a mantener relaciones sexuales sin preservativo: “Es que no se me para con condón”, “Es que no se siente lo mismo”, “Me salgo antes de venirme”, “Ya estoy operado, no va a pasar nada”. “Estoy limpio, no creas que con cualquiera me aviento así, contigo lo hago porque me gustas mucho”. Y así un largo etcétera.

Stealthing, Violación, Abuso Sexual
Imagen: Daniel Ojeda

En la habitación del hotel, al ver que el tipo no accede, ella le dice que sin condón no hay trato. A regañadientes y casi a la fuerza, logra colocarle el preservativo de látex en el pene.

Después de unos minutos de penetración, Jareth siente algo distinto. Justo cuando va a reaccionar, él termina dentro de ella.

El hombre se quitó el preservativo sin que ella se diera cuenta. No se rompió. Tampoco se zafó. Se lo quitó para ‘sentir más placer’ y dejar el semen dentro de su cuerpo. Él está agitado, con el condón en la mano y una mueca burlona empapada de sudor.

—¿Por qué te lo quitaste? —le reclama con una mezcla de angustia, enojo y desconcierto.

—No te preocupes, estoy operado para no tener hijos —responde tranquilamente.

—Pues sí, pero puedes tener una infección y contagiarme.

Él no le hace caso y se sube el pantalón. Segundos después, ella sale de la habitación y se mezcla con las personas que transitan la zona. Se va a casa con la impotencia atorada en la garganta. La acaban de violar pero sabe que nadie va a hacer algo por ella.

Stealthing, Violación, Abuso Sexual
Las secuelas en la salud mental de Jareth son evidentes, incluso meses después de la agresión. Imagen: Daniel Ojeda

Lo que le ocurrió a Jareth en esa habitación de hotel fue una agresión sexual conocida como stealthing, una práctica en la que el hombre se retira el preservativo sin que la chica o chico se dé cuenta. Todo pasa en cuestión de segundos, durante un cambio de posición o alguna distracción.

El término fue acuñado el año pasado por Alexandra Brodsky en una investigación titulada Violación Adyacente: Imaginar respuestas legales a la eliminación no consensuada del condón, publicada en el Columbia Journal of Gender and Law. La traducción al español del ‘stealthing’ sería algo así como ‘en sigilo’ o ‘sigiloso’.

En su artículo, Brodsky asegura que está práctica es sumamente peligrosa no sólo porque la víctima puede quedar embarazada sin su conocimiento, sino porque corre el riesgo de contraer alguna enfermedad de transmisión sexual.

Estas agresiones han incrementado tanto, que en Estados Unidos existen foros de Internet donde se comparten consejos para engañar a la pareja sexual y evitar que se dé cuenta cuando se retira el condón. En algunas páginas incluso se comparten datos personales de las víctimas y los agresores describen sus ‘casos de éxito’ como si fueran tutoriales.

“Los agresores que promueven estos ataques a través de la web basan sus acciones en la misoginia y en la proclamación de la supremacía sexual masculina, señala la investigación de Brodsky.

Stealthing, Violación, Abuso Sexual
Stealthing, una práctica en la que el hombre se retira el preservativo sin que la chica o chico se dé cuenta. Imagen: Daniel Ojeda

Omaira Ochoa Mercado, defensora de derechos humanos, explica que esta práctica representa una vulneración a la integridad de las mujeres, pues quitarse el condón sin consultarlo previamente las coloca en una situación de riesgo.

— ¿Se considera una violación?

— Existe un debate jurídico respecto a qué consideraciones legales se le tendrían que dar a la práctica. En México no existe un delito que atienda particularmente esta problemática. Aunque en el código penal, en el artículo 199 bis, que habla sobre el peligro de contagio, se castiga a aquellas personas que, sabiendo que pueden contagiar de alguna enfermedad de transmisión sexual a alguien, mantienen relaciones sexuales sin protección.

— ¿Esta práctica es una forma de dominación?

— Por supuesto. Es un abuso de poder por medio de la violencia. Es un sometimiento. Los agresores saben lo que hacen saben que están violentando a alguien y ejercen su poder contra la otra persona. Lo hacen para mantener el control y la dominación en las relaciones íntimas, de pareja y familiares.

Jareth no tiene duda: fue una violación.

“Me violó física, moral y psicológicamente. Pero si yo hubiera querido denunciar el hecho no habría pasado nada porque de alguna modo consentí el encuentro”.

— ¿Por qué crees que lo hizo?

— No lo sé. Pero fue una conducta machista que me afectó mucho. Tengo sus datos. Si yo quisiera le podría hablar, pero es algo que yo prefiero olvidar.

Ochoa Mercado indica que las leyes de este país deben reformarse para que estas agresiones se conviertan en un delito que merezca una sanción:

“Debemos investigar la problemática y qué consecuencias tiene sobre la vida, salud e integridad de las víctimas, para proponer cambios a la legislación”.

Finalmente explica que, si una chica es víctima de este tipo de agresiones, lo primero que debe hacer es alejarse del agresor y hablar con alguien de confianza; pero sobre todo, buscar ayuda profesional y denunciar este tipo de violencia“Si bien el delito no existe como tal, tenemos distintas estrategias jurídicas para que pueda ser sancionada esta práctica”.

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Imagen: Daniel Ojeda

Después de la violación, Jareth tomó la pastilla del día siguiente y publicó en Facebook lo sucedido. Recibió mensajes de apoyo de amigos y conocidos, lo que le ayudó a hablar sobre el tema y a desahogarse. Sin embargo, aunque han pasado más de dos meses de lo sucedido y su caso es una agresión aparentemente invisible, las secuelas en su salud mental son evidentes cuando habla de lo que sufrió ese día. Su agresor no ha vuelto a contactarla. Sabe lo que hizo.

Por Roger Vela

Fotografías de Daniel Ojeda

Por: Redacción PA.