Campos de concentración para migrantes centroamericanos: la política migratoria de México y EEUU

Las políticas migratorias de Estados Unidos frente a la crisis humanitaria en Centroamérica han sido adoptadas por México; en ambos países se han instalado lo que, por muchas expertos, son campos de concentración para desincentivar la migración y la búsqueda de asilo.
Campos de concentración para migrantes en EEUU y México (Imagen: Telesur)

Las condiciones en las que miles de personas que buscan asilo y refugio del hambre y la violencia en sus países de origen son detenidos en lo que múltiples expertos han llamado campos de concentración en México y Estados Unidos. ¿Es exagerado u oportuno nombrar así los centros de detención en las fronteras sur de los dos países?

¿Qué es un “campo de concentración”?

Aunque tenemos casi grabado con fuego en el imaginario colectivo que los campos de concentración son lo mismo que Dachau o Auschwitz (campos de exterminio), no son iguales y no sólo fueron diseñados, instalados y administrados por los Nazis antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

Como describe Andrea Pitzer en One Long Night: A Global History of Concentration Camps, este tipo de instalaciones han sido usadas de forma generalizada por potencias colonizadoras contra poblaciones vulnerables: los españoles en Cuba, los holandeses en Sudáfrica, los Estadounidenses contra los indígenas norteamericanos y los nipoestadounidenses.

Fotografías de los campos de internamiento durante la Segunda Guerra Mundial en los Estados Unidos

Lo que determina que algo sea un campo de concentración o no son múltiples razones: la detención “legal” de población civil sin juicio en instalaciones separadas de grandes ciudades, vigiladas por elementos militares o policía militarizada.

En general, la historia se repite en cada una de las veces que se instalaron los campos: el número de detenidos rebasa la capacidad de los campos y, en las condiciones precarias en las que los tienen, comienzan a presentarse enfermedades contagiosas, crisis psicológicas y violencia tanto entre los detenidos como hacia los guardias.

Campo de concentración de Dachau, Alemania, durante Segunda Guerra Mundial

En muchas ocasiones, esas consecuencias son utilizadas como medios para continuar el proceso de deshumanización: se valen de las mismas condiciones que se crearon en esos campos para “explicar” las razones de la detención.

Ocurrió con los indígenas estadounidenses en las reservaciones, con los ghettos antes de los campos de concentración nazis y está ocurriendo también con los migrantes centroamericanos.

Centro de detención de Homestead, Florida. Hoy.

Cuando, hace unas semanas, la representante Alexandra Ocasio Cortéz nombró a los centros de detención estadounidenses como “campos de concentración”, republicanos, conservadores y hasta dos museos del Holocausto (en Israel y Nueva York) criticaron la comparación con la Shoah (el Holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial).

Sin embargo, múltiples historiadores y expertos de la historia judía y de la historia de estos crímenes de lesa humanidad conforman la comparación de Ocasio Cortéz: lo que se está viendo en Estados Unidos es la consolidación de campos de concentración.

¿Y México cómo se metió en esto?

México siempre ha sido el país al que Estados Unidos “subcontrata” para frenar el flujo de migrantes centroamericanos a su frontera sur.

Las múltiples crisis humanitarias en los países del Triángulo Norte, provocadas en no poca medida por Estados Unidos, han sido recibidas en México con crecientes aparatos policiacos migratorios y recursos provenientes, también, de Estados Unidos.

Sin embargo, a partir de la amenaza y “negociación” de Marcelo Ebrard con el Departamento de Estado, y bajo la promesa de frenar el flujo migrante en 45 o se impondrían aranceles de exportación, México militarizó efectivamente la frontera en las últimas semanas.

Mientras que hace unos meses se buscó procesar visas “humanitarias” para garantizar el libre tránsito de los centroamericanos hacia Estados Unidos, hoy, miles están detenidos en centros del Instituto Nacional de Migración en los que las condiciones sanitarias (y humanitarias) apenas comienzan a revelarse.

De acuerdo a un reportaje de Reuters, los centro de detención en Tapachula, Chiapas, Siglo XXI y la Feria Mesoamericana, se encuentran rebasados en su capacidad y comienzan a esparcirse enfermedades entre migrantes por las condiciones inhumanas en las que son hacinados.

Además de las condiciones precarias, su situación legal no les es revelada y, como lo han reportado los corresponsales de Reuters y otros medios internacionales desde octubre del año pasado, son forzados a aceptar la repatriación bajo engaños y, a veces, dejando a sus hijos o familiares detrás. (Vía: Reuters)

En México, la ley migratoria dice explícitamente que ningún migrante puede ser detenido por más de 15 días en esas instalaciones, sin embargo, han denunciado varios migrantes que llevan más de tres meses en sus instalaciones sin aclaración de su situación legal.

De acuerdo a la investigación de Reuters, en estos cinco meses, México ha triplicado su número detenciones de migrantes, se han diseminado caravanas a la fuerza y separado a familias, tal como el mismo gobierno federal denuncia de las autoridades estadounidenses.

Mientras que el presidente en sus conferencias mañaneras insiste que “luchará contra la xenofobia” y que “protegerá a los migrantes”, cada vez son más los reportes de violaciones de derechos humanos, agresiones, secuestros y asesinatos en los que, históricamente, han estado vinculados elementos del Instituto Nacional de Migración, cuyo titular, no está de más recordar, fue sustituido por el encargado de los centros de readaptación social federales.

¿Y la ‘tradición’ mexicana de aceptar refugiados?

Cuando se anunciaron los giros militarizados del acuerdo con Trump, Ebrard recordó la “tradición” de México de dar abrigo a los refugiados y exiliados.

Esto es tema de otra pieza, pero es necesario recordar que la recepción de españoles, sudamericanos y libaneses a lo largo del siglo XX no fue ni sencilla ni unívoca: la xenofobia mexicana se muestra, simplemente, en que, de acuerdo al censo del INEGI, en el país apenas el 1% de sus habitantes son extranjeros, contra el 24% de Chile o el 15% de Uruguay. (Vía: INEGI)

Si alguna tradición tiene México, contrario a lo que nos haga creer el mito mexicano, es la xenofobia… eso, y ser siempre complaciente a las peores políticas exteriores de los Estados Unidos.