Mohamed Salah: cuando los goles combaten la islamofobia

Las canchas no se hicieron para dirimir pleitos políticos y sociales, pero su carácter ritual permite dar mensajes que rozan lo subliminal. Tal es el caso de Mohamed Salah quien sin quererlo ni buscarlo se ha convertido en un atípico estandarte de inclusión ante la islamofobia en Reino Unido. 

“Si anota un par más, me haré musulmán”, cantan los hinchas del Liverpool.

La Asociación de Reporteros de Fútbol nombró al egipcio, Mohamed Salah, como el mejor jugador de la Liga Premier de Inglaterra de esta temporada, y no es para menos: el jugador del Liverpool de 25 años de edad ha anotado 43 goles en un total de 49 partidos disputados, ha sido un factor determinante para que su equipo obtuviera un boleto a la final de la Liga de Campeones en Kiev que disputarán el próximo 26 de mayo contra el Real Madrid, algo no visto desde hace más de una década.

Salah

Pero los logros de Salah en estos momentos han trascendido lo deportivo, ya que indirectamente han contribuido a aminorar el entorno de islamofobia que viven muchas de las comunidades musulmanas en Reino Unido, producto del endurecimiento de las políticas antimigración que ha implementado el gobierno británico.

Esto se ha dado no solo porque Salah se ha vuelto un fenómeno en el fútbol mundial, sino porque es alguien que abiertamente expresa su religión, ya que después de anotar un gol, Salah absorbe las ovaciones con los brazos extendidos para después apuntar su dedo al cielo y hacer una reverencia arrodillado para Alá, mientras eso sucede, narra a New York Times, Neil Atkinson, conductor del podcast The Anfield Wrap, el estadio guarda silencio como símbolo de respeto al acto del jugador.

Todo de primera mano parecería trivial, pero no lo es para la comunidad musulmana de Merseyside, ubicada en la ciudad de Liverpool, compuesta por migrantes sirios, bangadesís y yemenís, quienes en el día a día experimentan un entorno de exclusión social y marginación producto de la xenofobia y la islamofobia en Reino Unido. Para darnos una idea: los ataques contra población musulmana por cuestiones religiosas en Reino Unido aumentaron 47% en 2016, esto según el informe de la organización Tell MAMA, en el caso de la ciudad de Liverpool, los crímenes de odio contra musulmanes crecieron 75% de 2012 a 2016.

Sin embargo, el fenómeno Salah se ha vuelto un elemento de cohesión e integración social entre las comunidades musulmanas y el resto de la ciudad, ya que como bien señaló el imam de la mezquita de Al Masra, Abu Usamah Atthababi: “puede demostrarle a la gente que estamos más cerca de Salah que de los extremistas”.

Este fenómeno aparentemente trivial, en realidad atraviesa lo deportivo, lo político y lo cultural, de hecho podemos decir que expresa la distinción ligereza/pesadez formulada por el sociólogo Niklas Luhmann para definir la función del futbol como fenómeno de la modernidad.

La ligereza no es otra cosa que la contingencia y la fugacidad de las dinámicas sociales de nuestro tiempo, desde la moda hasta los mercados financieros. La pesadez por su parte son los arraigos religiosos, nacionalistas de las comunidades para contrarrestar y soportar la complejidad y la fugacidad de los fenómenos de la ligereza.

Lo interesante, en ese sentido, es que el fenómeno Salah ha logrado aligerar de cierta forma la pesadez de los sentimientos nacionalistas y religiosos a través del futbol, traslandándolos simplemente a la pesadez que implica apoyar a un equipo y a una ciudad en el código de ganar/perder en el deporte. Prueba de esto son los cánticos del Liverpool que dicen: “Si anota un par más, me haré musulmán”.

Finalmente, no hay que caer en un optimismo simplista que afirme que el futbol va a resolver todos los problemas sociales, no: la xenofobia, la islamofobia, así como los fundamentalismos religiosos van a continuar, pero, el caso Salah nos muestra que de hecho es posible aminorar los conflictos de ese tipo, es decir, reducir la severidad del arraigo y la pertenencia nacional.

Los hinchas del Liverpool no fanfarronean cuando dicen que serán musulmanes; no es que es vayan a convertirse a otra religión, es que su religión, el futbol, no permite miramientos. Por eso lo detienen fuera de la cancha para tomarse fotos; lo que ocurre dentro de ella no alivia las rencillas, pero las aminora.

Salah no tiene otro trabajo que meter goles; y es estupendo en ello, pero su labor involuntaria demuestran que Gadamer tenía un punto al alegar que durante un juego no espacio para algo ajeno; la filiaciones y las ideologías se suspenden por noventa minutos y alguien objeto de desprecio puede ser un héroe cronometrado, porque todo juego debe tomarse en serio.  (Vía: The New York Times)

Pedro L. Arana

Twitter: @pedro_l_arana

Por: Redacción PA.