Netflix, Cinépolis y Roma: cómo una película nos tiene hablando de monopolios

Aunque Roma, la última película de Alfonso Cuarón, trata sobre una familia de clase media en la colonia Roma de los años setenta, poco se ha hablado de sus logros fílmicos, del guión o la fotografía. Desde hace varios días, de lo que hablamos cuando hablamos de Roma es distribución, contratos, ventanas y acuerdos. De negocios, pues.

El negocio del cine

Y es que, por mucho que nos pese decirlo, el cine también es un negocio. Quizá no para los guionistas, directores y actores que apenas comienzan, pero sí para las grandes empresas que producen, distribuyen y proyectan el cine nacional.

¿Que por qué casi no hay “buen” cine mexicano proyectado en las únicas dos cadenas de cines, o que por qué, en un complejo de 15 cines, 12 son de blockbusters? Todo se reduce a un problema grave de los espacios en salas.

Según números de la Cámara Nacional de la Industria Cinematografía (Canacine), publicados por El Economista, en el 2016, de las poco más de seis mil salas de cine en el país, 2 mil 500 eran de Cinemex y 3 mil de Cinépolis. Es decir: las dos cadenas tienen el 92,8% del mercado cinematográfico.

En cuanto distribuidoras, cinco distribuidoras extrajeras ganaron, tan sólo en México, 8 mil 400 millones de dólares en el décimo país del mundo que más va al cine.

Monopolios y distribución: no es la primera vez que ocurre

En México, la producción cinematográfica va siempre de la mano del presupuesto de cultura federal y local: la gran mayoría de las películas, incluso aquellas con los grandes estudios nacionales detrás, proyectan la leyenda de “Película realizada con el apoyo del Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine), o el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine)“.

México, de hecho, produce mucho (muchísimo) cine:  tan sólo en 2017, se produjeron 176 películas… pero sólo se estrenaron 85, y la gran mayoría nunca siquiera esperaron aparecer en alguna sala del duopolio. (Vía: Periodistas Cinematográficos de México, A.C.)

Curiosamente, según Andrés García Franco, documentalista y director mexicano, esta no es la primera vez que un monopolio de distribución afecta la producción fílmica de México. Este fenómeno ya se había visto al final del Cine de Oro, cuando William O. Jenkins, un magnate y empresario estadounidense, ejerció un monopolio semejante en México. (Vía: El País)

Disrupción, competencia y el cine mexicano

Incluso una película distribuida por Videocine o la misma distribuidora de Cinépolis, no tiene espacio para competir con los blockbusters de Hollywood, al menos en el estado actual de la competencia en salas de cine en nuestro país.

Cinépolis acepta pasar Roma en sus salas… pero sólo si Netflix accede a retrasar su estreno

Es por todo esto que lo que está haciendo Netflix con Roma o con la última entrega de los hermanos Coen es absolutamente disruptor (con todo lo horrible que es la palabra): le arrebató al círculo de distribución y proyección comercial una película que está siendo considerada como un “estandarte” del cine mexicano contemporáneo. Sí, no está dejando que los cines proyecten este nuevo cine.

Netflix no es una productora: todo el contenido que ves “original” de la plataforma de streaming es producido para Netflix, desde House of Cards hasta Made In México. Su negocio está, justamente, en la distribución y uso de su plataforma para los contenidos que estudios y productoras le ofrecen y, en ese sentido, algo tiene de parecido con las salas de cine (pero hasta ahí).

Comunicado oficial de Cinépolis sobre Roma, de Cuarón
Comunicado oficial de Cinépolis sobre Roma, de Cuarón (Imagen: Cinépolis)

Cinépolis ya respondió a la demanda popular de que proyecte Roma, pero lo hizo a partir de exigirle a Netflix que se adapte a sus propias reglas: reglas que no tienen ni sustento legal ni exigencias contractuales más allá de un ritmo de distribución de diferentes medios que ya no es viable en estas épocas.

Netflix ha seguido presionando a nivel internacional para expandir su nivel de influencia en la industria cinematográfica: se enfrentó de lleno con el Festival de Cannes cuando los jurados determinaron que si no hubo estreno en cines, una película no podía competir, una regla creada explícitamente por Okja en 2017.

¿Más competencia implica mejor cine? Mmh… no

¿Puede sobrevivir un duopolio como el que tenemos en México el plan agresivo de Netflix? Dependerá, en buena medida, no sólo a sus decisiones empresariales, sino a la legislación que, desde hace años, se le insiste desde los creadores, actores, trabajadores, directores y productores de cine nacional: legislación clara que permita una competencia equitativa del cine nacional.

Que quede claro: Netflix tampoco es un santo que viene a romper un duopolio, es una empresa trasnacional con múltiples problemas y críticas frente a los que constantemente se defiende diciendo que sus decisiones dependen de algoritmos y meta data, como si no hubiera un sesgo ideológico, cultural y hasta de género en la construcción de esos algoritmos.

La pregunta que, más bien, deberíamos de hacernos es si el cine mexicano, si el nuevo cine mexicano (ese hecho por cientos de creadores nuevos y desconocidos) sobrevivirá los pleitos entre los gigantes multimillonarios que, hoy, se están peleando a un grande.

La respuesta sencilla será que sí: con celulares, con apps, con cámaras viejas… ¿Pero cómo veremos, dónde veremos ese cine; dónde lo verán todos?

por Raúl Cruz V. (@rcteseida)

Por: Redacción PA.