Los feminicidas no son monstruos, son hombres que asesinan con impunidad

La normalización de la violencia de género se traduce en crímenes de odio contra las mujeres
No existen los monstruos, pero sí existen los feminicidas (Imagen: Cuartoscuro)

En México mueren 10 mujeres cada día, éstas son asesinadas con lujo de crueldad, violencia y, aparentemente, impunidad. Tras los miles de casos que se han quedado sin sentencia, tal pareciera que el feminicidio es un delito cotidiano que poco a poco se normaliza. No obstante, cuando un caso es particularmente cruel la conversación surge de nuevo, pero de la manera equivocada. Los feminicidas no son monstruos, son hombres que asesinan porque tienen la posibilidad de quedar impunes.

El feminicidio es uno de los delitos más atroces, sin embargo, debido a su nivel de incidencia, poco a poco se va normalizando. En la mayoría de los casos se culpa a la víctima por tener relaciones sexo o socio afectivas con su agresor. Otros casos se relacionan con el narcotráfico y no se investigan a profundidad. Otros más, nunca son descubiertos. Por tanto, cientos de mujeres permanecen en calidad de desparecidas. Es sólo hasta que un caso destaca debido al nivel de sadismo y crueldad con el que fue ejecutado. Recientemente fue detenido Andrés “N” un feminicida serial del Estado de México. Este sujeto habría cometido 30 feminicidios, también grabó los asesinatos y presuntamente pudo haber comido a alguna de sus víctimas.

Tras darse a conocer los detalles de los presuntos feminicidios cometidos, en redes sociales comenzaron a denominar  a Andrés “N”,  monstruo. Los feminicidas son hombres normales que tienen una doble vida. En apariencia realizan sus actividades como cualquier ciudadano, inclusive puede que tengan relaciones sociales y afectivas con otras personas. No obstante, asesinan a mujeres, niñas, adolescentes y adultas mayores sin ningún problema.

La crisis del feminicidio en México. (Imagen: Cuartoscuro)

Llamarlos monstruos invisibiliza la normalización del feminicidio

Este fenómeno se parece mucho a los “crímenes pasionales”. En este sentido, se romantiza la violencia y se liga hacia las emociones incontrolables o a la inhumanidad. El feminicidio es resultado de una comunidad misógina. Por una parte, se trata a las mujeres como un objeto, se les hipersexualiza, cosifica y se les enseña la cultura del amor romántico. Por otra parte, son culpadas cuando son víctimas de delitos sexuales, emocionales y físicos. En suma, los feminicidas son personas que han normalizado la violencia de género. Han aprendido que la vida de las mujeres está al servicio de la suya.

Diez feminicidios diariamente en México. (Imagen: Cuartoscuro)

De poco en poco la culpa recae en la víctima y no en el agresor. Es decir, como el agresor padece de sus facultades mentales o “no tiene humanidad”, es responsabilidad de la víctima cuidarse. Pensemos en delitos como la violación, es común que las mujeres sean culpadas por salir solas, consumir bebidas alcohólicas e incluso son castigadas por resistirse. Lo mismo ocurre con la violencia doméstica o de pareja, las mujeres son culpadas por “aguantar”.

Poco o nada se habla de los agresores emocionales, físicos y sexuales. Menos aún se discuten los largos procesos de denuncia y castigo para el feminicidio. Los procesos de justicia son lentos y generalmente revictimizan a los deudos y a las víctimas. Por su parte, medios de comunicación comparten detalles delicados de las carpetas de investigación, filtran información valiosa. Posteriormente, crean la imagen del feminicida como alguien insólito. Una excepción que debe eliminarse. Una vez que el caso pierde relevancia, se pasa a otra cosa, pero el problema sigue allí.  Mientras la sociedad siga evadiendo su responsabilidad con respecto a la violencia de género, habrán más feminicidas. Somos responsables de los monstruos que creamos.

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