Fútbol para romper fronteras: la migración y el deporte

La final del Mundial de Francia ’98 vio a Zinedine Zidane levantarse por el aire en dos ocasiones y vencer la portería brasileña ante los ojos atónitos de Ronaldo, disminuido por una lesión y las convulsiones que tuvo horas antes de salir a jugar esa final.

Muchos dicen que Brasil habría ganado de estar Ronaldo en buena forma física. Sin embargo, es imposible ignorar que el 10 francés cargó un equipo en sus hombros y en su pequeña calva, similar a la de un fraile, una nación que lo negó durante muchos años.

Zizou perteneció a la primera generación de ciudadanos de origen argelino que fueron aceptados dentro de la sociedad francesa, después del reconocimiento de que Francia reconociera su independencia en 1965.

El racismo en los países europeos, con ciudadanos originarios de países que fueron colonia, no ha desaparecido, pero la imagen de Zidane junto a Thuram, Leboeuf, Lama, Djorkaeff, Karembeu, Vieira, Henry, Trezeguet y otros de ese combinado representó la fuerza de la apertura migrante en Francia y en el fútbol.

Rusia 2018 nos ha dejado ver, nuevamente, que las selecciones europeas han dado paso a aceptar su diversidad racial, misma apertura aceptada como naciones, que se refleja en el desempeño de su deporte.

Fútbol para romper fronteras: la migración y el deporte
Foto: RTXIABU

De las cuatro selecciones semifinalistas, tres presentan combinados que presentan esa diversidad racial. Solo Croacia es la que mantiene un grupo que no muestra la apertura sino la uniformidad racial superrealista blanca, que es, en gran parte, consecuencia del racismo presente en los balcanes, específicamente en Croacia, donde hay un buen número de muestras fascistas y nacionalistas. (Vía: Xataka)

Cualquier equipo de fútbol en el mundo es una gran mezcla de nacionalidades y razas. A nivel de clubes, esto es aceptado y sumamente común, y en selecciones poco a poco se logra visibilizar más, a pesar de ejemplos como el ya mencionado, o el de otras selecciones como las de Suiza, Suecia o la Rusia.

De los últimos equipos campeones de Champions League, el torneo más importante de clubes en el mundo, todos tienen en sus filas jugadores de orígenes diferentes al de su país de origen y tienen orígenes étnicos diferentes al predominante en dicho país. (Vía: Marca)

Tan solo Real Madrid, tres veces campeón de manera consecutiva, tiene en su 11 titular Raphael Varane, francés de origen matinica; y a Karim Benzema, francés de origen argelino; además de ocho extranjeros, que son costarricenses, croatas, brasileños, alemanes y portugueses. Su director técnico: Zinedine Zidane.

Del otro lado, en la última final jugada por el Real Madrid, el Liverpool tenía como figura central a Mohammed Salah, jugador musulmán egipcio. Además de Virgil Van Djik y Georginio Wijnaldum, holandeses de origen surinamés; Trent Alexander-Arnold, inglés de origen racial africano. Un equipos con jugadores senegaleses, egipcios, ingleses, alemanes, brasileños y croatas.

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Sin embargo, a pesar de todas estas muestras de diversidad racial en el fútbol, el discurso de odio y las pretensiones nacionalistas están a la alza en Europa, donde se encuentran los países con los equipos más dominantes del mundo… resultado de su apertura y diversidad.

Marine Le Pen estuvo a punto de ser presidenta de Francia, país finalista del mundial, de la que solo cinco de los 23 jugadores de la plantilla representan el ideal racial de Le Pen y los nacionalistas y superrealistas franceses.

Así mismo, el fortalecimiento de las políticas migratorias en todo el mundo se está tratando con seriedad. Los gobiernos de la Unión Europea, que históricamente han tenido grandes tasas de migración, por el origen colonialista de las naciones europeas, están limitando el asunto migratorio a la “buena voluntad”.

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El fútbol ha demostrado, con tres de las cuatro selecciones con mejor desempeño, que la apertura racial, con jugadores de origen migrante o de ascendencia migrante, beneficia directamente el desempeño deportivo de cada uno.

Por otro lado, la apertura deja claro que cada país tiene en su ADN (no en su forma genética, sino en su esencia) un origen mixto, donde las mezclas de diferentes formas de ver el mundo y entenderlo cosmogónicamente.

España es imposible de entenderse sin los países de América Latina; Francia sin sus colonias africanas; Inglaterra sin la influencia jamaiquina; y Bélgica sin el imperio colonial que estableció en el centro de África.

La migración es un fenómeno imposible de detener en el mundo actual. Además de las condiciones adversas de cientos de países, que no gozan de los privilegios de las grandes naciones, la movilidad de los seres humanos es una constante.

Sin ella, Mesoamérica jamás habría tenido la diversidad cultural que tuvo, a pesar de que todas tuvieran el mismo origen: el norte. Así mismo, sin ella tampoco hubiera existido la figura de Albert Camus, uno de los filósofos más importantes del Siglo 20.

Sin la migración, y sin la apertura a la diversidad racial, no hubiéramos podido ver a Zinedine Zidane levantar una copa del mundo, a pesar de tener una piel más oscura que el típico francés y rasgos físicos del mediterráneo.

Fútbol para romper fronteras: la migración y el deporte
Foto: Diario AS

El domingo, Kylian Mbappé buscará amular al 10 de Francia, liderando una selección francesa repleta de jugadores de orígenes africanos y mediterráneos.

Enfrentará a una selección Croata cerrada sin apertura y sin diversidad, que más que derribar la teoría del desarrollo deportivo a través de la apertura migratoria y racial, es la excepción que confirma que los ejemplos como Marruecos, Suiza, Alemania, Francia, Inglaterra son, en realidad, una regla.

Por Freddy Campos | @Freddorific

Por: Redacción PA.