#NoEstoyEnfermx: la homosexualidad no se ‘cura’, gracias a Dios

Mauricio Clark salió esta semana, regresando a la vida pública, explicando que sanó de todas sus dolencias, como la drogadicción y… ¿la homosexualidad? Algo así explicó, al decir que eso es “parte de su pasado”.

Por supuesto, esto comenzó un debate extenso, sobre la libertad que tiene él de elegir su preferencia sexual, su género y todo lo que implica la libertad con la que vivimos. Sin embargo, hay que dejar algo claro: la homosexualidad no se cura.

Durante años (muchísimos, en realidad), la homosexualidad y cualquier orientación sexual diferente a la heterosexual fue considerada una enfermedad mental. Sin embargo, desde 1990 la OMS (no Plumas Atómicas, no la comunidad LGBT, no un congreso) determinó sacarla de su lista de enfermedades mentales. (Vía: Público)

Como la OMS no es gobierno de ningún país, su determinación fue puramente de razones médicas. Es decir, no correspondió a ningún discurso político, ideológico ni de ningún tipo: fueron argumentos científicos y médicos.

A pesar de esto, a 28 años, sigue siendo vista como una enfermedad y, por tanto, que puede ser curable… como si fuera un gripe, una indigestión; o tratable, como si fuera diabetes o insuficiencia renal.

Basta con ver cómo es abordado el tema en el sitio web Catholic.net, que presume ser un lugar de discusión donde se construye un “puente entre la iglesia y las realidades actuales”:

Texto: catholic.net

A pesar de que existen pruebas científicas, de orden médico y no político ni ideológico, existe también la insistencia en demostrar, bajo un sustento aparentemente científico, que esta es una enfermedad.

El mismo sitio emprende una justificación antropológica, asegurando que la existencia de la raza humana está basada en la homosexualidad. Sin embargo, antropológicamente, la existencia de la homosexualidad es tan antigua como la misma humanidad, salvo que antes no existía un juicio al respecto, o las figuras que lo regían eran aceptadas bajo el sistema moral de ese momento. (Vía: BUAP)

Con las afiliaciones políticas e ideológicas que se tengan hechas a un lado, toda la evidencia científica e histórica que se tiene demuestra que, bajo ningún concepto, la homosexualidad, y todas las preferencias sexuales y de género que se asuman en la vida humana, son una enfermedad.

La sanción de Mauricio Clark regresó al centro de la discusión la pregunta, que debe ser contestada con simpleza: no es una enfermedad. Por un lado, él aseguró y explicó que no se refirió a que se haya curado de ser homosexual, sino que forma parte de su pasado y lo que hizo fue ‘sanar’ espiritualmente.

Tampoco existe prueba de que la homosexualidad sea una enfermedad de tipo espiritualconsiderando que el espíritu es algo imposible de sustentas materialmente a través de estudios científicos de pruebas tangibles.

Sin embargo, considerando, nuevamente, que espíritu puede referir a la salud menta y psicológica, regresamos al mismo punto: la OMS dejó de considerarla una enfermedad de este tipo hace casi 30 años, pero parece necesario repetirlo cada vez que se pone en duda.

Por otro lado, la forma en que Clark sanó de la homosexualidad fue a través de la “mano de dios”, como él mismo lo explicó. Defendemos ampliamente la libertad de Clark a decidir sobre su vida; no existe un plano en el que no sea completamente libre de decidir su orientación sexual y su género, pero la forma en que lo hace es lo peligroso y lo que, bajo ninguna circunstancia, defenderemos.

Asegurar, por un lado, que existe una forma de sanar la homosexualidad es darle poder a un discurso de odio que existe en contra de las personas que forman parte de la comunidad LGBT. Bajo ese mismo prejuicio se les ha forzado a participar o ser intervenidos a través de terapias de “reconversión sexual”.

Estas fueron determinadas como tortura por la ONU en 2017. Su popularidad es más grande de lo que pareciera y no son, precisamente, internados clínicos. También se presentan como campamentos religiosos, en las que se refuerzan estereotipos y se fuerza a los participantes a abandonar su identidad para introducirse en otra que, posiblemente, no quieran.

El caso de Clark podría estar dentro de la libertad de decisión. Sin embargo, también existen pruebas de que la orientación sexual no se elige. Hay formas de evaluar cómo se construye esta, algunos apuntan a que está determinada por el entorno prenatal y algunos factores en cromosomas específicos, pero no existe una respuesta concluyente.

Por lo mismo, la evidencia demuestra que esta orientación no se puede cambiar. Lo que sí se puede, es descubrirse y, por supuesto, aunque la orientación sea uno, se tiene la libertad del descubrimiento personal a través de experiencias elegidas por cada uno.

Ahora, en respuesta a Clark y todos los que salieron con la mentalidad inquisidora, en Twitter se creo el hashtag #NoEstoyEnfermx, con el que personas de la comunidad LGBT y que se identifican dentro de ese acrónimo, buscan hacer visible que, bajo ninguna circunstancia o contexto, la homosexualidad es ni puede ser una enfermedad.

Por un lado, se defiende la libertad de todos y la obligación de toda las instancias legales de dotar de derechos a sus ciudadanos en la misma exacta medida. Esa es una lucha histórica por derechos y visibilización de colectivos de minoría.

Sin embargo, para aquel que no esté convencido de la ideología que existe en estos movimientos, la ciencia también respalda la postura de no considerarlo una enfermedad, sino una cualidad de los sujetos que no está determinada por la moral o los dogmas de algún grupo religioso o dominante. Es, simple y sencillamente, algo que existe, de alguna forma u otra, en una variedad u otra, en cada sujeto y, ninguna es una enfermedad.