Febrero es el mes de la historia negra en EE.UU., ¿y para cuando tendremos uno en México?

El mes de febrero, en Estados Unidos y Canadá, es el Mes de la historia Negra (Black History Month), en él, se visibilizan los aportes culturales, científicos y políticos que la comunidad afroamericana y afrocanadiense han aportado a sus países.

Black History Month en Estados Unidos

El Black History Month trae cada año una discusión innecesaria (tal como lo hace el Día Internacional de la Mujer): el troll que pregunta por qué no hay un “mes de la historia blanca” o un “día del hombre”. Como ni siquiera nos interesan esos comentarios (porque resulta evidente que prácticamente toda la historia es blanca y cada día es de los hombres), seguiremos de largo.

Carter G. Woodson fue quien iniciara en 1926 un movimiento que culminaría con un mes dedicado a la historia afroamericana. Una semana de febrero en la que coinciden los cumpleaños de Abraham Lincoln y de Frederick Douglass, en ella se debatía y publicaban investigaciones y estudios sobre el aporte social, político, económico y cultural de la comunidad negra en los Estados Unidos. Hasta 1976, el presidente Jimmy Carter lo convirtió en una “festividad” nacional. (Vía: Time)

Para Woodson, si una raza no tiene historia, no tiene una tradición que valga, se convierte en algo trivial en el pensamiento del mundo y está en riesgo constante de ser exterminado” (Vía: Independent)

¿Y las comunidades afromexicanas?

Un mes al año es prácticamente nada… sin embargo, es mucho más que el olvido y segregación sistemática que sufren las comunidades afromexicanas.

Apenas en el 2015, en la encuesta intercensal del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), se reconoció la identidad afromexicana. Sí, apenas hace tres años se reconoció todo un grupo poblacional con el que la historia y la sociedad mexicana completa tiene una deuda pendiente. (Vía: Animal Político)

En México, por un largo y (muy) complejo proceso de “mestizaje”, la identidad de los descendientes de esclavos africanos fue invisibilizada. El racismo, entonces, se enfocó en la forma como (también) sistemáticamente se segregó y aisló a las comunidades indígenas en las ciudades y en la construcción de la Nación.

México quedó conformado, así, por criollos, mestizos e indígenas, dejando fuera a las grandes comunidades asiáticas (en Baja California y el norte del país), europeas no-hispanas (en Yucatán, Veracruz y Michoacán) y los mexicanos afrodescendientes, hijos de esclavos africanos, traídos al país una vez que Fray Bartolomé de las Casas y las reformas borbónicas prohibieron el trabajo forzado indígena.

Ser extranjero en tu propio país

Hoy, las comunidades afrodescendientes (en Oaxaca, Guerrero, Tabasco y Veracruz, Morelos y Sinaloa, principalmente) son extranjeros dentro de su propio país. No son considerados mexicanos por el grueso de la población y tienen que comprobar a cada momento que lo son, a través de documentos oficiales que no se le piden ni a criollos ni a mestizos ni a indígenas.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y diversas ONGs han denunciado decenas de casos en los que agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) han “deportado” a ciudadanos mexicanos a Haiti, Colombia, Cuba o Belice porque pues ‘no hay negros en México’. (Vía: Proceso)

La población afrodescendiente no supera el 2% de la población nacional. Sin embargo, entre sus miembros han existido quienes han forjado la nación: desde José María Morelos y Vicente Guerrero hasta Emiliano Zapata y el compositor Álvaro Carrillo. (Vía: Afro México)

Los municipios de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca y Yanga en Veracruz están todos dentro de los municipios más pobres de acuerdo al INEGI y, aún hoy, sigue sin existir una estrategia de políticas públicas que reparen los daños históricos causados por la “construcción de la Nación” a estas comunidades.

Si seguimos, como país y como sociedad, sin aceptar que el racismo es algo mucho más complejo en México que hablar de “inditos” y “negritos”, seguiremos sin reconocer el olvido institucional, sistémico y social en el que hemos dejado a millones. (Vía: SIPSE)

Este es el mes de la historia negra. ¿Y si vamos reconociendo la nuestra?