Pigmentocracia en México: el racismo específico de nuestro país

Si bien argumentar que eventos privados no deberían de realizarse por la desigualdad es una falacia, negar que este sistema existe es reproducirlo y reforzarlo
¿Qué es la pigmentocracia y por qué México es racista?

La pigmentocracia es un término académico con el que se ha buscado definir la forma específica como opera el racismo y el clasismo en México. Cada cierto tiempo regresa a las redes sociales cuando se utiliza para describir ciertos procesos desiguales o actitudes discriminatorias que existen tanto en redes como en el sistema social mexicano.

¿Qué es la “pigmentocracia”?

Dejemos algo claro: el término “pigmentocracia” no es nuevo y no es un invento importado de los estudios afroamericanos, sino una forma de pensar la discriminación y el sistema de opresión en América Latina a partir de un constructo social como la “raza”.

Susana Vázquez Cervantes define así la pigmentocracia: “un sistema en el que las tonalidades de la piel son percibidas a partir de intervenciones sociales y culturales, así como vinculadas a un cierto nivel socioeconómico. En este sistema, la clase y la tonalidad de la piel, aunque no son lo mismo, funcionan como dispositivos de poder auto-reproducibles e interdependientes“. (Vía: Horizontal)

 

Si bien estos términos académicos ya están más que aceptados por quienes estudian las muy complejas formas como opera el color de piel, la clase y el poder económico en México, cada que este término aparece mencionado en redes sociales o en programas de televisión se convierte en una burla en buena medida porque, como ya te lo hemos explicado en otras ocasiones, en México se tiende a creer que el racismo no existe porque “somos una sola raza” o “todos somos morenos”, ambas falacias pero falacias con una fuerte carga ideológica.

México ni es uniracial ni, como ningún otro país, tiene un solo color de piel: ¿has caminado por las calles de cualquier ciudad mexicana y te has encontrado un color de piel homogéneo? Ya ni hablar, por ejemplo, de las comunidades sinomexicanas en Baja California, las afromexicanas en las costas de Oaxaca, Veracruz y Guerrero, o los menonitas en Chihuahua, para irnos a extremos de pigmentación.

En nuestro país, la raza opera de forma diferente a como lo vemos en Estados Unidos o Europa, donde sí se ha escrito legislación discriminatoria a partir de la etnicidad: leyes que prohibían migración china, irlandesa o mexicana y que definían, con proporciones y árboles genealógicos (y no por el color de piel) quién sí y quién no era negro, chino, irlandés o latino se escribieron en los Estados Unidos todavía en 1940, por ejemplo. (Vía: Racecraft, Fields, Verso: 2012)

Sin embargo, en nuestro país “mestizo”, no es el origen sino la coloración de piel lo que determina los niveles de discriminación a los que se enfrenta cada persona, como lo han demostrado múltiples estudios, informes, encuestas y análisis. (Vía: Oxfam, Colmex)

¿Por qué es fácil negar que existe este sistema?

Como ocurre con todos los sistemas de discriminación que operan en nuestra sociedad, debatir si existen o no parecería una tontería pero, como resulta evidente siempre que se menciona, no lo es.

Para quienes no sufren sino que se benefician de este sistema es muy fácil negarlo y convertirlo en chiste, pero también muchas veces es la misma gente que se ve afectada por él quienes lo niegan, ya sea a partir de falacias como la meritocracia o experiencias personales o extraordinarias que de ninguna forma demuestran que un sistema de discriminación no exista.

Pintura novohispana explicando casta mestiza (Imagen: Especial)

Por ejemplo, cuando hablamos de la pigmentocracia, este sesgo se puede ver en encuestas que dejan a los entrevistados autoevaluar su propio color de piel, como demostró el estudio El Color de México, coordinado por el doctor Raymundo Campos Vázquez, del Colegio de México.

En encuestas donde el entrevistado tenía que determinar su color de piel, la mayoría elige un tono o dos más claro en la escala PEARL, algo que se corrige en otras encuestas donde son los realizadores quienes lo determinan.

Como apunta Federico Navarrete en su Alfabeto Racista Mexicano, tras cinco siglos de dominación europea y criolla, la mayoría de la población mexicana ha interiorizado el discurso pigmentocrático y, con él, las prácticas y representaciones discriminatorias que operan todos los días, en escalas enormes y en la vida cotidiana.

Los límites de la pigmentocracia

Como todo sistema de opresión, el fin de la pigmentocracia no llegará por un cambio en el discurso político o en decisiones de política pública, si bien se ha demostrado en ejemplos internacionales cómo éstos son pasos importantes para desarticular la discriminación, no son los únicos.

Tal como escribió Manning Marable cuando Barack Obama llegó a la presidencia de los Estados Unidos en 2008 (y como lo han demostrado los últimos 3 años), tener un presidente negro no eliminó el racismo, sino que lo hizo más complejo, más incisivo y más apremiante. (Vía: Beyond Black and White, Marable, Verso: 2016)

Los líderes políticos pueden ser elementos que guíen un cambio social significativo, pero no son quienes operen esos cambios: está en la sociedad, en reconocer sus propios procesos discriminatorios, en hacer las paces con su propia historia y consigo misma que podremos, si es que alguna vez, corregir esos errores.