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Educación sexual y Big Mouth ¿qué aprenden los jóvenes sobre sexualidad?

En una sociedad tan conservadora, algunos escuchan "promiscuidad" cuando se les dice "educación sexual"
Educación sexual y Big Mouth ¿qué aprenden los jóvenes sobre sexualidad en México. (Imagen: Netflix)

¿Recuerdas tus clases de educación sexual en la escuela? Yo tampoco, ¿y en tu familia te hablaban sobre educación sexual? Seamos honestos, en una sociedad tan conservadora, algunos escuchan “promiscuidad” cuando se les dice “educación sexual”. Algunos padres relegan esta tarea a diversas instituciones como la escuela, la religión o simplemente es un asunto de: tú no preguntas, yo no hablo.

Por tanto, no resulta extraño que problemas de salud pública como las enfermedades de transmisión sexual, embarazos y agresiones sexuales sean tratados como problemas morales y que, por lo tanto, no sean discutidos de la forma adecuada. Entonces ¿qué aprenden los jóvenes sobre sexualidad?

Bueno, la mayoría lo hace por internet, a pesar de que ahí hay información falaz o peligrosa, pero también existen series que se atreven a retratar la sexualidad de manera más abierta que las políticas públicas y la educación básica en México.

México, la moral y la educación sexual

México ocupa el primer lugar en embarazo adolescente entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE): por cada mil adolescentes de 15 a 19 años de edad se presentan 77 nacimientos.

De acuerdo a la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes, las y los jóvenes ejercen su vida sexual desde los 12 y los 19 años. Por lo menos el 33% de las mujeres no utilizaron métodos anticonceptivos en sus primeros encuentros sexuales; en el caso de los hombres, se trata del 15% .

Ante este panorama, el gobierno de México se vio forzado a implementar un programa para frenarlo: la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (ENAPEA).

Este tiene como propósito reducir el número de nacimientos en niñas de 10 a 14 años mediante diversas estrategias de educación sexual. Sin embargo, los enfoques parecen ser insuficientes o poco integradores.

 ¿Cómo ha sido tratada la educación sexual en México?

Según la Agenda Sectorial para la Educación Integral en Sexualidad con énfasis en la Prevención del Embarazo en adolescentes 2018, se puntualiza que han existido cinco enfoques de educación sexual en los últimos veinte años en México.

El enfoque moral se basa en distintas normas sociales de las conductas que son aceptables según una escala de valores. Lo recordarás por frases como: “una señorita decente no hace estas cosas”. Después tenemos la instrucción biológica en la que sólo se enseña a los adolescentes cómo funciona su cuerpo para la reproducción y sólo lo reducen a ello, sin la posibilidad de hablar de placer o siquiera como algo erótico o emocional.

La educación patologista refiere a la enseñanza sexual a partir de sus consecuencias clínicas. Esto no puede ser mejor descrito que la escena de Mean girls en la que el entrenador le dice a sus alumnos que si se quitan la ropa y se tocan, tendrán clamidia y morirán. Sí, muchas generaciones crecieron creyendo que si se masturbaban, tendrían pelos en las manos porque, claro parece más sencillo asustar sin sentido a los jóvenes para “alejarlos de las prácticas sexuales”.

Para millones de adolescentes, su educación sexual no ha logrado deshacerse de una carga moral que no evita el contagio de enfermedades de transmisión sexual, embarazos adolescentes o las conductas agresivas en el ámbito sexual.

Es decir, se necesita abarcar la sexualidad como algo más que sólo reproducción. Ésta se extiende hacia diferentes ámbitos biológicos, sociales y culturales que intervienen en los procesos de formación sexual, física, psicológica y emocional de las personas

La sexualidad no sólo tiene que ver con el ejercicio sexual, sino con el auto cuidado, las prácticas saludables y el desarrollo sano, tanto físico como mental. Al respecto, Big Mouth habla abiertamente sobre la sexualidad.

En Big Mouth, una serie de televisión estadounidense escrita por Nick Kroll, se habla de la transición de un grupo de niños hacia la adolescencia y la juventud de una manera integral, menos moralizada y mediante los ojos de adolescentes que aprenden de sí mismos y de los demás, y por tanto, se equivocan, sufren y aciertan como cualquier adolescente.

A lo largo de 3 temporadas se cuenta el crecimiento emocional, físico y sexual de más de ocho personajes. Cada uno se enfrenta a diferentes contextos sociales, raciales, biológicos y emocionales que enriquecen la perspectiva del espectador.

Dentro de la ficción, cada uno de los escenarios que enfrentan los ayudan o los imposibilitan para relacionarse de manera adecuada, primero consigo mismos y luego con los demás. De cierta manera la serie nos reconcilia con esas frases cliché como: “crecer duele” o “parece que los adolescentes son monstruos”.

Esa incontrolable carga de hormonas y emociones son encarnadas mediante la figura de los monstruos hormonales, aquellos seres encargados de acompañar a los protagonistas hacia la madurez sexual y, en algunos casos, la emocional y psicológica.

Uno de los personajes más emblemáticos es Jessi, una chica que se niega a aceptar la violencia machista de sus compañeros, profesores y amigos, aunque esa valiente convicción no la excluye de cometer errores.

Así como por momentos lidera protestas y se muestra como aliada de sus amigas y el empoderamiento femenino, en otras es aquella que señala a sus amigas, habla mal de sus compañeras e inclusive es poco comprensiva con los cambios emocionales y sexuales que atraviesa su madre.

En su proceso nos habla de enfermedades mentales como la depresión, que en momentos parece ahogarla, luego se va y en ocasiones regresa, es decir, como un proceso en vaivén que debería ser acompañado profesionalmente, pero en general, no lo es.

Andrew, otro de los coprotagonistas, es un chico que al inicio de la serie parecía un joven tierno y comprensivo pero que se ha convertido en la representación de la masculinidad tóxica.

Aunque lo intente Andrew no entiende, no quiere y, en cierta medida, no sabe cómo relacionarse afectiva y sexualmente con las chicas de manera sana. Inclusive hay ocasiones en las que defiende sus actos abusivos diciendo: “los hombres son animales”.

Este jovencito que incluso coquetea con el supremacismo blanco y la homofobia también vive una relación complicada con su padre quien a pesar de su presencia física parece ausente emocionalmente. Esto nos hace preguntarnos hasta qué punto la crianza define el comportamiento de una persona.

Finalmente, Big Mouth le da espacio y visibilidad al colectivo LGBT+ con personajes como Matthew, un chico gay, y Jay un joven bisexual, ambos muestran cómo los adolescentes descubren tanto su identidad como su orientación sexual en un entorno que aunque parece amigable, esconde ignorancia y desinformación.

A pesar de verse como un chico seguro Matthew vive su orientación de manera un poco libre en la escuela, pero disimulada en casa. Jay, por su parte, es un chico cuyo entorno familiar está lleno de abuso y ausencia, tal vez por ello, el reconocimiento de su bisexualidad es llevado en soledad y cuando se siente listo para vivir su orientación abiertamente, es rechazado por sus compañeros.

¿Qué pasaría si la educación sexual fuera más abierta y didáctica? Si en vez de llenar a los jóvenes con prejuicios se les diera la seguridad para preguntar lo que realmente necesitan saber.