AMLO y la Biblia: cuando la política se entrelaza con la prédica

Más allá de los señalamientos por presuntamente violar el Estado laico, las citas de AMLO a la Biblia presentan qué piensa el presidente de sí
¿Por qué AMLO cita tanto a la Biblia en sus discursos?

“No sólo de pan vive el hombre”, “No se puede poner vino nuevo en odres viejos”, López Obrador quizá ha sido uno de los presidentes que más (si no es que el que más) cita o parafrasea la Biblia en sus discursos y mañaneras. ¿Esto es un atentado contra el Estado laico o, más bien, una forma de presentarnos cómo entiende  y qué quiere de quienes gobierna?

Tras nueve meses de administración y una gira nacional que nunca ha parado, llega el primer Informe de Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Una constante en sus discursos, además de frases que se han convertido en lemas de su gobierno, han sido las citas y paráfrasis de la Biblia, algo que ha sido señalado en múltiples ocasiones por críticos, tanto de izquierda como de derecha, como un hábito preocupante en quien detenta un poder cada vez más centralizado.

Si bien se han presentado acciones y acercamientos que en verdad han puesto en duda la laicidad del Estado mexicano bajo su mandato (como la búsqueda de concesiones de radio y televisión para iglesias evangélicas), la frecuencia y politización de sus frases bíblicas, más que demostrar una “agenda evangélica” detrás del presidente, lo dibujan, al menos discursivamente, como un político que construye su idea de Nación a partir de lo que ha aprehendido de la Biblia.

Frases inocuas, interpretaciones de mala fe

Dejemos algo claro: López Obrador no es el primer presidente que nos ha hecho cuestionar la supervivencia del Estado laico: desde Vicente Fox y su beso al anillo del Papa Juan Pablo II o la supuesta pertenencia al “Yunque” de Felipe Calderón, los gritos al cielo juarista han existido desde que vive el siglo XXI.

En múltiples ocasiones se han señalado frases que, si bien todos hemos utilizado, “no están bien” cuando las dice un presidente, como cuando AMLO parafraseó Mateo 4:4 (“No sólo de pan vive el hombre”), o cuando, hablando de los cambios necesarios para “arrancar” la 4T, se refiriera a Marcos 2:22 (“No se puede poner vino nuevo en odres viejos”). (Vía: La Jornada)

Frases como éstas (que no ha dicho una sola vez, sino que aparecen frecuentemente en sus discursos y mañaneras), más que presentar a un presidente evangelizador, revelan la formación retórica del individuo: al mismo tiempo el discurso político y el sermón religioso en el que lo mismo se intercalan el priísmo que lo formó como su (nunca confirmada) fe evangélica.

En este sentido, no habría mucha diferencia entre los refranes y coloquialismos guanajuatenses de Vicente Fox y las frases lexicalizadas (normalizadas en el habla coloquial) de la Biblia de López Obrador.

Isaías 32:17. Un proyecto de Nación en un versículo

En no pocas ocasiones, durante las Guerras de Reforma, los mismos republicanos citaban la Biblia para describir su idea de Nación: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Lucas, 20:20-26).

La Biblia, en cierto sentido (y aunque nos cueste admitirlo a ateos y agnósticos) es una base cultural compartida que lo mismo nos provee de frases comunes, como las que ya mencioné, como bases para un diálogo compartido.

Cuando, al menos en dos ocasiones explícitas, López Obrador ha citado o parafraseado Isaías 32:17, no lo hace como los otros ejemplos, sino que presenta una idea completa de gobierno: “Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre”.

En ese fragmento del Libro de Isaías, en el Antiguo Testamento, el profeta está describiendo las acciones de un Rey que vendrá, iluminado por Yavé, a salvar al pueblo elegido, no por la justicia terrena, sino por el Orden divino de las obras de los “hombres sin conciencia” y los “sinvergüenzas”. (Isaías, 32:1-8)

La lucha contra la corrupción de López Obrador no depende de instituciones fuertes y leyes claras que sean ejercidas sin miramientos ni sesgos, sino del ejemplo. Como escribe Ronaldo González Valdés, es López Obrador (o así se ve a sí mismo) como el máximo ejemplo de alguien iluminado no por la gracia de Dios, sino por el contacto constante con el pueblo. (Vía: Nexos)

Esta visión jerárquica y, por tanto, vertical del Estado y sus instituciones parecería contraponerse con la idea de democracia directa que propugna Morena y AMLO, pero, en esta misma lectura bíblico-política es, más bien algo circular: aprender del pueblo y gobernar a partir de “su mandato”.

Para el Ejecutivo Federal no hay mayor lucha que la que se hace contra la Corrupción, tanto en el sentido político como religioso del término, es el Mal (así con mayúsculas) a vencer y ninguna otra batalla, ningún otro tema, puede estar por encima o a la par de esa Guerra Santa.

No resulta extraño, entonces, que la 4T se valga de todas las herramientas a su disposición: las Iglesias evangélicas, los “Servidores de la Nación”, radio y televisión públicas, para distribuir un mensaje unívoco: lo primero y lo más importante es seguir el Ejemplo.

Al escribir sobre el teatro francés del siglo XVII, Erich Auerbach explica que los moralistas franceses entienden el Estado (que apenas se estaba formando como tal) como uno anclado a las virtudes o defectos del Príncipe: sin opción para matices ni espacio para dudas, es el capricho o la virtud del Rey de lo que depende el Estado.

Más que revelar una oculta agenda evangélica que busca dominar y cancelar el Estado Laico mexicano, a veces las frases bíblicas del presidente dejan entrever un Proyecto de Nación que, aún nacido de las más buenas intenciones, puede ser no sólo insuficiente sino contrario a los tiempos que corren… y la sociedad y el país que gobierna.