Es hora de abolir los concursos de belleza

¿Como para qué necesitamos ser juzgadas físicamente tanto por hombres como mujeres?
(Imagen: Getty Images)

El domingo 8 de diciembre se celebrará  Miss Universo 2019 en Estados Unidos. Sí, los concursos de belleza no han muerto, sólo han renovado su discurso de fetichización tanto de la mujer como de lo femenino. ¿En qué beneficia a las mujeres ser juzgadas entre ellas? ¿a quién se le ocurrió que era buena idea poner a competir a mujeres por su físico?

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Miss Universo tiene su origen en Miss America, certamen que se realizó por vez primera en 1921, en la ciudad de Atlantic City, nueva Jersey. Ese año Margaret Gorman fue la ganadora, pero ¿cuáles eran las bases?

Se trataba de una competencia física entre jovencitas, se valoraban los siguientes aspectos:

  • Rostro
  • Cabello
  • Porte
  • Elegancia
  • Cuerpo (Vía: Joya.Life)

Para determinar cada uno de los aspectos las concursantes desfilaban en traje de baño. con el apso de los años el certamen requirió de las participantes distintos “talentos”. Así continuó hasta 1950 cuando la concursante  Yolande Betbeze se negó a desfilar en el traje de baño que la marca de bikinis “Catalina” le había asignado.

Yolande fue eliminada del concurso y, por su parte, decidió darle vida a Miss Estados Unidos y Miss Universo. En 1952 se celebró la primera emisión de Miss universo en Long Beach, California, tiempo después, exactamente en 1955, fue televisado por la cadena CBS.

¿Por qué son violentos los certámenes de belleza?

A lo largo de los años ha cambiado su “propósito” o visión, sin embargo, se ha sostenido que se trata de “celebrar” al ideal de la mujer perfecta. Por ejemplo hasta 1070 sólo podían concursas mujeres blancas, en consecuencia, cuando llegó la primer concursante negra, el certamen se autoevaluó como incluyente.

Ahora, en el 2019 el concurso intenta fundamentarse mediante la inclusión, la belleza interior y la idea del empoderamiento femenino. Si consultamos la página oficial del certamen, se precisa:

“La organización Miss Universo empodera a las mujeres para realizar sus metas tanto profesionales como filantrópicas mediante experiencias que las ayudan a construir seguridad. Celebramos la belleza en todas las formas y proveemos de herramientas que le permiten a las mujeres sentirse más bellas”.

Pero ¿someternos a una competencia entre mujeres cómo nos empodera?, ¿En verdad es necesario buscar la validación y admiración a través de la mirada masculina cuando ésta nos ha oprimido durante siglos? Han sido hombres quienes participan como jurados y organizadores de estos eventos porque, claro ¿qué mejor que una visión masculina para hablar de lo que es ser mujer?

Las mujeres somos entes políticos, culturales y sociales que luchan por derechos humanos, laborales, médicos e inclusive por espacios seguros.

Seamos honestas, estos certámenes son pura violencia simbólica en contra de la mujer. Se trata de chicas con ciertas características físicas y “habilidades sociales” que compiten entre ellas para “ser coronadas como la más gentil, inteligente o bonita”.

Competir entre nosotras por “títulos” que  refuerzan estereotipos y modelos de deber ser sólo alimenta un círculo de violencia e invisibilización hacia la mujer.  Se comercializa con nuestro cuerpo, imagen, forma de pensar y actuar, se nos reduce  a un producto.

Y esto es algo que se ha pensado desde los años 60. Durante la celebración del concurso Miss America un grupo de feminismo radical se manifestó en contra del modelo de feminidad que este concurso propagaba.

“En la manifestación contra la presentación de la mujer como objeto sexual estereotipado, las feministas tiraron cosméticos, zapatos de tacón alto y sujetadores en lo que llamaban un “basurero de la libertad”. Querían romper con el tradicional modelo de feminidad y reivindicar la diversidad de las mujeres y de sus cuerpos”. (Vía: Feminismo para principiantes de Nuria Varela)

Y no, esa no fue la única protesta que se realizó durante la emisión de estos certámenes de belleza. En 1970 bajo la consigna “No somos guapas ni feas, estamos furiosas”, integrantes del Movimiento del Movimiento de Liberación de las Mujeres (WLM) aventaron tanto petardos como bombas fétidas en el lugar.

Por tanto, no puede empoderarnos ser tratadas como objetos, reducidas a características físicas, laborales, sociales o de raza. Esos no son espacios femeninos, no aportan algo bueno a las mujeres, ni siquiera las visibiliza porque se “escoge” a chicas que son agradables de ver para cierto sector, que no trasgreden y , por tanto, siguen la norma.

Recientemente se ha abierto el espectro con la participación de mujeres trans, plus size. Dicha acción se ha disfrazado de apoyo y visibilidad hacia la mujer, sin embargo, se trata de una nueva forma de consumo. Me pregunto: ¿Qué cambio positivo han traído estos certámentes para las mujeres? ¿ Acaso se han eliminado al desigualdad salarial, la brecha de género, violencia de género o el feminicidio?

En el 2018 cuando la Miss España Ángela Ponce ganó el cértamen ¿se redujeron los transfeminicidios? Si bien, la modelo se identifica como activista, pues ha trabajado con Fundación Daniela, que ayuda a adolescentes transexuales, su participación en el certamen pondría  en duda si realmente queremos ser mujeres libres o sólo queremos ser aceptadas por un sistema patriarcal que juzga cuan dignas somos.

Ahora se dice que todos los cuerpos, identidades de género son bellos y aceptables, pero no se habla de sus derechos,de su situación social de la violencia o invisibilización que sufren ¿Por qué? , ¿será que sólo se trata de abrir un panorama de consumo?

La feminidad ha servido más como un eje represor que como un medio de expresión de la identidad. Hay miles de formas de expresar quienes somos sin necesidad de la  aprobación o validación de alguien más.