Los Trump: abuelo padrote, nieto candidato

El abuelo de Donald Trump llegó a EUA con la intención de hacerse una vida mejor, y lo logró: creando burdeles, bares ilegales y evadiendo impuestos. La fortuna familiar no está tan alejada de la política del candidato republicano para la presidencia.

Un inmigrante pobre llega a Nueva York y, ahí, trabaja en lo único que ha aprendido a hacer en su ciudad de origen: ser peluquero; este hombre es ambicioso y persigue el dinero sobre cualquier otra cosa y, siguiéndolo, funda restaurantes de lujo que, ilegalmente, venden alcohol y operan como burdeles que, incluso, son denunciados en periódicos locales por vecinos anónimos.

Dentro del discurso que ha seguido la campaña completa del candidato republicano por la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, este hombre debería de ser (depende del día en el que se le pregunte) deportado o encarcelado, pues roba empleos y  el dinero de los estadounidenses. El único problema es que este inmigrante es su abuelo, y el dinero es la base de su fortuna.

Friedrich Drumpf, un aprendiz de peluquero de 16 años, llegó a Nueva York en 1885 buscando una mejor calidad de vida (vía: Bloomberg), y, como sigue siendo para la mayoría de los migrantes que buscan el sueño americano, trabajó por seis años por un salario mísero, mientras vivía en un departamento pequeñísimo.

Algo había diferente en este hombre, pues apenas empezó a surgir la fiebre del oro por todo el Oeste estadounidense y el sur de Canadá, fue siguiendo a los mineros, improvisando salones y bares que, no tan discretamente, operaban también como burdeles, hasta que, finalmente, en el pueblo canadiense de Bennet, British Columbia, fundó un restaurante de dos pisos, The Artic Restaurant and Hotel, que ofrecía, además de comida lujosa, alcohol y “cuartos privados para damas” (un código común de la época para “prostitutas”), que podían ser pagados por los mineros con pepitas o polvo de oro, marcos o dólares canadienses. (vía: Metro.uk)

Fue tan exitoso el restaurante, que Fred Trump -porque ya había aparecido entonces el apellido infame- pudo regresar a su pueblo natal en Alemania, Kallstadt, con su fortuna comprometerse y casarse, sin embargo, cuando hizo el intento de mudarse de vuelta, el gobierno alemán rechazó su solicitud, ya que el abuelo de Donald había evadido impuestos y el servicio militar por años, además de que, al migrar, las leyes de la época lo hacían renunciar a su ciudadanía alemana. (vía: Mirror.uk)

Fred murió en 1918 en medio de la pandemia de gripe española que azotó al mundo entero; al hacerlo, le dejó una herencia sustanciosa a su viuda y a su hijo, Fred Jr. (padre del candidato republicano), con la que compraron varios negocios antes de desarrollar complejos habitacionales para gente de bajos ingresos en Queens, NY, éstos son la base de la fortuna de quien, hoy, está conteniendo por la presidencia estadounidense.

Por años, Donald Trump ha negado varias cosas de su abuelo: tanto su origen alemán como el modo por el que se hizo de su fortuna, pues, en consonancia, con la construcción de su propio personaje, ha preferido decirse de ascendencia sueca, con un abuelo restaurantero. (Vía: Metro.uk)

Durante estas últimas semanas, Donald se ha visto envuelto en varios escándalos, que van desde su evasión fiscal de los últimos viente años, hasta -al momento- doce mujeres que lo han acusado de acoso o agresiones sexuales, acusaciones que o ha ignorado o a negado, pues “nadie respeta más a las mujeres” como él.

Bien dicen que la historia de nuestra familia es también una forma de conocer nuestro presentePara la familia Drumpf, o Trump, más que historia, todo esto suena más a un dèja vú.