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Todos sabemos idealizar pero pocos sabemos amar

A veces aquello que creímos ver en la persona amada, no coincide con la realidad y no todo es su culpa
La idealización del amor en las relaciones de pareja. (Imagen: Glamour)

A veces, aquello por lo que nos enamoramos de una persona puede variar entre una mezcla de realidad y una pizca de idealización. Sí, pareciera que aunque no nos guste admitirlo, a veces le ponemos ingredientes de más a esa persona con tal de que, como si se tratara de un platillo, luzca más a nuestro gusto.

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Esta serie de ‘ingredientes extra’ que le ponemos a las personas cuando nos enamoramos de ellas, hasta convertirlas en el platillo predilecto, son parte de la idealización, un concepto que Freud explicó en 1921 de la siguiente forma:

“El objeto es tratado como el propio yo del sujeto y que en el enamoramiento pasa al objeto una parte considerable de libido narcisista”, agregando que “en algunas formas de la elección amorosa llega incluso a evidenciarse que el objeto sirve para sustituir un ideal propio y no alcanzado del Yo”, puntualizó Freud.

Según explicaba Freud, la idealización se da desde una perspectiva personal puesta en la pareja que la vuelve casi casi perfecta. Le ponemos lo que creemos que le haría la persona ideal, negamos sus defectos y nos empeñamos en resaltar sus virtudes.

La decepción

El problema de la idealización de la pareja o de las relaciones amorosas, es que, cual encanto de cuento de hadas, la carroza, el vestido y todo aquello que había vuelto una maravilla a la persona amada, se acaba después de cierto tiempo, lo que termina dejándote derramando lágrima en el sofá de tu casa pensando en que estás decepcionado(a).

Sin embargo, aunque las personas no son perfectas y eso lo sabemos hasta el cansancio, parece que cuando nos enamoramos se nos olvida y por alguna razón (cof, idealización, cof) nos aferramos a aquella versión que creamos de ellos. Por supuesto, cuando esta ‘decepción‘ llega, también viene acompañada de frustración, enojo y un poco de evasión de la responsabilidad con respecto a esas falsas expectativas o pedestales que construimos sin que nadie nos la pidiera más que nuestro propio afán de ver perfecto al ser amado.

Esa etapa de decepción y de quitarse la venda de los ojos (que nosotros mismos nos pusimos), es un punto importante en nuestras vidas, pues nos permite saber si, a pesar de ver la realidad en la otra persona queremos seguir con la relación o de plano es el momento ideal para dejar por la paz ese cuento fantasioso que escribimos y del que ya no nos gusta la historia porque descubrimos que el protagonista es todo, menos lo que pensamos.

Idealizar, aceptar, reconectar

Una vez decidido lo que vas a hacer y de llorar lo que tenías que llorar (si es que lo hiciste) al darte cuenta de que esa persona no es como lo pintabas, es momento de recapacitar acerca de los motivos que te llevaron a ello y tomar responsabilidad por lo que te toca, porque claro, aunque parezca cliché decirlo, en una relación, la responsabilidad o la culpa se divide en dos.

Si bien volver a la realidad después de la idealización es algo complicado y hasta frustrante, es el momento adecuado, según especialistas, para entender al otro y redescubrirlo como realmente es sin importar si sigue con nosotros como pareja o no. Además, este proceso suele ser una oportunidad para reconectar con nosotros mismos, comenzar a vivir siendo como somos y dejar ser al otro tal y como es o siempre fue.

Una de las partes finales en el proceso al dejar de idealizar, es aceptar. Aceptar al otro como una persona distinta es, según expertos en psicología, la clave para poder descubrir las cosas que nos gustan de esa persona y de nosotros mismos para después hacer las paces con el hecho de que el amor no sólo es virtudes, sino defectos también.

La psicología de una idealización anunciada

Por otra parte, aunque a veces nos limitemos a encontrar excusas para seguir viendo perfecta a la persona, para no admitir parte de nuestra responsabilidad en esa idealización que inevitablemente llevaría a un golpe de realidad, hay una explicación psicológica que podría revelar por qué pasamos por esto cuando nos enamoramos: bovarismo.

El bovarismo, es un término usado en la psicología para referirse a un síndrome que se caracteriza por una insatisfacción y frustración permanente debido a la no correspondencia entre las expectativas y aspiraciones, normalmente desproporcionadas y obsesivas y por una distancia visible entre la realidad y las fantasías creadas entorno al objeto que genera esos síntomas.

Éste término psicológico refiere que los síntomas del bovarismo se reflejan en forma de: mimesis con la pareja (copiar sus gustos, aficiones, forma de pensar por temor al abandono), búsqueda constante del romance en la relación, expectativas irreales, metas imposibles, negación de la realidad, rechazo de la información que contradice la ‘realidad ficticia’ y ausencia de autoconocimiento. Todo esto se traduce en pérdida de juicio crítico, reacciones desmesuradas ante cualquier conflicto y frustración ante la incapacidad de que la persona amada no responda a las expectativas planteadas.

La idealización de las personas, así como los sentimientos de grandeza y egocentrismo son parte del síndrome de Madame Bovary, un trastorno de comportamiento que surge o es acuñado al personaje literario “Emma Bovary” que creó Gustave Flaubert en 1857 y se refiere a una persona que sufre una insatisfacción crónica afectiva.

Bovarismo, síndrome de insatisfacción afectiva. (Imagen: Insomnia Cine)

Su trastorno de comportamiento se basaba en una búsqueda constante de relaciones perfectas, apasionadas y obsesivas descritas en las novelas románticas pero que ella no encontraba o no sentía en su propia relación amorosa con Charles Bovary, su esposo.

La historia literaria que escribió Gustave describe cómo Emma Bovary, ante la insatisfacción afectiva que siente en su relación, se involucra con dos hombres, por los que después de que éstos la abandonan, se suicida con arsénico en polvo ante la frustración del vacío que sintió al ya no verse envuelta en su relación posesiva, celosa y dependiente con ambos.

No eres tú, ¿es tu consumo?

Dejando a un lado la naturaleza literaria de ese término adoptado por la psicología, es importante mencionar que otro factor que legitima este tipo de expectativas un poco irreales del amor y nos hace caer en la idealización de la pareja o las relaciones, está relacionado a lo que consumimos. Es decir, el cine, las series, las novelas, libros, revistas y redes sociales.

Sí, según la psicóloga Sara Rodríguez Laínz del Centro de Logopedia y Psicología Arganzuela, experta en vínculos y relaciones de pareja, industrias como el cine, legitiman creencias erróneas acerca del amor. Las historias contadas en libros, cine, series, tele o redes sociales, muchas veces influyen en la forma en que vemos el amor y lo queremos experimentar (consiente o inconscientemente).

Como para la industria es más rentable vender el amor romántico que mostrar en un filme o producto las verdaderas caras del amor o las relaciones de pareja, ésta se esfuerza en retratar modelos amorosos alejados de la realidad amorosa que viven las parejas en el mundo.

Ello termina por generar falsas expectativas de lo que es una relación o cómo debería ser. Además, consagra ideas como que el amor lo soporta todo, legitima el sobreesfuerzo por tener o retener a la pareja, hace creer que el amor debe durar por siempre, que el amor es inalterable, que las personas que aman más siempre dan todo de sí en su relación e ideas como que el amor no puede ser libre y debe ser consagrado con ciertas acciones.

Por ello es que especialistas como Laínz, sugieren dejar de ver el cine como “un manual de lo que debe ocurrir en la realidad” con una pareja y recomienda prestar atención a lo que tenemos con esa persona amada, detectar cómo es, entender que todos somos diferentes, no presionar para que sea algo que no es o haga algo que no desea, así como reconocerse libre de comunicar o decidir respecto a la relación.

Amor romántico e inequidad

Otros especialistas como Francesc Núñez, sociólogo y profesor de la Universidad de Catalunya, consideran que el amor romántico no está basado en normas justas y que en éste, “las mujeres salen perdiendo” pues este concepto se ha reproducido y enseñado a las personas a temprana edad desde hace ya más de 150 años.

Núñez refiere que los hombres siempre han estado menos dispuestos a comprometerse pero las mujeres, a pesar de la independencia que tengan, en ocasiones caen en relaciones donde son dominadas u oprimidas emocionalmente pro sus parejas, lo que termina siendo una experiencia amorosa dolorosa y no satisfactoria.

Estudio revela que el control masculino está presente desde noviazgos jóvenes. (Imagen: infobae)

Ello, según explica, luego puede derivar en una repetición de patrones de comportamiento en sus siguientes relaciones, donde ambas partes buscarán satisfacer o llenar esos vacíos que quedaron ante las falsas expectativas que crearon de sus exparejas o les llevará a soportar situaciones que no deberían con la esperanza de estar viviendo un amor basado en el tipo de romance que considera es el que le brindará satisfacción total.

Por otro lado, Núñez menciona que el informe “¿Fuerte como papá? ¿Sensible como mamá? Identidades de género en la adolescencia” que se realizó en 2015, reveló que, en la mayoría de las relaciones de pareja, los hombres suelen ser una figura intimidante, de control, de violación de la intimidad o violencia emocional y física en las vidas de sus novias o novios.

Francesc Núñez asegura que la literatura, las películas y todo el contenido que consumen las personas, no destierra los mitos atribuidos al amor, al contrario, los siguen perpetuando sin tomar en cuenta las peligrosas narraciones que éstas hacen donde desdibujan la realidad sobre lo que son las relaciones de pareja. 

Tanto llegan a penetrar estos roles ficticios del amor en las personas, que un estudio hecho en España reveló que el 28% de mujeres jóvenes ha sido víctima de control abusivo por parte de sus parejas por medio del celular o  sido objeto de chantajes que les exigen ‘pruebas de amor’, que implica intercambiar contenido sexual para demostrar que confían en su pareja y que sólo le pertenecen a ésta.

Finalmente, me parece que, si bien idealizar a la pareja en una relación está aparentemente relacionado a diversos factores, estar consciente de lo que somos, damos, queremos y es la otra persona, nos hará libres para amar y que nos amen en el aquí y el ahora. Entender el amor fuera de las expectativas que se nos ha enseñado, también podría contribuir a construir mejores relaciones de pareja.