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¿Se puede separar al artista de la obra?

Ante el premio de Roman Polanski, resurge la pregunta sobre la relación entre el artista y su obra
¿Es posible separar al artista de su obra?

Durante el Festival Internacional de Cine de Venecia, Roman Polanski se hizo acreedor de su tercer premio internacional, a pesar de estar legalmente acusado de haber violado a una niña de 13 años. El fallo realizado por los jueces de Venecia nos lleva a preguntarnos, ¿es posible separar al artista de la obra?

La pregunta intentaré contestarla a partir de la teoría literaria, pues ésta desarrolla distintas posibilidades de recepción. Durante el siglo XIX, el estudio literario se limitaba a impresiones estéticas, donde el autor funcionaba como muletilla para entender la obra. Su biografía estaba directamente ligada con su trabajo, como en el caso del “fracaso” de Baudelaire y hasta “la locura” de Van Gogh.

Es hasta el siglo XX que surge el estructuralismo: esta rama planteaba entender a la obra como un ente autónomo. Así, el teórico Roland Barthes propone “la muerte del autor” pues la obra se convierte en “un lugar neutro […] donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe“. Por lo tanto, la obra permitiría un cúmulo de experiencias que no necesariamente pertenecerían a las vivencias del autor.

Posteriormente, surge la teoría de la recepción. En ésta, se privilegia la experiencia del lector, ya que las obras tienen diferente recepción dependiendo del contexto del lector. El fenómeno se debe a que la obra no funciona por sí misma, sino que se inserta en un tiempo y espacio específicos; al entenderla a través del contexto, la obra adquiere otro sentido. Por ejemplo, nuestra lectura de El Quijote está necesariamente atravesada por las referencias que la obra encuentra en la cultura popular, lo que no pasaba durante su publicación en 1605.

Según el teórico Hans Robert Jauss, “[el historiador] debe permanecer consciente de su posición actual como lector antes de justificar su propio juicio a través de la sucesión histórica de lecturas“. Es decir, el espectador debe reconocerse como el espectador de un tiempo específico y, a su vez, reconocer el contexto en el cual surge la obra.

Es entonces que separar a la obra del autor se vuelve complicado, ya que no se está tomando en cuenta el contexto en el que se desarrolla la obra. Si la cultura de la violación permitió el desarrollo artístico de ciertos artistas, ¿consumir su obra sería validar la cultura que la produjo? Asumir nuestro lugar como espectadores implicaría una posición ética sobre los objetos que consumimos.