Voluntarios de Chimalpopoca y Jojutla recuerdan el 19S

¿Cómo han reconstruido sus vidas desde hace dos años?
Uriel y Jesús cuentan su testimonio acerca del 19s. (Imagen:Twitter)

El temblor del 19 de septiembre de 1985 parecía una huella en la memoria, para algunos nos era un mito de una tragedia que parecía lejana. El 19 de septiembre del 2017 un sismo de 7.1 grados removió escombros en la memoria y cambio la percepción de los habitantes de la Ciudad de México para siempre. Nos recordó que algunas heridas no se cierran con el tiempo.

Siempre que escuché hablar del sismo del 19 de septiembre de 1985 sentía que me hablaban de una aparición que marcó para siempre a distintas generaciones. Incluso pude observar sus resquicios en cuentos mexicanos, películas o el tan sórdido humor del imaginario colectivo de México.

A pesar de ver imágenes sobre el siniestro, escuchar las anécdotas de maestros o familiares, en mi cabeza, eso era demasiado lejano, inclusive irrepetible. Hace dos años, como si se tratase de un hueco en el tiempo, se presento un terremoto de 7.1 grados de magnitud, como una especie de doble del 85, pues también fue oscilatorio y trepidatorio.

Desde ese día aprendí el temor que puede infundir el silencio, no uno casual, sino uno producto de la incertidumbre, de algo que te acecha desde el ángulo más perturbador que existe: tus lugares seguros.

Sólo había calor y silencio

La tierra sobre la que edificamos no sólo sociedades, sino vidas enteras también tiene un ritmo interno, espacio y tiempo. Cuando ésta decide sacudirse y, con ello, reordenarse, es nuestra existencia la que parece perder los límites que hemos establecido. Aunado a ello, la cotidianidad nos hace pensar que tal casa, tal calle siempre estarán en un lugar, con sus debidas modificaciones, para atestiguar la existencia, pero no es así.

Uriel había elegido no asistir a una de sus clases, pero sí tenía que ir por unas tintas para serigrafear. Eligió su ropa sin mucho afán y buscando lo más cómodo para un día extrañamente caluroso.

“Justo había pasado el simulacro, ya ves que hacen el simulacro como a la una de la tarde y ya, como todo muy chido. Recuerdo que no le había tomado importancia al simulacro y salí después del mismo para evitar toda la dinámica, ya fuera en la calle o en el metro. 

Yo estaba esperando a Ale, mi amiga, porque justo ese día íbamos a imprimir unas cosas a La Esmeralda,  donde yo estaba tomando clases de serigrafía, en la escuela de pintura y escultura del INBA. Estaba comprando tintas por metro Chabacano.”

Me metí al local por lo insoportable del calor y de repente pensé que estaba pasando un trailer porque justo al lado está Viaducto, como a tres calles de Tlalpan. Pero sentí que el trailer no se iba y escuché a la gente decir: ‘esta temblando’. Topé que era trepidatorio y supe que estaba más cabrón, salí del local y un señora me tomó del brazo. Solté mi brazo y me moví, pensé que había sido muy fuerte”.

Pensé que había sido un temblor similar al de la semana pasada en la noche. Esperé algunos minutos a mi amiga. Lo que más recuerdo era la tensión y el silencio.

Uriel regresó caminando a casa. 

Como parte de sus labores del servicio social, Jesús estaba escribiendo un guión para conmemorar el terremoto del 19 de septiembre de 1985 para el programa Prisma RU de Radio UNAM. Diariamente hacía cápsulas radiofónicas por lo que se disponía a reescuchar una cápsula referente al temblor.

“Yo estaba en la computadora y alguien estaba detrás de mí, algún compañero cuyo nombre no recuerdo empezó a decir que estaba temblando, al principio pensé que lo estaba haciendo de juego porque yo estaba muy metido en la computadora, justo lo volteé a ver y me dijo: ‘está temblando’, fue cuando realmente comencé a sentir el temblor , me levanté, pero mi compañero se quedó de pie porque la sensación del temblor estaba siendo muy fuerte y pues por algún instinto de supervivencia, no sé lo empujé para salir del edificio. El problema fue que todos estaban utilizando las escaleras, comenzó a temblar más fuerte y se escuchaba un ruido estridente, bajé las escaleras y justo la entrada de Radio UNAM es muy angosta, el temblor se hizo más fuerte, así que: rompí una de las reglas no corro, no grito y no empujo y corrí porque pensé que ya iba a salir. Al voltear hacia arriba vi que el edificio estaba chocando con otro”.

Reordenar la vida

Sin duda, tras el sismo la pregunta inmediata es saber qué ha ocurrido con los seres que uno aprecia, tras ello y al ver la catástrofe tal vez, lleguemos a cuestionarnos por qué nosotros seguimos en pie. Lo que comienza como una duda termina en una reacción casi innata de reconstrucción, de la manera que se puede se ayuda al otro, pues al reordenar la vida de los demás se recupera el sentido de la propia.

Uriel, Jésus y Alejandro no sabían cómo, pero entendían que la forma correcta de hacerse parte de lo que sucedía era ayudar donde se necesitara. Uriel y Chucho discutían qué podían hacer:

“Lo que podemos, hacer porque no tengo ni idea de lo que podamos hacer es comprar agua y la dejamos en algún punto donde esté bien cabrón. Como que nadie sabía bien qué hacer, pero todos querían hacer algo. Llegamos a la colonia Roma y vimos que había como un chingo de ayuda, un chingo de gente ayudando, de ropa, de víveres, por tanto, dijimos: ‘puede ser que aquí ya no necesiten gente’, mi amigo Alejandro me dijo: ‘vamos a esta fabrica’, no recuerdo si era la colonia Obrera, pero estaba allí en el Centro, la que es continuación de Fray Servando.  Yo nunca había visto como un derrumbe en mi vida, sí en la colonia Roma había visto como fachadas caídas, pero cuando llegamos a la fábrica había un buen de gente: bomberos, policías, ambulancia, todos enfocados en ayudar a la gente que estaba allí. Dejamos unos racks con agua.”

En ese momento Uriel recordó lo único que pensó que pasaría ese día era que tal vez caminaría mucho, de manera que, se vistió para la ocasión: shorts y tenis, siendo esa elección algo acertado aunque su augurio algo lejano de lo que sucedería desde ese día y el resto de la semana.

Llegué a las calles que te digo y vi como muchos coches estacionados, camiones de bomberos, grúas. Un chingo de luces, plantas de luz , como cosas que dices: ‘no mames, verga, como que esto sólo lo he visto en las películas como en el making of de una película, me sentía como en una grabación o en un rodaje de una película como que lo procesaba de esa manera y yo dije pues sí, vamos a dejar estas cosas. Vimos un montón de gente y me puse a pensar: ¡No mames! desde a qué hora estarán todas estas personas, para ese entonces ya eran las nueve de la noche.”

“De un momento a otro, este Chucho, Alejandro y yo ya estábamos formados en una fila, como que nadie acordó nada, pero ya estábamos formados en una fila en la que estábamos pasando escombros. No fue una acción deliberada, sino ya estoy aquí y pues te rifas. Nos quedamos cerca de 4 o 5 horas hasta que me cansé, vi mi reloj y eran cerca de las 3 o 4 de la mañana y pensé: está cabrón como las personas que estamos aquí cargamos un edificio. “

“Llegaban puntos en los que estás una hora pasando piedras y llegan minutos en los que no sabes qué pasa, llega otro silencio y no puedes hablar, llegan más policías, llegan más bomberos, incluso llegan personas más preparadas para situaciones de este tipo, pero hay cosas que no te pueden decir o simplemente como ciudadano no sabes. “

Chucho, Uriel y otros amigos se dieron a la tarea de ayudar de la manera más adecuada posible, para Jesús ese sería uno de los días más largos de su vida, pues en él se encapsularía casi una semana.

A pesar de la sinceridad con que muchas personas dejaron parte de su vida para salvar otras, el sismo reveló un lado siniestro.

Parecería que no, pero en este tipo de coyunturas las cuestiones políticas también forman parte del juego, hay un tipo de carga política en las decisiones que se toman: a quien se prioriza, a quien se atiende a quien no se atiende y te das cuenta de ello. No estoy 100 por ciento seguro, pero el dueño de esa fábrica era judío y justo había un servicio médico especial destinado para él, lo cual es un poco debatible porque, vamos allí hay un discurso: ¿quién importa más?, ¿a quién urge encontrar? para las trabajadoras no había ese tipo de atención”.

Otro factor que diluyó el tiempo para Jesús fue redimensionar el contacto con las cosas que pasaba de mano a mano, en este sentido, cada una de las pertenencias que encontraban había pertenecido a una vida que probablemente ya no estaba o, sin duda, no sería la misma:

“Al otro día, nos dirigimos hacia otro lugar, recuerdo que entendí el valor de las pertenencias cuando fuimos a un edificio en la colonia del Valle. Pasaban todo tipo de cosas que en el día a día parecían que serían una tontería, es decir: discos, trofeos, cosas que uno atesora, pero no de la forma en que podría atesorarlo la persona que lo ganó o a quien le pertenecía”.

El apoyo no sólo era necesario en la Ciudad de México, por lo que se trasladaron hacia Morelos, en dicho estado no se apreciaba la misma red de apoyo por diversas variables como la falta de apoyo y vías de comunicación:

Cuando llegamos parecía una zona de guerra, pues sí, en mi vida había visto una calle cuarteada como en una película, no había casa que no estuviera mal. Justo llegamos a un hogar que estaba completamente destruido, al principio fue confuso porque enfrente había maquinaría que no estaba siendo utilizada, posteriormente nos enteramos que la dueña del hogar había perdido todo, sólo necesitaba buscar su pasaporte , pues no le quedaba más, pues su hija y madre habían fallecido en el siniestro”.

Cómo recuperas un espacio

Las catástrofes naturales trastocan la imagen y sensación de seguridad que te dan los espacios que recorres y habitas cotidianamente. Puede ser que de un momento a otro veas situaciones de potencial peligro cuando antes no las hubieses pensado.

¿Cómo  redimensionas e lugar en el que vives tras ello?, ¿cómo te apropias de tus espacios y tu vida?

 “Te apropiabas de las calles de una manera muy, muy diferente, socialmente había una organización que rompía con todas las dinámicas con las que cotidianamente se vivía, por así decirlo, después de dos o tres semanas había un miedo muy cabrón. Decías: ‘en cualquier momento va a venir la replica’, vivías a la expectativa y no utilizabas tan tranquila y segura como antes”. 

Algunas personas señalan que vivir en la Ciudad de México representa estar a la expectativa de estos fenómenos. Por ello es normal saber de las diferentes alternativas que las personas tienen para trasladarse, pero ¿qué sucede cuando los lugares que habitas en cualquier momento podrían ponerse en tu contra?

“Llego a algún lugar y digo:” bueno, si tiembla, cómo voy a salir de aquí, si tiembla ¿será seguro?”. Como a los seis meses me acuerdo que la vuelta a la normalidad fue una exposición de unos amigos ilustradores. Era en la colonia Roma, en el sexto piso y fue como: ay, sexto piso, empiezas a dudar y a decir: “ojalá no tiemble”.

Chucho tardó cerca de 4 o 5 meses antes de recuperarse:

“Cada vez que escucho la alerta sísmica me pongo en alerta, pero a la vez me estresa demasiado, pues lo primero que recuerdo es: algo se va a caer, ya no estoy seguro y a la vez es algo con lo que tienes que conciliarte porque siento que es la misma sensación que tuvo la que gente que lo vivió en 1985: a lo largo de tu vida si quieres seguir viviendo en esta ciudad, si en verdad entiendes lo que implica ello, tienes que conciliarte con el hecho de que en este lugar tiembla y puede legara temblar de esa forma y lo único que te puede prevenir de que vivas o mueras, más allá de que tu estructura esté buena , es que actúes de la manera más responsable.

Jesús piensa que tal vez la mejor manera para sobrellevar una situación como ésta es hablarlo o crear cosas a partir de ello mediante a escritura, documentales o cosas por el estilo de manera un tanto artística como terapéutica.

Han pasado dos años, pero parecería que en algunos sitios la vida quedó suspendida: sólo hace falta observar los edificios que nunca se cayeron ni fueron derribados, como reliquias o testigos de una vida  que nunca será la misma.