El libro del Éxodo: el lazo entre la Caravana Migrante y la lucha por los Derechos Civiles

La Biblia no sólo es la justificación de los crímenes de la Iglesia Católica, o “el opio de los pueblos”, también puede ser una herramienta de cohesión, un ejercicio de resistencia y un medio para construir comunidad. Pocos libros dentro de la Biblia han servido tanto para ello como el Éxodo: desde la lucha por los Derechos Civiles hasta la Caravana Migrante, los une la misma imagen, el pueblo de Israel que lucha y camina y avanza hacia su tierra prometida.

El 28 de agosto de 1963, luego de múltiples penurias, de varios encarcelamientos, golpizas, amenazas de muerte y una marcha desde Selma, Alabama, hasta Washington, Martin Luther King, líder de la Conferencia del Sur de Líderes Cristianos (SCLC, por sus siglas en inglés), dio uno de sus discursos más famosos a los pies del Monumento a Abraham Lincoln.

La lucha por los Derechos Civiles no era homogénea, MLK no era su única “celebridad” y los conflictos entre las organizaciones y las estrategias fueron una constante. Lo que también fue una constante fue la profunda relación que tuvo el movimiento con diferentes iglesias: tanto MLK como Malcolm X, C.T. Vivian, Hosea Williams, John Lewis, todos o eran ministros o eran miembros activos de sus iglesias. (Vía: The Bible In History, 2004)

El mismo Discurso de Washington no sólo reinterpreta y actualiza el discurso de Lincoln en Gettysburg, sino que también recupera metáforas y giros retóricos bíblicos, especialmente el libro del Éxodo, vinculando así uno de los mitos fundacionales de los Estados Unidos con las tantas penurias y crímenes por los que pasó la comunidad afroamericana antes de alcanzar su libertad.

La lucha del pueblo de Israel por liberarse del yugo esclavista de Egipto y la peregrinación de 40 años por el desierto no podían ser una metáfora mejor para su propia lucha. Los milagros, las señales, la lucha completa estaba ahí, en “el buen libro” y la fe no sólo mantenía viva la esperanza, sino que articulaba (y sigue articulando) una identidad compartida, una comunidad que, como dice la Biblia, se cuida a sí misma y procura el cuidado con los que les rodean.

Históricamente, el Éxodo ha sido utilizado así, como el estandarte mitológico de una comunidad que lucha por su libertad: desde los “Padres Fundadores” de Estados Unidos hasta, también, la Caravana Migrante que está cruzando México para llegar a su Tierra Prometida: los Estados Unidos.

Hace una semana, cuando el grueso de la Caravana tomaba un respiro de la larga caminata desde Chiapas en el estadio Jesús Martínez, “Palillo”, un grupo de alrededor de 50 migrantes caminaron hasta las oficinas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en Polanco.

Después de un diálogo breve fuera de las oficinas, una comisión entró a negociar la posibilidad de que la ACNUR les proveyera autobuses para llegar a la frontera con Estados Unidos. Afuera, uno de los migrantes, vestido de traje, se levantó entre el grupo e invitó a todos a unirse en un rezo para “que Dios ayudara” a que las negociaciones salieran avante.

Como los ministros bautistas, que ven improvisando su sermón y sus plegarias conforme la situación lo amerite (pero siempre a través de la Biblia), el ministro comenzó a vincular la marcha de la Caravana con la de los israelitas en el desierto del Sinaí, a hablar de una “Tierra Prometida” en absoluta oposición a Egipto: a sus países de los que están huyendo.

La comparación de la Caravana con el Pueblo de Israel no podía estar mejor lograda: México es su desierto; en México, el apoyo de cientos de familias que les han dado comida, ropa y apoyo emocional ha sido el maná que caía cada mañana mandado por Dios, pero también en México se han enfrentado a las penurias de su violencia: el odio y la muerte.

Luego del rezo colectivo, de que todos se unieron y alzaron los brazos mientas hacían sus propias plegarias, personal de la ACNUR les repartió agua, misma que compartieron con los policías que acompañaron su camino y con los medios.

Es fácil despreciar la fe ajena; es fácil posicionarse burlarse de las penurias de otros y creer que se está “en el lado correcto” de la historia. La historia, en cambio, sabe cómo corre, sabe los caminos que siguen los pueblos cuando buscan su libertad.

Raúl Cruz V. (@rcteseida)

Por: Redacción PA.