¿Por qué se esfuerzan tanto los precandidatos en parecer… normales?

Primero fue Juana Cuevas, esposa de Pepe Toño Meade, ‘siendo captada’ haciendo las compras para la cena navideña; luego AMLO salió en video mientras le cortaban el pelo; Zavala celebró sus bodas de plata por Twitter; Ricardo Anaya se jactó, como si fuera un logro, de haber llevado a su hijo a la escuela: ¿por qué se esfuerzan tanto los precandidatos en parecer normales?

Por supuesto, los precandidatos se esfuerzan tanto en parecer el común denominador mexicano por una sencilla razón: ni la gente los percibe así, ni ellos fuera de cámara se comportan así. El problema es que, en su afán por hacerse pasar por un ciudadano promedio, se olvidan de lo más importante en este momento de las elecciones: sus propuestas.

No hay que ser un genio para percatarse de la profunda desconexión de la clase política con los ciudadanos; desconexión que no se soluciona llevando a tus hijos al colegio. Incluso aquellos que afirman defender a capa y espada nuestros intereses y nuestro bienestar, incurren en torpezas delirantes.

“Es más fácil que nosotros les quitemos su lugar a los políticos a que ellos se pongan en el nuestro”.

Todos los precandidatos, sin excepción, han buscado fingir sin éxito ‘que son como nosotros’. No solo ninguno lo ha conseguido, ninguno parece haberlo intentado fuera de cámara. La autenticidad es un valor poco apreciado entre la clase política: ¿para qué comprometerse con una convicción o comportarse de una forma específica, cuando se puede fingir sin riesgos?

Los desplantes de los pre candidatos provocan pena ajena, pero su verdadero impacto es de otra índole. Como sus estrategias de comunicación se preocupan casi exclusivamente en llegar a los posibles votantes apelando a la emoción (‘yo también tengo familia’, ‘yo también voy al súper’, ‘yo también me casé’, ‘yo también me corto el pelo’), poco o nada se han preocupado en comunicar lo importante: sus propuestas, sus programas, sus planes para el país.

Es cierto que Meade, AMLO, Anaya y Zavala se esfuerzan demasiado (y mal) en comunicar que son como nosotros en los aspectos más mundanos de sus vidas, pero es igualmente cierto que ellos no fueron los primeros (ni serán los últimos) políticos mexicanos en parecer que vivían en una galaxia aparte.

“La campaña emocional ha opacado los debates y las propuestas (si es que las hay)”.

La desconexión de la clase política mexicana con sus gobernados no es nueva. Un ejemplo clásico de esa irónica hipocresía ocurrió en los setenta cuando Echeverría habitaba Los Pinos con sus ocho hijos, mientras la CONAPO promovía por todos los medios el lema ‘la familia pequeña vive mejor’.

Más recientemente un ejemplo delirante ocurrió en 2011, cuando el entonces secretario de Hacienda Ernesto Cordero se atrevió a afirmar que una familia entera podía vivir cómodamente con 6 mil pesos. ¿En qué país vivía el panista?

Y no hay ningún indicio de que los políticos vayan a cambiar en ese aspecto. A estas alturas, es más fácil que nosotros nos pongamos en el lugar de lo políticos por medio de las boletas, antes de que ellos finjan con éxito que se ponen en el nuestro. 

Por: Redacción PA.