A 10 años de la crisis de 2008: ¿Qué ha cambiado?

Oficialmente la crisis de 2008 comenzó el 15 de septiembre cuando el gigante financiero, Lehman Brothers, anunció su bancarrota e incendió los mercados de prácticamente todo el mundo. Sin embargo, este hecho solo representa el punto de quiebre de una crisis que se venía gestando desde décadas atrás en el sector inmobiliario y, por supuesto en las orientaciones especulativas y de exceso de confianza en los mercados internacionales. (Vía: El País)

A 10 años de la crisis económica de 2008: ¿qué salió mal?

La crisis de 2008 no solo generó una desaceleración generalizada de la economía global, según datos del Banco Mundial pasamos de un crecimiento del PIB de 4.228% en 2007 a -1.734% en 2009, es decir, en cuestión de 2 años, la economía global se contrajo más de 4%.

PIB 2007 2009
Imagen: Banco Mundial

Sino que también tuvo efectos sociales y políticos, unos más radicales que otros, que se han derivado en un replanteamiento del modelo económico y el proyecto de globalización; sí, el fantasma del comunismo volvió a recorrer el mundo, pero también los fantasmas del nacionalismo y el fundamentalismo.

La crisis de 2008 agudizó las contradicciones que llevaba dentro de sí el proyecto de la globalización. Siguiendo a Anthony Giddens, la globalización busca alcanzar el cosmopolitismo, sin embargo, lo que refuerza esta idea de comunidad global no es otra cosa que los regionalismos y, en su versión más radical, los fundamentalismos y el nacionalismo más exacerbado.

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Imagen: Especial

Giddens define el fundamentalismo en su texto, “Un mundo desbocado“, de la siguiente manera:

El fundamentalismo no depende de lo que la gente cree sino, como la tradición en general, de porqué lo creen y cómo lo justifican. No se restringe a la religión. Los guardias rojos chinos, con su devoción al Libro Rojo de Mao eran, sin duda, fundamentalistas. Tampoco es esencialmente el fundamentalismo una residencia de las culturas más tradicionales a la occidentalización -un rechazo de la decadencia occidental-.
El fundamentalismo puede crecer en todo tipo de tradiciones.
No tiene tiempo para la ambigüedad ni para la multiplicidad de interpretaciones o identidades—es una negación del diálogo en un mundo cuya paz y continuidad dependen de él“.

Posteriormente señala:

“El fundamentalismo es hijo de la globalización, a la que contesta y a la vez utiliza. Los grupos fundamentalistas, en casi todas partes, han utilizado ampliamente las nuevas tecnologías de la comunicación. […] Adopte la forma que adopte –religiosa, étnica, nacionalista o directamente política–, creo adecuado considerar el fundamentalismo como un problema. Contempla la posibilidad de la violencia y es enemigo de los valores cosmopolitas“. 

De tal manera, la aparición de los llamados populismos (conscientes del problema con el concepto, aquí nos limitamos a utilizarlo en el sentido de politólogo Jan-Werner Müeller en su libro “What is Populism?“) tanto de izquierda como de derecha que han ganado terreno en los distintos sistemas políticos del mundo desarrollado y emergente.

Trump
Imagen: Especial

Tenemos sobre todo el fortalecimiento de movimientos nacionalistas de utraderecha en Reino Unido expresados en el Brexit, en Estados Unidos con la victoria de Doland Trump, el fortalecimiento del Movimiento 5 Estrellas en Italia (cuyas filiaciones son ambiguas, pero su nacionalismo es exacerbado) y de la Agrupación Nacional con Marine Le Pen en Francia, el ascenso de los partidos nacionalistas y antimigrantes en Hungría y Polonia.

Pero también se fortaleció en menor medida el populismo y nacionalismo de izquierda con movimientos como el de Podemos en España, el independentismo en Cataluña o incluso la reciente victoria de López Obrador en México.

Cataluña
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Evidentemente cada uno de los eventos antes mencionados tienen diferencias importantes, sin embargo hay algunos paralelismos en cada uno de ellos: buscan la recuperación de los valores nacionalistas; rechazan la globalización, es decir, refuerzan la identidad frente al otro ya sea en términos políticos, étnicos, económicos o religiosos.

Tienen posiciones contra la economía de libre mercado, a la cual contraponen un proteccionismo económico; formulan un cuestionamiento a la democracia como forma de organización política (con la paradoja de que estos movimientos se dan por vías democráticas), ya que afirman que la política está secuestrada por las élites.

Estos grupos operan políticamente a partir del principio schmittiano de amigo/enemigo, en donde se simplifican los complejos problemas sociales, pensemos en Donald Trump diciendo que los migrantes se roban los empleos de Estados Unidos o en AMLO diciendo que la pobreza de este país es causada por la “mafia del poder”.

AMLO
Imagen: Especial

El fundamentalismo religioso también se ha reforzado en los últimos años, el ejemplo paradigmático de este fenómeno es sin duda ISIS en Medio Oriente. Pero, en Occidente también se ha reforzado el fundamentalismo cristiano, solo recordemos que durante la crisis humanitaria en Siria, que generó grandes flujos migratorios hacia Europa, el gobierno nacionalista de Hungría cerró sus fronteras argumentando que los migrantes contaminarían la cultura blanca y cristiana del país. (Vía: BBC)

Más allá de estos movimientos radicales, hay que decir que también han surgido cuestionamientos mucho más sensatos respecto al cataclismo económico de 2008. Por ejemplo, después de la crisis el gobierno de Barack Obama impulsó una mayor regulación a los mercados financieros en Estados Unidos, la principal fue reducir el tamaño de capital de un banco para ser considerado de alto riesgo para la economía, el problema es que Donald Trump ha echado para abajo estas regulaciones, además de que ha reducido los impuestos corporativos, lo cual mermará la recaudación en 2 billones de dólares en una década. (Vía: El Economista)

Trump le suelta la correa a Wall Street

De cierta manera podríamos decir que el 2008 representó un punto de quiebre en la sociedad global, el mundo 10 años después ya no es el mismo. Esa crisis económica derivó en una crisis en la confianza en el sistema económico, lo cual hizo que nos volviéramos a hacer preguntas que creíamos que estaban resueltas.

La principal sin duda es respecto al papel que debe jugar el estado en la economía, en términos teóricos ha significado, no solo un retorno a textos como “El Capital” de Marx y a “La teoría general del interés, el empleo y el dinero” de Keynes, desechados por la tradición hegemónica del monetarismo, sino también la generación de nuevos enfoques recuperando estas tradiciones que creíamos muertas.

Marx The Economist
Imagen: The Economist

No cabe duda que el contexto económico global al día de hoy está lleno de incertidumbre y riesgo: estamos ante la guerra comercial de dos gigantes, Estados Unidos y China lo cual impulsa cada vez más un retorno al proteccionismo económico, que podría resultar en que aumente aun más el estancamiento de la economía global, la cual crece a un promedio de 2% anual desde 2008 (recesión económica). (Vía: Banco Mundial)

estancamiento económico
Imagen: Banco Mundial

Finalmente, es pertinente cerrar con la pregunta formulada por el periodista económico Martin Wolf en una colaboración para el Financial Times, la cual plantea los siguiente: ¿Qué sucedió después de la crisis financiera mundial? ¿Han intentado los políticos y los legisladores hacer que volvamos al pasado o que nos dirijamos hacia un futuro diferente? La respuesta que da Wolf es que, lamentablemente la tendencia ha sido un retorno al pasado.

NYSE
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Más allá de eso, parece poco probable la utopía igualitarista y comunitarista, de hecho está sucediendo lo contrario, mayor diferenciación y mayor desigualdad, que no es otra cosa que incremento de la complejidad social, además, recordemos que todo sistema económico requiere del desequilibrio y de la repartición desigual de los recursos, dicho de manera muy básica: alguien más tiene y produce lo que necesitamos, ¿está bien, está mal?

Depende de los compromisos morales de cada quien. Por lo tanto el reto no es la reducción de la desigualdad, sino el combate a la pobreza y la inclusión de más personas al sistema económico.

Por: Redacción PA.