Ayotzinapa, o la justicia en la tierra de tortugas

“Tierra de la tortuga”, eso es lo que significa el nombre del pueblo. Las tortugas en Guerrero, como en otras partes del mundo, se encuentran en peligro de extinción, pero aún así uno puede apreciar las carreras de las crías en las playas del estado. Aunque son veloces, al menos en sus primeros minutos de vida, es un animal que se piensa lento.

“Soy lenta, pero implacable”, se puede leer en una manta colgada en la cancha de la Escuela Raúl Isidro Burgos. Una tortuga ilustra el mensaje y la firma “La Justicia”.

Han pasado casi cuatro años desde aquella noche en Iguala, Guerrero, cuando los 43 estudiantes de la Raúl Isidro Burgos, la Normal de Ayotzinapa, desaparecieron.

Ayotzinapa, o la justicia en la tierra de tortugas
Imagen: Plumas Atómicas

Los jóvenes, o sus restos, no han sido encontrados. En ese contexto, el Presidente Enrique Peña Nieto ha insistido en información derivada de las investigaciones de la Procuraduría General de la República (PGR) que concluye que todos fueron asesinados por el crimen organizado e incinerados en el basurero de Cocula, localidad a una media hora de Iguala.

“No aceptamos esa narrativa”, sentenció Esmeralda Arosamena, relatora para México de la Comisión Internacional de Derechos Humanos.

Arosamena hizo esa declaración a lado de Jan Jarab, representante en México del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, desde la escuela de Ayotzinapa el 3 de septiembre, el mismo día que Peña Nieto rindió su último informe de gobierno.

La CIDH, así como la CNDH y la ONU-DH, cuestionaron la investigación de la PGR a casi cuatro años de la desaparición de los jóvenes. Las torturas a detenidos por el caso no es lo único que señalan como irregularidad estos organismos de las indagatorias. También está el esclarecimiento del papel del Ejército, la Policía Federal, la junta del C4 el mismo 26 de septiembre, la vigilancia del basurero de Cocula desde días antes.

Autonomía e imparcialidad es lo que solicitan que contenga la investigación independiente que se ordenó a través de un tribunal de Tamaulipas, pero que ha sido rechazada por la Procuraduría.

Los cuestionamientos se suman a la insistencia por parte de los familiares, quienes señalan al presidente Peña Nieto como un mentiroso.

“Está queriendo que todos olvidemos el caso. Esto no se puede quedar así, una vida no se puede dejar así”, señaló Dulce, la hermana de Miguel Ángel Hernández Martínez, uno de los 43, a Plumas Atómicas.

La joven, como otros familiares de los desaparecidos, sostiene que los normalistas siguen vivos, pero los tiene el gobierno. Las pruebas, para ella, no son suficientes para determinar qué fue lo que les ocurrió en realidad.

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Imagen: Plumas Atómicas

Joaquina, madre de Martín Getsemany Sánchez García, otro de los normalistas, pide que el gobierno de Peña Nieto supere la línea de la desaparición del basurero y se sigan otras líneas de investigación.

“Así como él decía que superáramos el dolor de la pérdida de nuestros hijos…”, declaró la mujer al medio.

Ayotzinapa desató en 2014 una serie de manifestaciones que no se dejarían de ver en los años consecutivos. El caso fue avanzando hasta que, tras exhibir irregularidades en la investigación (como la detención equivocada de un profesor de gimnasio), regresa la CIDH, organismo que entregará un reporte completo sobre el caso en noviembre, sólo días antes de que acabe la administración federal actual.

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Imagen: Plumas Atómicas

“No será olvidado el caso”, palabras de los representantes de los organismos para los padres de familia y estudiantes que estaban presentes esa tarde del 3 de septiembre en la Raúl Isidro Burgos.

Las desapariciones en Guerrero no cesan

El caso de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa es parte de un problema que se extiende sobre Guerrero. De acuerdo al Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), esta entidad es la que más casos concentra a nivel federal y es el décimo en el fuero común. En total, la cifra oficial alcanza 1807 personas.

Dos meses después de la desaparición de los normalistas, justamente el 26 de noviembre del 2014, los dos hermanos de José Díaz Navarro desaparecieron. Unos días después encontraron la camioneta en la que viajaban, camino a Chilapa, Guerrero. Los cuerpos fueron hallados más tarde, pero estaban calcinados.

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Integrantes del colectivo Siempre Vivos encuentran restos humanos en Chilpancingo, en 2016. Imagen: Facebook

Tras la tragedia familiar, Díaz Navarro, quien huyó de Guerrero por motivos de seguridad, hizo una organización llamada Siempre Vivos, dedicada a documentar desapariciones. Según las cifras que él tiene, sólo en el municipio de Chilapa (a dos horas de Ayotzinapa), más de 500 personas han desaparecido en una década y conforme pasa el tiempo, se entera de más casos.

Sólo entre el 9 y el 14 de mayo de este año, el colectivo Siempre Vivos registró 30 desapariciones en el municipio. Catorce es el número que han podido confirmar de esas fechas.

“Es toda una película de terror, de impunidad”, expresó Díaz Navarro a Plumas Atómicas.

En enero de este año, se dio a conocer la desaparición de siete jóvenes en Chilpancingo. Se sigue sin saber sobre algunos, pero otros fueron hallados muertos. Ese mismo mes, el reportero Marco Coronel reveló que la Policía del municipio estuvo involucrada en la desaparición, así como el crimen organizado.

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Díaz Navarro, vocero de Siempre Vivos. Imagen: Facebook

La justicia, lenta, no ha llegado con la familia de Díaz Navarro –que tiene a los responsables identificados–, como tampoco lo ha hecho para los padres de los 43 normalistas.

‘Nunca se puede olvidar’

Jorge Álvarez Nava está por cumplir 23 años, dijo Epifanio, su padre. La última vez que supo de él fue el 23 de septiembre de 2014, su cumpleaños. Jorge es parte de los estudiantes que todavía hoy buscan; ojalá con vida, piensa su padre.

“Nos da mucha rabia ver la impunidad. Nunca se puede olvidar, pueden pasar años y años y a uno nunca se le olvida nada de un familiar… Duele mucho, un hijo”, declaró Epifanio a Plumas Atómicas.

Lejos de olvidar, lo que busca la Normal de Ayotzinapa es recordar. Un centro educativo fundado hace más de 90 años y casa de estudios de figuras como el guerrillero Lucio Cabañas, sus muros, como sus alumnos, dibujan su memoria.

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Imagen: Plumas Atómicas

Mientras los estudiantes cantan sobre el 26 de septiembre, el inmueble está repleto de murales que recuerdan episodios como la noche de Iguala, a figuras históricas como el Ché Guevara o Lenin, pero, sobre todo, la educación en México y la violencia del Estado.

“No pierde la esperanza, lucha por recuperar lo que se le ha perdido y contar de nuevo con sus hijos”, dice una de las rondillas con las que se clausuró el evento de la CIDH en la Normal.

A unos 20 días del cuarto aniversario de la desaparición de los jóvenes, los familiares y estudiantes de la Raúl Isidro Burgos se retiran a sus hogares y dormitorios, esperando que el gobierno rectifique la versión oficial y finalmente se resuelva el caso. Como una tortuga, avanzan lento, pero no se rinden.

Por Esteban González de León (@PebitoYuka)

Por: Redacción PA.