La grave crisis de sobredosis en EEUU que el combate al narcotráfico no frenará

Al medio día de ayer, la cantante y actriz Demi Lovato fue ingresada a un hospital en California por una sobredosis de heroína y fentanilo. Lovato logró sobrevivir y ya se está recuperando de una experiencia que, para muchos en los Estados Unidos es mortal: de acuerdo a números del Centro para el Control de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), 42 mil personas murieron de sobredosis, pero estudios independientes indican que la cifra real puede ser diez veces mayor.

Un problema complejo, ninguna solución sencilla

Whitney Houston, Prince, Michael Jackson, Amy Winehouse, Heath Ledger, Phillip Seymour Hoffman... La sobredosis que sobrevivió Lovato no es, ni de cerca, uno de los primeros casos de los que sabemos que una celebridad consume drogas y éstas ponen en peligro su vida.

Como sabemos, también, que los Estados Unidos atraviesa una profunda crisis por el uso indiscriminado y hasta epidemiológico. De acuerdo al CDC, más de 70 mil personas mueren cada mes por sobredosis: los cuerpos de emergencia utilizan con mayor frecuencia medicina para contrarrestar los síntomas que mangueras. (Vía: CDC)

Estadísticas de muertes por sobredosis en EEUU hasta 2017 (Imagen: CDC)

La crisis generalizada que se vive en Estados Unidos es, como siempre, multifactorial y no responde a una sola cosa: no es sólo el empuje de las grandes empresas farmacéuticas, ni la droga que llega gracias a los cárteles mexicanos o la depresión y mucho menos se debe a faltas morales de quienes se han hecho adictos a los opiáceos.

Como todo problema multifactorial, no hay una sola respuesta: no hay una palabra mágica ni una fórmula ni nada que frene inmediatamente el problema. Sin embargo, eso no significa que, desde organizaciones locales, la academia y algunos políticos estén trabajando para generar soluciones.

La depresión y el abuso de drogas

Múltiples estudios han vinculado el trauma y la depresión con la adicción. A falta de un diagnóstico y tratamiento efectivo para quienes padecen alguna psicopatía, las drogas (desde el tabaco hasta la heroína) son una opción y, a veces, más bien una necesidad.

De acuerdo al Buró Nacional de Investigaciones Económicas de Estados Unidos, el INEGI gringo, 84% de las personas que han sido diagnosticadas con depresión o alguna enfermedad mental crónica eran consumidores de cocaína, mientras que el 69% tomaban alcohol.

https://youtu.be/ao8L-0nSYzg

La relación entre depresión y consumo de drogas es bidireccional, es decir, una puede llevar a la otra: tomas alcohol o consumes drogas para sentirte mejor, pero éstos generan sentimientos como culpa, tristeza o fatiga después del ‘levantón’ inicial.

Ojo: no se está diciendo que las psicopatías provocan que las personas sean adictas. No es A provoca B, sino que muchísimas personas con enfermedades mentales sin posibilidad de recibir tratamiento el psiquiátrico o psicoterapéutico que necesitan recurren a ellas. (Vía: Psycom)

Es por ello que el acceso universal a la salud mental debería de ser un derecho: con tratamientos efectivos y proporcionados a tiempo se podrían evitar miles de muertes al año en Estados Unidos y en el mundo.

¿Y las empresas farmacéuticas?

El narcotráfico sólo es responsable de la oferta de drogas como marihuana (en alguno de los estados donde no se ha despenalizado su uso en EEUU), heroína o drogas sintéticas, pero no de su consumo. Por otro lado, en Estados Unidos, el consumo de opiáceos, de hecho, no depende del narcotráfico, sino de las grandes empresas farmacéuticas.

De acuerdo al CDC, las drogas que provocan una mayor cantidad de muertes por sobredosis no son la heroína ni la matanfetamina, sino los opiáceos sintéticos: Oxicodin, Vicodin, Metadona y, como principal responsable, el Fentanilo.

CDC muestra gráfica de sobredosis (Imagen: CDC)

La droga que veías a Dr. House consumir como si fueran Skittles no es ningún chiste ni tampoco una herramienta narrativa. A finales de la década de los 90 y principios del 2000, se generalizó recetarlos como si fueran aspirinas: para dolores crónicos, para fracturas, golpes y hasta en periodos de recuperación corta.

No todos esos pacientes se volvieron adictos, pero los que sí tuvieron que recurrir, luego a drogas ‘ilegales’ cuando sus seguros médicos caducaron o se les negó el acceso a los opiáceos sintéticos. (Vía: Time)

Las compañías farmacéuticas gastaron, sólo en lo que va de 2018 84 millones de dólares en ‘negociaciones’ con congresistas y representantes para modificar o impedir modificaciones legislativas que afecten sus intereses. Eso sin contar los millones de dólares que se gastan al año en pautas y comercialización a doctores y trabajadores de la salud. (Vía: OpenSecrets.org)

Un problema que tiene uno de sus vértices en los pasillos del congreso no puede solucionarse con el combate al narcotráfico porque, simplemente, la droga no entra ilegalmente por la frontera: se fabrica en Estados Unidos legalmente o pasa la aduana sin problema alguno.

El combate al narcotráfico y la penalización

Finalmente, buena parte del problema radica en la respuesta oficial desde la década del 70 al consumo de droga: en vez de tratarse como el problema de salud que es, fue confrontado como uno de seguridad. En vez de entender que la droga en un síntoma de una crisis compleja, se combatió a todo aquel que tuviera relación con ella.

Desde Estados Unidos hasta México, Francia, Argentina y Filipinas, la frontera entre productor, traficante y consumidor de droga (de las ilegales, claro) o no existe o es, cuando menos, borroso: Duterte en Filipinas felizmente ha declarado la guerra y deseado la muerte de la ‘plaga’ de adictos, y escuadrones de la muerte le han obedecido.

El tratamiento para los adictos, en este sistema, es la cárcel. Sin otra opción, sin otro tratamiento más que la cárcel, miles de reos mueren por sobredosis, pues irónicamente, la droga es de fácil acceso en la mayoría de los penales.

En toda América Latina, y en especial en México, hemos padecido políticas de confrontación que no han servido de nada: producción, tráfico y consumo incrementan mientras también lo hacen las muertes, el poder de los cárteles y la violencia en todos los países del continente.

En este contexto, cualquier discusión sobre despenalización o un cambio de estrategia es visto, cuanto menos, como un sacrilegio, a pesar del éxito de países como Portugal y Suiza.

El mismo día que Demi Lovato se salvó de su sobredosis, dos mil cuatrocientas personas sí murieron. Ni en México, con una guerra abierta contra el narco, ni en estos, los meses más violentos de su historia moderna, han muerto tantas personas por las drogas.