Pánico por la liberalización de la gasolina

Gasolina

En todo sector económico es complicado transitar de un monopolio a un sistema de apertura de competencia en el mercado, en ese sentido la liberalización energética en México no será la excepción. Estamos lidiando con la apertura de un sector que lleva más de 70 años monopolizado por el estado mexicano y que si bien en su momento impulsó el desarrollo del país y se volvió en un símbolo del nacionalismo revolucionario, actualmente representa una empresa que de cierta forma ha vuelto al estado y a la economía nacional dependiente de ese sector, debido a que por mucho tiempo proveyó de recursos a la nación, lo que permitió que los gobiernos por una parte, operaran de manera suavizada a niveles fiscales y, por otra parte que dilapidaran el dinero de manera irresponsable tanto en gasto público, como en corrupción por parte del gobierno y el sindicato, para decirlo de otra forma, Pemex se volvió la caja chica de los gobiernos.

Ese sector que se supone que impulsaría al país en realidad se estancó, hasta hace poco más de 20 años, la economía mexicana dependía casi en su totalidad del petróleo, afortunadamente actualmente no sucede eso ya que tenemos una economía mucho más diversificada. Las condiciones actuales de los mercados, los cuales son altamente diversificados a nivel global han producido que sea insostenible un modelo como el que opera en Pemex, el cual es altamente costoso para la federación, además de que la empresa se quedó rezagada a nivel tecnológico, lo que ha producido que se vea en desventaja frente a sus competidores.

Como decíamos, esa dependencia y esa centralización hacia la economía petrolera produjo que el país tuviera uno de los peores sistemas fiscales en el mundo, en donde la pobre recaudación era suplida por las utilidades generadas por el petróleo, fomentando aun más la corrupción y el poco desarrollo económico. Asimismo, ese modelo afecta directamente a los consumidores en el sentido de que están obligados a pagar un sobreprecio por un hidrocarburo que en realidad no tiene ese valor en el mercado, no solo por su calidad, sino también por la carga tributaria inyectada al producto por parte del gobierno.

En ese sentido, aunque la liberalización del mercado va a ser complicada para los consumidores en un primer momento, al mediano y a largo plazo va a ser benéfica para todos, tanto en términos de los precios, como del acceso a productos de mayor calidad. Evidentemente el primer paso es complicado, debido a que se abrirán los mercados con los precios máximos de Pemex, con el fin de que la paraestatal pueda entrar al mercado de forma competitiva, es decir el alza de precios se debe a la transición de un sistema monopólico a uno liberalizado, de tal forma que podemos decir que “en el pecado llevamos la penitencia”. 

Esto parece contradictorio ya que actualmente los precios del petróleo se encuentran bajos y por tanto el costo de los derivados debería de ser menor, pero a raíz de la liberalización y de la posición prominente de Pemex los precios se incrementarán de inicio a los más altos en el mercado. Este costo será asumido por Pemex  y no por el gobierno federal el cual ya no inyectará subsidios para mantener los precios fijos, ahora fluctuarán de manera distinta dependiendo del precio establecido internacionalmente. 

Para decirlo de manera más simple, la flexibilización del mercado de las gasolinas aunque de entrada traerá precios más altos, poco a poco estos se irán modificando  conforme entren distintos competidores al mercado, es decir Pemex ofrecerá un precio, Shell otro y Seven Eleven otro, ahí el consumidor decidirá lo que más le convenga en relación a la calidad y el precio del combustible. Hay que tomar en cuenta que los precios también variarán dependiendo de la región, esto debido a los costos de distribución de los combustibles, esto quiere decir, que el precio de la gasolina será más bajo en aquellas poblaciones que estén más cerca de los centros de producción, y, de manera inversa, las más alejadas tendrán un precio más alto. (Vía: El Financiero)

En ese sentido, el pánico generado en la población por el alza de precios es justificada, pero, también responde a la poca información respecto a cómo será la operatividad en el nuevo sistema liberalizado, se tiene la idea de que los precios se quedarán en las nubes, en parte como consecuencia de vivir casi todo el siglo XX bajo un sistema monopólico en donde los precios eran fijados y controlados por el estado. Contrariamente hay despistados que desde su ignorancia tienen la idea de que el precio internacional de las gasolinas es el fijado en Houston, que es aproximadamente de 6 dólares, de ahí exigen que el precio en México se fije en relación a ese.

Nada más equivocado que dicha posición, en primer lugar, el precio en los Estados Unidos fluctúa libremente en los mercados, por tanto, también varía según sea la región y la cercanía que tenga con los centros de producción, de tal forma el precio de Houston está determinado por ese tipo de condiciones y no por el capricho o la ocurrencia de alguien en particular. En segundo lugar, no queda claro qué es lo que están defendiendo, ya que estos grupos achacan los problemas a los procesos de liberalización, pero ignoran que esos precios solo son posibles con un mercado abierto a la competencia y no en un mercado en donde el estado monopoliza la producción, la distribución y el precio de venta que al parecer es lo que están defendiendo.

En síntesis, podemos decir que el pánico se debe al cambio radical de sistema, en México estamos acostumbrados a que el estado intervenga y controle ciertos sectores de la economía. Además de que el sector relacionado al petróleo está anclado a valores de corte nacionalista que son parte de la identidad nacional. La liberalización podemos observarla como una vacuna, es decir el efecto inmediato parece ser negativo, pero pasado el tiempo se gana salud y resistencia ante las enfermedades; aunque es complicado hay que entender que a largo plazo esto beneficiará a los consumidores y a la economía en general, el problema es que es fácil colapsar ante la desinformación y ante propuestas que nos hacen creer que los problemas se resuelven con una varita mágica, que no es otra cosa que el retorno a modelos del pasado que han traído problemas que seguimos arrastrando.  (Vía: El Financiero)

 

 

 

 

 

 

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