De Mover a México a ‘Las responsabilidades son temporales’: un sexenio en spots

Esta mañana, desde sus redes sociales y al mismo tiempo en los medios tradicionales, Enrique Peña Nieto publicó su último spot. Pocas frases resumen tan bien su mandato como el que utilizó en esta ocasión: “la responsabilidades son temporales”.

Desde su campaña presidencial en 2011-2012, todo señalaba que la presidencia de Enrique Peña Nieto sería una cargada de publicidad oficial, spots que no informan mucho, y frases célebres. Y sí, justo eso tuvimos desde el primer momento.

En mensajes de unos cuantos segundos se buscaba no informar a los ciudadanos, sino acostumbrarlos a los acuerdos cupulares y cambios que buscaba la nueva administración a través del “Pacto Por México”.

Ninguna publicidad, ningún spot (electoral u oficialista) busca en realidad comunicar, sino vender: que el público (los ciudadanos) se apropie del lenguaje institucional de las reformas, o de los candidatos, o de las secretarías.

La campaña “Mover a México”, por ejemplo, es el ideal de una campaña sin sentido de comunicación política, pero cargado de comunicación publicitaria: tipos de traje haciendo parkour en el Centro Histórico mientras una voz en off lee un compendio de promesas, más que la realización de compromisos políticos.

De acuerdo a una investigación de The New York Times, el gobierno federal gastó, hasta finales del 2017, dos mil millones de dólares en “comunicación”: es decir, 40 mil millones de pesos en publicidad pagada a medios, periódicos y periodistas.

Este gasto, de acuerdo a expertos y a la propia conclusión del NYT, se puede considerar una especie de censura implícita: muchos medios no pueden sobrevivir sin los pagos de propaganda oficial, y, si los reciben, ven coaccionada su línea editorial, una trampa sin salida de la que muchos medios no logran escapar nunca. (Vía: The New York Times)

A pesar (o quizá debido a) ese gasto millonario, la comunicación siempre fue un problema para la administración de Peña Nieto: los programas sociales que se llegaron a ampliar, la estabilidad macroeconómica que logró su gobierno quedaban siempre opacados por una comunicación fallida y mediocre, pero también por los múltiples escándalos de corrupción que estallaron durante su sexenio.

Desde la Casa Blanca hasta la Estafa Maestra y los 19 gobernadores investigados, detenidos o prófugos durante su administración por corrupción fueron mucho más efectivos que los 2 mil millones de dólares.

Su ultima tirada de spots, para publicitar el último informe de gobierno, fue un mensaje confuso, como escribiera Álvaro Cueva en Milenio. Mientras que en los medios tradicionales se publicitó la construcción de infraestructura y los logros de siempre, en redes se publicaron trece videos en los que habló de todo: desde Ayotzinapa hasta la Casa Blanca.

Sin un mensaje unificado e insistiendo en la misma idea de “lo bueno casi no se cuenta”, las burlas, señalamientos y críticas se multiplicaron.

Frente al dispendio presupuestal en publicidad oficial y la dinámica tóxica que generó en los medios de comunicación, se intentó este año aprobar una ley en el Senado que regulara el gasto. Pero se aprobó otra que, simplemente, lo legitimaba: la #LeyChayote.

Otro de los pendientes de la administración que comenzará el sábado será, justamente, regular el gasto de publicidad, hallar el camino para que medios y gobierno salgan de la codependencia que, hoy, existe.

Si algo queda claro de la administración de Enrique Peña Nieto es que no importan los millones gastados en publicidad: el presidente salió con una aprobación de 20 puntos, según El Universal. Calderón salió de su presidencia, de acuerdo con Consulta Mitofsky, con una aprobación del 53%.

por Raúl Cruz V. (@rcteseida)

Por: Redacción PA.