Hollywood, premios y su obsesión con los directores mexicanos

El éxito de los directores mexicanos en Hollywood

Este domingo, además de los Globos de Oro que ya había ganado, Alfonso Cuarón se llevó el premio como Mejor Director en los Critics Choice Awards. En seis años, cuatro Globos se han ido a tres directores mexicanos, lo que supone para algunos una “nueva época de oro” del cine mexicano.

Alfonso Cuarón y el elenco de Roma en el estreno de la película

Oficialmente, con los Globos de Oro —otorgados por la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood (HFPA, por sus siglas en inglés)—, inicia la temporada de premios en Hollywood: de aquí a marzo, si Roma sigue la “tradición”, no dejará de ganar y no se dejará de hablar del “logro” mexicano, del trabajo de Cuarón y de cómo cada chambita que tuvo en el país fueron parte del camino que lo llevará a su segundo Oscar.

Dejemos algo claro sólo por afán de no repetir una falacia común: los premios que ha estado ganando Cuarón (los Globos de Oro, los Critics Choice Awards y los que caigan) no son dados por los mismos jurados. Es lugar común decir que éstos son “antesala” a los Óscares, pero sólo porque éstos son los premios más famosos, no los más importantes.

Como ya había escrito hace un año, esa vez por el Oscar que ganó Guillermo del Toro por La Forma del Agua, ninguno de los premios, ni uno de los reconocimientos por el trabajo de Cuarón son “de México”, sino suyos… o, quizá, sí son de México: del México que retrató fielmente en Roma, el de una clase media alta privilegiada en (otra) época de desigualdad y violencia.

El cine ¿mexicano? y Cuarón

Sí, Alfonso Cuarón es mexicano y comenzó a estudiar en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM. Sí, la película con la que comenzó a tener otras oportunidades fue Y tu mamá también, un road trip que, a modo de escenario, retrata la desigualdad y pobreza en México. Pero eso no significa que el cine que hace Cuarón “sea mexicano”.

Dejemos algo claro: no existe un cine nacional como un género cinematográfico, por mucho que coloquialmente creamos que el cien francés es de cierto tipo, el inglés de otro o el argentino otro.

El cine de Arturo Ripstein, de Tatiana Huerzo, Amat Escalante o Guillermo del Toro son inclasificables entre ellos mismos y no hay forma (sin reducirlo, mocharlo o, así de simple, eliminarlo) de colocarlos a todos en una sola categoría.

Por ello, Cuarón no hace cine “mexicano” y su éxito crítico y en taquilla (Gravity logró ganar 723 millones de dólares) no vino sino hasta sus trabajos en Estados Unidos. Sin duda es un realizador que siempre ha sabido su trabajo, que ha dejado que quienes saben más que él se luzcan en ello, y su “regreso” a México con Roma fue, además de un trabajo de nostalgia y crítica de su propia memoria, un diálogo especular con la tradición fílmica de México.

Vaya, Roma ni siquiera es su primer regreso a México: Antes de Y tu mamá también, Cuarón ya era un director reconocido en Estados Unidos tras La Princesita y su adaptación libre de la novela de Charles Dickens, Great Expectations.

En ese sentido, algo parecido mencionaba Emilio Portes en entrevista con Código Espagueti; hay todavía una especie de estigma o carga que el cine nacional tiene que sacudirse cierta expectativa de “lo mexicano” que es, al mismo tiempo, indefinible pero señalable.

Definitivamente el contexto determina la producción artística: Si Guillermo del Toro, Ismael Figueroa o Arturo Ripstein no hubieran nacido en México, su cine no sería el mismo. Sin embargo, hay una distancia enorme entre una etapa formativa y una condena localista.

Hollywood y su obsesión con el Otro

El trabajo de los cineastas mexicanos ha ganado reconocimiento internacional desde hace mucho tiempo. Parecieran oleadas (que es la forma más simple de explicarlo), pero en realidad se trata de un continuo: el cine y la industria estadounidense tiene un “lugar especial” para el trabajo excepcional de otras latitudes.

Ganadores de Oscar a mejor película extranjera en la historia. No, México no ha ganado una sola vez. (Vía: Wikipedia)

Desde 1947, los Oscar entregan su premio a “Mejor película extranjera” (que, más bien, es “Mejor película en idioma extranjero”, pues las producciones inglesas, australianas y canadienses angloparlantes compiten como cualquier otra). De 68 premios, 56 han sido entregados a películas europeas.

Sin embargo, con la creciente calidad de trabajo de cinematógrafos como Emmanuel Lubezki y los “tres compadres”, el importante peso cultural del cine coreano, la cada vez mayor industria fílmica de la India y el gigantesco y multimillonario mercado chino, esos números han cambiado no en el reconocimiento internacional, sino en la “inclusión” de individuos, justamente, como Lubezki o Cuarón.

Como agentes individuales, Cuarón, Lubezki, Iñárritu y Del Toro han relucido en la industria fílmica estadounidense, sin embargo eso no se ha traducido en un interés real en el cine producido en México, al menos no en los círculos comerciales.

Y todo esto, en parte, se debe a la compleja relación entre las agencias gubernamentales que facilitan financiamiento al cine nacional, la distribución (controlada por un duopolio seguro de su poderío) y una legislación débil que no ha hecho lo suficiente para impulsar, más allá de becas, a los cineastas, actores y talento mexicanos.

¿Eso significa que quisiéramos más injerencia del Estado en la industria fílmica mexicana? No… bueno, no necesariamente.

Cine de Oro, nacionalismo y cómo ya no funciona ese modelo

A diferencia de lo que ocurre en nuestros días con el cine producido en México, el Cine de Oro era, simple y llanamente, propaganda nacionalista. Desde Los Tres García hasta Los ricos también lloran, hasta La perlaFlor silvestre formaron parte de un complejo y amplísimo programa cultural desde el Estado posrevolucionario que buscaba consolidar la idea de una idea de nación mexicana.

Claro que hay de propaganda a propaganda. El Cine de Oro es variado, rico y siempre ha sido objeto de análisis, crítica y revisión. Pero no deja de ser propaganda: el Estado pagaba todo, desde los estudios hasta la distribución y los cines, impulsaba ciertas películas a nivel internacional y pagaba giras a sus actores, directores y realizadores.

El interés del Estado en el cine se redujo con la llegada de la televisión: no había mejor herramienta para divulgar su visión del país y de los acontecimientos diarios que con una ventana en cada casa.

Estudios de televisión en 1960

Entonces, el cine sí era “mexicano”, pensado como un estilo y una ideología clara y determinada. El cine de hoy, el de Cuarón o el de Del Toro, pero también el que se anuncia con emojis y tiene como título refranes que nadie usa, ¿qué tiene de mexicano, por qué vende tanto, por qué atrae tanto la atención de otros países?

Esas, son preguntas que todavía no logro responder.

Raúl Cruz V. (@rcteseida)