De la guerra al narco: ser un refugiado yemení en México

¿Has escuchado cómo suena la madera seca contra la piel desnuda? ¿Has sentido un golpe con todas las fuerzas de una tabla contra tus piernas?

Mohammed Alkasimi, un yemení de 40 años, recorrió más de 24 mil kilómetros con la expectativa de refugiarse de la guerra, pero dio con la respuesta de ambas preguntas en Reynosa, Tamaulipas, a unos pasos de su destino.

“Cruzamos desde Guatemala [a México] por un río, un río a bordo de una balsa con globos [llantas]…”, dijo Alkasimi, a Plumas Atómicas y En Punto, quien llegó a la frontera con Estados Unidos en tres días. “Cuando llegamos a Reynosa estábamos aterrados, eran puras pandillas.”

El mecánico de profesión llegó al país poco antes del otoño de este año. Un par de meses después, sería una víctima más del crimen organizado, cuyas bandas han encontrado cómo hacer negocio de los refugiados de Yemen que se aventuran hacia Estados Unidos y Canadá por México.

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Saná, capital de Yemen. Imagen: Wikimedia Commons

De tierra de guerra a tierra del narco

Alkasimi era activista político, a favor de la unificación permanente de su nación, Yemen. Siguió siéndolo cuando la corrupción, la pobreza y el autoritarismo detonaron protestas que terminaron en violentas represiones gubernamentales en el 2011, durante el periodo conocido como la Primavera Árabe. Cuando explotó la guerra civil en Yemen –la cual ha dejado más de 60 mil muertos–, la vida de Alkasimi dio un giro y se convirtió en uno de los dos millones de desplazados de su país.

“Yemen es un país con graves violaciones a los derechos humanos, como una realidad generalizada, y encontramos muy preocupante que personas se ven forzadas a huir como refugiados y encontrar protección en otro lado del mundo”, dijo en entrevista Madeleine Penman, investigadora de Amnistía Internacional en México.

En septiembre de 2016, fue detenido por las autoridades yemeníes debido a su activismo. Terminó en la cárcel, donde pagó cinco mil riales saudíes (o 27 mil pesos) a un guardia, quien lo sacó de ahí y lo llevó directamente al aeropuerto.

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Yemen lleva tres años en una guerra civil. Imagen: Wikimedia Commons

Era el 27 de septiembre, el día en el que comenzaría su largo viaje para encontrar refugio para él y su familia.

Llegó a Arabia Saudita, donde permaneció un año. No logró su objetivo, así que colocó en la mira a Canadá. Alkasimi tomó un vuelo a Ecuador, el único país en América que no le pide visa, y tuvo que recorrer un largo camino, con idas y vueltas, hacia el norte, con la ayuda de un contrabandista algeriano en Brasil.

“En Guatemala, un grupo de personas, de los traficantes, nos golpearon y me rompieron las costillas y me retuvieron en una habitación durante un mes y medio”, relató Alkasimi.

Tuvo que pagar cuatro mil 400 dólares a esas personas, mismas que el algeriano los había ayudado a contactar.

Eso fue cerca del verano de este año, pero no era la primera vez que encontraba problemas. En Colombia, en enero, lo asaltaron y le robaron sus documentos.

Finalmente cruzó el Suchiate, en la frontera de Guatemala y México. Llegó a Tapachula y de ahí tomó un camión con dos compatriotas más, Jamal y Ahmed. Los tres se encaminaron a la ciudad a la que el algeriano les dijo que fueran: Reynosa, Tamaulipas.

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La ruta de Mohammed. Imagen: Plumas Atómicas

Tan cerca, tan lejos

Con 98 secuestros en 2018, Tamaulipas es la tercera entidad con más plagios –desde enero hasta octubre–, justo detrás del Estado de México y Veracruz, según las cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP). Aunque no es de las entidades con más homicidios dolosos, de acuerdo a las autoridades, 739 personas han sido asesinadas este año en la entidad.

Como el resto del estado, Reynosa ha sido desde hace años el escenario de la lucha entre varias organizaciones criminales, como los Zetas y el Cártel del Golfo. El SNSP apunta que esta ciudad fronteriza ha sido el lugar donde han abierto 39 carpetas de investigación por secuestro y 186 por asesinatos, sin contar las desapariciones y la cifra negra de plagios.

“Desde hace varios años que México es un territorio mortal para las personas migrantes, estamos hablando de secuestros, en algunos casos de ejecuciones, asesinatos, violencia sexual, extorsiones y todo tipo de violencia”, declaró Penman.

Mohammed llegó a Reynosa a finales de septiembre. Al llegar, los empleados del hotel advirtieron la presencia del crimen organizado y desde el primer día él y sus dos compatriotas sintieron miedo. Sólo salían por comida a una tienda. Así pasaron los próximos 18 días hasta que decidieron dejarse de guiar por el algeriano.

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Elementos de Marina resguardando un punto de control a las afueras de Reynosa, Tamaulipas. Imagen: Reuters

Encontraron a un grupo de contrabandistas que les cobraron cuatro mil 500 dólares por cabeza para llevarlos a McAllen, Texas. Dejaron su alojamiento y esperaban al día siguiente para finalmente cruzar la frontera. Sin embargo, las cosas no avanzaron hacia donde los yemeníes se imaginaron.

“Después de llegar al hotel, unas dos o tres horas después, llegaron personas vestidas de policías”, contó Alkasimi.

No tenían placas y el yemení no recuerda si traían insignias para saber si eran agentes de la Federal, estatal o municipal. Lo único que tuvo certeza es que en sus vehículos decía “Policía” y que trabajaban con una célula del crimen organizado. Los tres fueron secuestrados.

“Cuando nos llevaron a esa casa, vimos a mucha gente de Honduras, de Guatemala y el Salvador, eran muchos, todos estaban torturados. (…) Nos quitaron nuestro dinero y todo lo demás, solo nos dejaron en ropa interior”, relató el yemení.

Las autoridades han registrado 98 casos de secuestro, pero esta cifra probablemente no contempla ni a Mohammed ni a Jamal o Ahmed, pues nunca fue denunciado. Tampoco considera a las otras 27 personas que se encontraban en la misma habitación donde pusieron a los yemeníes. Ahí pasaron 20 días, lapso en el cual diariamente eran golpeados con tablas de madera en las piernas.

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Imagen: Reuters

‘Una tragedia muy triste’

De estas torturas da fe un video grabado por los mismos secuestradores, donde salen los tres a cuadro. Este fue enviado a los seres queridos de los yemeníes para cobrar 15 mil dólares de rescate. Un compatriota en Estados Unidos lo filtró a su comunidad y las familias se enteraron de esta situación, así como otros refugiados del mismo país aventurándose por México.

“Nos hacían ponernos de pie y tomaban madera, una pieza grande. La sujetaban y con todas sus fuerzas nos pegaban. (…) Nos torturaron mucho, Todos los días, ni siquiera podíamos sentarnos por el dolor de los golpes”, recordó Mohammed.

Un amigo de Alkasimi, a quien le pidieron el dinero del rescate, era contactado y lo hacían escuchar las sesiones de golpizas contra sus compatriotas. Pasaron los días y las amenazas crecieron.

Para el día 18, dejaron los golpes y comenzaron a sacar otras herramientas.

“A mi amigo, Jamal, le cortaron una oreja con tijeras cerca del final”, narró el hombre, con las lágrimas escapándosele mientras miraba al suelo.

Jamal es el yemení que aparece en el video hablando directamente a la cámara, pidiendo ayuda para que se pague el rescate y los puedan dejar salir.

Se hizo el pago, pero los criminales no cumplieron con su palabra y después de que le cortaron la oreja a Jamal tuvieron que pasar dos días más antes de que las cosas cambiaran.

“Nosotros pensábamos que moriríamos ahí y si no moríamos, al menos saldríamos de ahí locos”, confesó Alkasimi desde la azotea de la carnicería en Nueva York donde lo entrevistamos.

Salieron con vida, pero no gracias al dinero. Él lo considera la respuesta de Dios a sus rezos. Otros lo podrán considerar un milagro o simplemente el contexto en el que se encuentra México.

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Alkasimi era golpeado de manera diaria. Imagen: Especial

La respuesta a sus rezos

Un día comenzaron a escuchar disparos afuera de la habitación. La Policía viene a rescatarnos, pensaron primero. Cuando abrieron la puerta del cuarto, vieron que eran más hombres armados. Era gente “del Cártel”. Así se identificaron con Alkasimi, sus amigos y los centroamericanos.

Ese fue el final de la calamidad. La gente de este cártel le cobró a los yemeníes dos mil dólares para cruzarlos a Estados Unidos y, una vez del otro lado, se entregaron a las autoridades migratorias, donde se separaron.

“Los migrantes hoy en día realmente representan una fuente de ganancia para redes criminales y lo que criticamos realmente es que los gobiernos cada vez más ponen controles endurecidos en cuanto a sus fronteras”, apuntó Penman.
“La PGR debería estar doblando sus esfuerzos en cuanto a estos crímenes en contra de migrantes, lo que sabemos es que cuando pasan extorsiones o delitos graves en contra de migrantes, pocas veces son investigados”.

Hasta el día de hoy, Ahmed y Jamal siguen detenidos por las autoridades migratorias, según su compatriota. Por su parte, Alkasimi fue llevado ante un juez, quien le preguntó si quería seguir a Canadá o quedarse en Estados Unidos y abrir un caso como asilado. Escogió la segunda opción.

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Una cruz en Reynosa dedicada a los migrantes que han muerto buscando una mejor vida. Imagen: Reuters

Alkasimi pide que el gobierno de México, en particular el presidente, tome cartas en el asunto migratorio en el país, un problema que tampoco es ajeno para los migrantes de cualquier nacionalidad.

Estos tres migrantes, de acuerdo con otros compatriotas en México, son de los primeros migrantes yemeníes tomando este país como ruta para Estados Unidos y Canadá. El Instituto Nacional de Migración detuvo 43 yemeníes entre enero y agosto de este año, según Penman.

“Es un número reducido y por ende no tienen mucha visibilidad en México, y la necesidad que puedan tener de traductores, de garantías de debido proceso”, acotó la investigadora de Amnistía Internacional.

Actualmente vive en Nueva York, donde la comunidad de su país lo ha arropado. Lo que sigue para él es conseguir que su familia salga con bien de Yemen, donde, como él, están amenazados. Finalmente, espera que nadie más caiga en la situación en la que cayó él, “una tragedia muy triste”, como él la define.

Por Esteban González de León y Marco Antonio Coronel (En Punto)

Por: Redacción PA.