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Escultura en Guadalajara es criticada por ‘blasfema’ y por opacidad

El pasado 14 de agosto fue develada la escultura ‘Sincretismo’ del artista tapatío Ismael Vargas. La escultura está ubicada en el camellón de la avenida Federalismo en Guadalajara, Jalisco. La obra tuvo un costo de 5 millones 220 mil pesos y la pieza no le gustó a cierta parte del municipio.

Pero, ¿qué hizo enojar a la población?, ¿es otro ‘Guerrero Chimalli’ del Estado de México?, ¿fue el costo de la pieza? La razón es que, según algunos fieles católicos, la obra es una supuesta blasfemia contra de la Virgen de Guadalupe.

La pieza de 3.2 metros de ancho y 3.2 metros de profundidad muestra una fusión entre la imagen de la diosa Coatlicue y la figura de la Virgen de Guadalupe. Como recordarán, una de las representaciones de la Coatlicue lleva una falda de serpientes y un cráneo en el pecho.

El artista retomó estos detalles de las serpientes y los cráneos, los emplazó con la figura de la Virgen y ¡pum!: Creó ‘Sincretismo’ que ofendió a muchos feligreses, puso en jaque religioso a unos cuantos y fue celebrada por otros, como el padre Solalinde.

A una semana de ser inaugurada, algunos fieles organizaron una marcha el pasado 26 de agosto buscando “el desagravio a la Virgen de Guadalupe”. Las reacciones en contra no fueron menos llamativas; por ejemplo, la polemista favorita de algunos, Avelina Lésper, llamó a los manifestantes “fanáticos llenos de ignorancia fascista”.

Avelina quien hace poco, estuvo acompañada por el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, en la inauguración de la colección Milenio.

Y así fue que la protesta de los fieles a la Virgen de Guadalupe nos hizo olvidar un detalle crucial: las críticas que ha recibido el programa Arte Público en Guadalajara‘, en el que está inscrita la escultura.

Una nota de Reporte Índigomenciona algunos aspectos ominosos de este proyecto. Uno de ellos es la crítica que realizaron representantes de la cultura de Guadalajara sobre la elección de los artistas participantes, pues argumentan se hizo con discrecionalidad y no bajo una convocatoria abierta. 

“Cualquier acción cultural para la ciudad es buena, pero a las autoridades siempre les fallan los modos, creo que desde el principio todo fue muy subjetivo, muy extraña la invitación a varios artistas, porque no todos son escultores“, dijo el artista Javier Malo en una entrevista para el diario Mural.

Otro aspecto fue la adquisición de una pieza por 4.5 millones de pesos del cantante de Cuca y artista plástico, José Fors. Esta compra del ayuntamiento, lidereado por alcalde Enrique Alfaro, generó gran controversia, parte de la ciudadanía exigió se desglosara el total del costo de la pieza y además se reprochó que se gastara tanto dinero en una pieza de arte y no en otros aspectos que pudieran representar mayor urgencia para mejorar la ciudad.

“Que mejor inviertan ese dinero en seguridad, en un asilo de ancianos (…) porque eso no tiene nada que ver. Está como los mugrosos Arcos del Milenio, ¿para qué sirven?, para nada; ni embellecen la ciudad ni nada, al contrario”, expresó un ciudadano al que entrevistaron medios locales de Guadalajara. (Vía: Reporte Índigo)

Ante esta polémica el alcalde ha defendido la adquisición y ha dicho que una vez montada la pieza “la gente se va a sentir orgullosa de la ciudad”. Por su parte, la Dirección de Cultura del municipio explicó que el monto de los 4.5 mdp incluye la obra, su traslado, montaje, un manual y mantenimiento. 

Con este caso comprobamos dos cosas: que el arte es una institución que no está exenta de sospechas ni de beneficios para unos cuantos.   Por otro lado, el arte como producto de la cultura aún moviliza a las personas, aunque sea desde el encono o la supuesta ignorancia.