‘Nos decían que nos iban a matar y a desaparecer’: mujeres de Atenco declaran ante Corte

El día de ayer se presentaron cinco mujeres sobrevivientes de tortura sexual ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cada una relató las agresiones sexuales sufridas tras la detención en el operativo en San Salvador Atenco y denunciaron que las autoridades estatales y federales llevan 11 años sin dictar sentencia a los responsables.

Norma Aidé Jiménez Osorio, Claudia Hernández Martínez, Bárbara Italia Méndez Moreno, Angélica Patricia Torres Linares y Suhelen Gabriela Cuevas Jaramillo se sentaron una a una frente a los jueces de la Corte y a los representantes del Estado mexicano y respondieron a las preguntas de la Corte.

La primera mujer sobreviviente en dar su testimonio fue Norma Aidé y aún cuando se le notaba segura, conforme avanzaba su relato el tono de su voz  se quebraba, “con sus dedos me penetra en el ano y en la vagina, después la camioneta se detiene, me obligan a bajar, me pasan con otros policías que visten totalmente distinto, todos de negro”. (Vía: Animal Político)

Para los oyentes la descripción resulta difícil de seguir, sin embargo, son las palabras de las sobrevivientes las que hacen una diferencia sustancial entre las postura del Estado mexicano y las violaciones cometidas contra las mujeres. 

Para concluir con su testimonio, Norma aclara la razón por la que está frente a la Corte después de 11 años, “merecemos que se reconozca que estamos diciendo la verdad. Justicia. Nadie ha sido consignado en un operativo tan grande. Que se investigue, no sólo para que se haga justicia sino para que estos hechos no vuelvan a ser repetidos”.

Tras concluir con su testimonio, representantes del estado mexicano le preguntaron a Norma si conocía el contenido de los informes que ha enviado el Estado mexicano y los posicionamientos de las autoridades sobre el caso, pero antes de que el abogado Uriel Salas continuara con sus preguntas, uno de los jueces lo interrumpió para aclararle que las preguntas realizadas no tenían nada que ver con el testimonio de Norma, por lo cual ella no está obligada a responderlas. 

Después del turno de los representantes del estado vino el de los jueces, quienes antes de hacer sus cuestionamientos, reconocieron el valor de Norma para estar al frente de la corte, pese al dolor de volver a narrar lo vivido.

Las preguntas de los jueces intentaron obtener detalles, nombres de funcionarios involucrados en la detención de Norma y de los médicos que se negaron a brindar la atención necesaria tras los abusos sexuales.

Como Norma, cada mujer dio detalles de los abusos sufridos entre el 3 y 4 de mayo del 2006, de lo difícil que fue retomar su vida y de los años en los que tuvieron que presentarse ante las autoridades para demostrar su inocencia, porque, pese a ser víctimas para el estado eran delincuentes. 

Cada testimonio fue ejemplo de la descomposición del aparato de seguridad y justicia del Estado mexicano, de su abuso de autoridad, de la criminalización de las víctimas y de que en México pueden pasar 11 años y la justicia no estará de lado de las víctimas.