Atrapado en México: el médico que cruzó el mundo para salvar a su familia

De piel morena y ojos tan cafés como el mole, viste ropa y calzado limpio. Su suave voz asoma tristeza, a veces enojo, y, al mismo tiempo, se escucha la esperanza de alcanzar su destino. Se llama Mohammed Nasser, tiene 33 años, es médico y cuando ríe, baja el rostro y esconde los dientes.

Su cuerpo no delata su condición: un refugiado de Yemen huyendo de una guerra que ha cobrado más de 60 mil vidas en tres años, herido durante la Primavera Árabe en un ataque directo contra activistas como él. Tras el aspecto pulcro y esbelto, carga detrás de sí las memorias de una odisea que comenzó en abril de 2016, cuando abandonó su hogar para abrirse paso a Canadá.

“Nuestro hogar está destruido… Yemen. Por la guerra y la gente mala. Lo destruyen y nosotros tenemos que encontrar un hogar”, dijo a Plumas Atómicas, mientras sujetaba el calcetín que su hijo usó la última vez que lo vio.

Su viaje ha abarcado tres continentes y más de 20 mil kilómetros.

24 mil kilómetros huyendo de la guerra: la odisea de un yemení
El calcetín del hijo de Mohammed y otros artículos que ha ido recolectando desde que comenzó su viaje. Imagen: Especial

Desde Yemen fue hacia Turquía, de Turquía viajó a Quito, en Ecuador. Atravesó Colombia y, después del Tapón de Darien, llegó a Panamá, donde sería detenido e interrogado por investigadores estadounidenses y militares locales. Lo deportaron a Quito y de nuevo lo intentó. Esta segunda vez, logró llegar a la frontera con México. Una balsa lo dejó en territorio chiapaneco.

Su grupo y algunos más serían de los primeros en llegar a México buscando nuevas rutas para los lugares que les puedan dar un refugio y mejores condiciones de vida. Entre enero y agosto de 2018, el Instituto Nacional de Migración ha detenido a 43 yemeníes en territorio nacional.

El exilio

Yemen se ubica en el Medio Oriente, tiene una población de aproximadamente 27 millones de personas y es considerada la economía número 153 por el Observatorio de Complejidad Económica, una herramienta en este rubro desarrollada en MIT.

Sin embargo, el pequeño país colindante con Omán y Arabia Saudita ha demostrado tener unas reservas petrolíferas importantes: un estimado de tres mil millones de barriles, según la Administración de Información Energética. De tal modo, es una nación que despierta intereses.

La pobreza y la corrupción la han acompañado desde hace décadas. Estas condiciones fueron factores para que en 2011 se uniera a la ola de manifestaciones y levantamientos contra los gobiernos del mundo árabe, conocida como la Primavera Árabe. Para febrero de ese año, el entonces mandatario Ali Abdullah Saleh ordenó a policías armados y francotiradores abrir fuego contra sus detractores.

24 mil kilómetros huyendo de la guerra: la odisea de un yemení
Un hombre que falleció por un cohete en Yemen. Imagen: Reuters

Sería el inicio de una etapa de persecución y enfrentamientos entre los opositores del régimen de un presidente que ultimadamente dejaría el cargo tras 33 años en el poder.

“En 2011, recibo un disparo, en mi pantorrilla, se rompió en frente de mi casa. Directo en frente de mi casa, porque era un joven muy activo en la revolución”, relató Mohammed.

El médico cayó y su familia lo ayudó a entrar a la casa. Considera un regalo de Dios que la bala no haya dado contra su rodilla, de lo contrario, estima que hubiera perdido la habilidad para caminar, algo que le serviría años más adelante.

Pasó ocho meses en reposo. Una vez de pie, Mohammed regresó a un activismo pacífico para derribar al régimen, como pasó con Egipto o Libia. En 2012, Yemen vio cómo Saleh dejó el cargo, luego de que Arabia Saudita presionara y negociara su salida; dimisión acompañada de inmunidad política. Para ese entonces, más de dos mil personas habían fallecido por la represión del gobierno.

De Yemen a México: 24 mil kilómetros huyendo de la guerra
Ali Abdullah Saleh, ex presidente de Yemen. Imagen: Reuters

“Es aproximadamente 2014. En esos tiempos las milicias empezaron a crecer en Saadha. De la ciudad ciudad de Saadha, las milicias llegaron a la capital. Después, la guerra se desató en todas las ciudades de Yemen. Los países del golfo atacan Yemen, Irán apoya a las milicias”, recuerda.

Mohammed no cree en la violencia. Asegura que es un sinsentido pensar en que hermanos y hermanas se asesinen en su propio hogar, su propio país. No podemos, dice, no podemos tomar las armas y asesinar a otros. Él y su esposa embarazada vendieron todo lo que tenían y decidieron abandonar una nación sumergida en enfrentamientos e inestabilidad política.

Tras un año y cuatro meses en Estambul, comprendió que no podría darle una vida digna a su familia ahí: no hablaba turco y ejercer su profesión sin entender al paciente no era posible.

“Ella se regresa a Yemen y yo comienzo mi viaje a Canadá. Trato de ir a la embajada de Canadá, en Estambul, pero desafortunadamente, cuando se enteran que tu nacionalidad es de un país del tercer mundo, no te dan la visa, así que decido irme por el otro camino, el más peligroso”.

De ahí, lo único que conserva de su familia es una pequeña prenda de color gris: el calcetín de su hijo, de quien se despidió cuando llevaba meses de haber nacido.

De Yemen a México: 24 mil kilómetros huyendo de la guerra
Mohammed, refugiado yemení. Imagen: Plumas Atómicas

En el otro lado del mundo

En Ecuador, las autoridades no piden visa a extranjeros. Por eso decidió viajar para allá y de ahí comenzar la travesía hacia Canadá, lugar donde está seguro que lo aceptarán, a diferencia de otras naciones, como las europeas o Estados Unidos.

Salir de ahí fue fácil. Colombia también. El Tapón de Darien, un corredor selvático entre Colombia y Panamá, sería el inicio de los tormentos.

El camino del migrante suele ser amigo de la clandestinidad. Mohammed lo sabe porque pagó a contrabandistas en casi todas las fronteras que cruzó. Así fue en Darien, un lugar que tardaría en cruzar una semana.

“El guía dentro de la jungla te acompaña durante dos días y durante cinco días estás en riesgo porque, les llaman mafia, la gente que está en la jungla está armada, te pueden detener y te quitan todo y te dejan sólo con tus prendas”, explicó el médico.

De Yemen a México: 24 mil kilómetros huyendo de la guerra
El Tapón de Darién. Imagen: Wikimedia Commons

Mohammed corrió con una suerte distinta. Él y su grupo, compuesto por cerca de 50 migrantes de países como el suyo, así como India y Bangladés, lograron negociar con los contrabandistas. Tras pagarle 200 dólares por cabeza, les garantizó su seguridad.

Llegaron a la frontera con Panamá. Se acercaron a las autoridades para gestionar su paso y todos fueron dirigidos a un centro migratorio salvo por Mohammed y otros siete de Yemen. Los militares los escoltaron y los llevaron hasta un centro de detención, similar a una cárcel, explica el médico.

Un mes pasaron ahí, comiendo arroz blanco diariamente y sin comunicación con sus familias para decir: sigo vivo, estoy bien. Dos de los yemeníes perdieron la cabeza en ese lugar, donde investigadores de Estados Unidos los interrogaron por nexos con células terroristas en Medio Oriente. Al final, los dejaron ir por sólo ser refugiados buscando santuario y los dos que perdieron la razón fueron marginados por sus compatriotas, quienes ya les tenían miedo.

24 mil kilómetros huyendo de la guerra: la odisea de un yemení
Imagen: Especial

El protocolo de esas instalaciones, explicó el doctor, es deportar a la gente a su país de origen. Con Yemen hundido en una guerra civil desde el 2015, Mohammed logró convencer a las autoridades panameñas que los manden de vuelta a Ecuador. Así fue y el viaje comenzó de nuevo.

A dos paradas de su destino

Desde Quito, partieron nuevamente estos refugiados. Acompañados de cubanos y venezolanos con callos para resolver asuntos fronterizos, el viaje avanzó con más maña que la suerte que se corrió en el anterior.

Mohammed entró a México por el río Suchiate en febrero de 2018. Era de noche y le pagó a un balsero para que le ayudara a cruzar desde Guatemala a Chiapas.

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El río Suchiate es un punto de acceso a México desde Guatemala. Imagen: Plumas Atómicas

En octubre de este año, llegó una caravana compuesta de tres mil centroamericanos. Estos migrantes recibieron el auxilio de varias organizaciones, entre las que se encuentra el Servicio Jesuita para Refugiados (SJR). Mohammed llegó el 24 de octubre a las oficinas de estos activistas ofreciendo su trabajo como doctor.

Actualmente, se encuentra la Ciudad de México, desde donde continúa con su trámite para ser reconocido como el refugiado de una guerra que tiene a tres cuartos de la población de Yemen hundida en una crisis humanitaria, según la ONU. Una guerra que no está exenta de las influencias estadounidenses iraníes, rusas, europeas o saudíes.

Durante la sesión de contingencia psicológica con el SJR, Mohammed confesó que su vida sólo tiene como propósito conseguirle el asilo a su familia, de lo contrario no tiene ningún sentido, no tendría ningún objetivo esa odisea en la que lleva tanto tiempo.

24 mil kilómetros huyendo de la guerra: la odisea de un yemení
Imagen: Plumas Atómicas

En la entrevista con Plumas Atómicas, relató que la noche en que dejó su hogar, su padre habló con él antes de su partida:

“Le digo adiós a mi padre y me dice: ‘Cuídate mucho, mi hijo. La vida, enfrente de ti, no te preocupes por nosotros. Cuídate tú, encuentra un camino para ti y cuando te salves, nos salvas'”.

Aunque todavía le faltan más de cuatro mil kilómetros, con riesgos como cruzarse con los narcos –quienes torturan a yemeníes para cobrar rescate a las familias–, él confía en que podrá atravesar los Estados Unidos, por los medios que sean, y poder completar su viaje.

De la guerra al narco: ser un refugiado yemení en México

“Tenemos sueños. Vamos a luchar por nuestros sueños y vamos a llegar a Canadá. Yo creo en esto. Sí, incluso si Trump es el presidente, llegaremos a Canadá, porque ese es nuestro derecho. Somos humanos”, concluyó.

Estados Unidos será su último reto. Es el país al que más teme, no sólo por la dificultad que Trump ha creado para los migrantes que llegan de Medio Oriente y América Latina, sino por el discurso de odio contra gente como él, un sentimiento que el yemení no se explica.

El tiempo finalmente lo dirá. Hasta el momento, tendrá que soportar a la burocracia. Cuando fue a las oficinas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en la Ciudad de México, le dijeron que no podían hacer nada por él, que fuera a la embajada de Canadá y preguntara. Ante la casa diplomática canadiense, se limitaron a entregarle un papelito para visas de viaje y trabajo… Nunca le dijeron nada sobre su condición como refugiado.

Por Esteban González de León (@PebitoYuka)

Por: Redacción PA.