¿Quieres recibir notificaciones de nuestro sitio web?

Juan Pablo II: Un legado manchado por la pederastía en la Iglesia Católica

A cien años de su natalicio, no podemos olvidar su inacción ante las denuncias de abuso sexual infantil
(Imagen: Flickr)

Juan Pablo II fue un Papa carismático y popular. El llamado “Papa Peregrino”, nacido el 18 de 1920, ocupó el cargo por casi 30 años, hasta su muerte, el 2 de abril de 2005. Venerado por muchos, es importante recordar que su legado estará siempre manchado por la inacción del polaco a la hora de hacer frente a las acusaciones de abuso sexual infantil que cometieron miembros de la Iglesia Católica.

También te recomendamos: Legionarios de Cristo ofrecieron dinero para que madre negará violación de su hijo

Fue uno de los papas más prolíficos, con encíclicas, cartas, sermones y discursos que llenan casi 150 volúmenes. Tenía un don para los gestos memorables, desde besar el suelo en su primera visita a un país hasta insertar una oración en una grieta del Muro de los Lamentos en Jerusalén. El suyo fue el tercer papado más largo en la historia de más de 2 mil años de la Iglesia Católica.

Juan Pablo II también tuvo un impacto en el mundo secular. Jugó un papel clave en el colapso del comunismo, no sólo a través de sus visitas a su natal Polonia en 1979 y 1983, sino también a través de su apoyo al sindicato independiente polaco, Solidaridad, que dio a sus compatriotas un vehículo para la resistencia. Aunque no se sabía en ese momento, el Papa escribió cartas de apoyo a los activistas encarcelados por los comunistas. Después de reuniones privadas con el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, cooperó con la CIA en el suministro de materiales clandestinos con sacerdotes y obispos, que eran inmunes a los registros corporales, actuando como correo.

Maciel y Juan Pablo II (Imagen: Vaticano)

Pero tocó los asuntos mundiales mucho más ampliamente. Tuvo más de 1,475 reuniones con Jefes de Estado y Primeros Ministros y envió enviados a todo el mundo en vísperas de las guerras. No es de extrañar que muchos tributos lo hayan descrito como un Juan Pablo Magno.

Sin embargo, una gran sombra se ha cernido en su legado. 

Juan Pablo II, que sucedió a Juan Pablo I el 16 de octubre  de 1978, ya fue canonizado por la Iglesia Católica en 2014, junto con Juan XXIII. Esto generó molestia entre las victimas de abuso sexual de miembros del clero, como Marcial Maciel, que fue protegido por el silencio y la inacción del pontífice polaco.

Su pontificado estará para siempre manchado por la crisis sacerdotal de abuso sexual. A pesar  de haber estado al tanto, sólo al final de su pontificado después de una década de escándalo público, Juan Pablo II habló abiertamente sobre el tema. En el momento de su beatificación en 2011, la etapa en el proceso de “santificación” católica que precede a la canonización, el Boston Globe lo describió como: “un hombre defectuoso que presidió una iglesia que era culpable de una de las mayores encubrimientos institucionales de la actividad criminal en la historia.” (Vía: Boston Globe)

Joaquín Navarro Valls, quien fuera e

Maciel y Juan Pablo II (Imagen: Vaticano)

l portavoz del Vaticano durante el papado  de Juan Pablo II, asegura que el polaco estaba perfectamente al tanto de la situación:

“Este cáncer [abuso sexual infantil] comenzó en un lugar geográfico específico, los Estados Unidos, en forma de casos aislados. Los casos aislados que surgieron en el momento se referían a incidentes que habían tenido lugar hace mucho tiempo, hace unos 30 años. Esto no hizo que el problema fuera menos serio, pero así eran las cosas. A medida que el número de casos comenzó a aumenta, el Papa comenzó a preocuparse mucho. Su pensamiento era tan puro que le era imposible aceptar que todo esto era real.” (Vía: La Stampa)

No obstante, tratar de separar la santidad personal del liderazgo institucional es el tipo de pensamiento en el corazón de la respuesta de la iglesia al abuso sexual clerical. Fue una respuesta que valoró la reputación institucional y la preservación del liderazgo a lo largo de la vida de sus miembros. Las víctimas fueron ignoradas. Sus acusaciones no fueron escuchadas. Sus reclamos fueron desechados. Sus peticiones de justicia fueron silenciadas. Y Juan Pablo II fue quien propició todo por su inacción y su condescendencia.

Juan Pablo II era un líder carismático pero no era un santo. Pretender que lo era,  perpetúa la mentalidad central de la crisis de abuso sexual de la iglesia: valoriza y absuelve a los líderes de la iglesia mientras ignora los derechos e historias de los abusados.

No por nada, Joseph Ratzinger, quien sería el sucesor de Juan Pablo II,  cuando refirió al estado de la iglesia católica, expresó: “¡Cuánta suciedad!”