¿Cómo ser una mamá feminista?

En 2011, mientras esperaba con contracciones a que naciera mi primera hija, en la cama de un hospital como dice la canción, vi por primera vez a una mujer parir. Estaba a unos metros de distancia, pero pude sentir su dolor físico. Y también lo fuerte que era.

Cuando nació su bebé, la vi sonreír. Ahora era mi turno. Entre agujas, sueros, sondas, la epidural clavada en la columna y una burbuja de fuego en la panza. ¿Cómo se atrevió alguien, alguna vez, a decir que las mujeres éramos débiles? Si el parto, en cualquiera de sus formas, es la cosa más heavy metal que había visto.

Desde entonces soy la mamá feminista. La que descubrió, a través de la maternidad, que seguía siendo la misma persona. Mi propia persona. Solo que, ahora, con el juicio de la sociedad encima por ser soltera, por ser tan joven, por ser ‘luchona’, por vestirme de negro, por salir con amigos, por trabajar, por tener novio, por ser bisexual.

Soy la mamá feminista que lucha contra los roles de género como meteoritos que amenazan con caer en la Tierra: “Sí, a las niñas también les gusta El Hombre Araña” o “Sí, los niños también pueden usar vestido si quieren”. A la que presionaron para ponerle aretes a sus hijas y decidió que solo lo haría cuando ellas lo pidieran. Si no, ¿cómo les voy a enseñar que su cuerpo es suyo y solo ellas deciden sobre él?

Cuando nació mi hija pequeña conocí la depresión postparto. Porque es posible sentirse inmensamente feliz y, a la vez, muy sola. Ahora sé que no era la única y que miles de mujeres, en este instante, pasan por lo mismo.

Ahora conozco la importancia de la tribu. De las amigas. De criar en comunidad.

Soy la mamá feminista que cree en la crianza respetuosa. Aunque el mundo aún sea adultocentrista y considere a niños y niñas personajes secundarios. O, peor aún, defienda el uso de la violencia para educarles. Soy la que ha tenido que esconderse para amamantar porque, a estas alturas, la lactancia sigue siendo tabú.

Como muchas, ahora conozco el techo de cristal contra el que chocan muchas mujeres que deciden ser madres. O el acceso no garantizado a atención médica y mucho menos al parto respetado: sé que muchas de nosotras vivimos violencia obstétrica en un momento de nuestras vidas que debió haber sido feliz.

Sé que el embarazo, el parto y la crianza son sumamente difíciles y ninguna mujer debería ser obligada a pasar por ello si no lo desea.

Ahora soy esa mamá feminista que sabe que no está sola: somos muchas. Todas navegando en un mar de estereotipos, luchando junto con nuestros hijos e hijas contra los roles que nos quieren endilgar. Visibilizando nuestros problemas, apropiándonos de aquello que las madres tenían prohibido hacer. Estamos juntas en esto. Y creo que vamos ganando.

 

Gabriela Castillo ⎢ @gabyzombie

Por: Redacción PA.