Cuando el trabajo doméstico roza la esclavitud moderna

El trabajo doméstico es una de las labores más menospreciadas. Las trabajadoras del hogar no suelen contar con prestaciones ni suelen recibir aguinaldo, aunque la ley las proteja en ese sentido. Su papel, aunque crucial, suele ser invisibilizado o menospreciado.

Aunque las leyes cada vez sean más razonables hacia el trabajo doméstico y busquen garantizar el respeto a los derechos de la trabajadora doméstica, los abusos por parte de los empleadores suelen estar a la orden del día y las injusticias suelen ser moneda corriente en esta profesión.

 “Tenía horario de entrada pero no de salida”.

Según Fusión, en México hay casi 2 millones y medio de trabajadoras del hogar. Las cifras que ofrecen sobre el trabajo doméstico, acaso uno de los empleos peor remunerados del país, mueven al espanto: el 99% de las trabajadoras no cuentan con un contrato laboral.

Solo el 3% tiene acceso a seguridad social; eso quiere decir que la atención médica para ellas y sus familiares debe costearse con su salario, que suele ser magro: el 75% de ellas gana dos salarios mínimos o menos; pero, ojo, si el salario mínimo se duplicara mágicamente mañana, ellas no podrían percibir un cambio al no contar con contrato.

Como ellas mismas relatan en el video, sufren una clase específica de explotación laboral difícil de combatir: una explotación invisible, pues es muy difícil para muchos reconocer que no dan un trato digno a sus empleadas.  “Tenía horario de entrada pero no de salida”, dice Diana Raquel Enríquez.

#MiHogarEsJusto, la campaña para pagar aguinaldo a trabajadoras domésticas

“Hay veces que quieren esclavizarnos”, declara Maria Isidra Llanos. Ese podría ser un lapidario resumen de la situación que deben enfrentar miles de mujeres de México cuyos derechos laborales no son respetados y cuya labor no es apreciada en su justa dimensión. En más de un caso, la explotación que sufren podría rozar o caer directamente en cualquier definición moderna de esclavitud.

Es muy fácil escudarse alegando que son “como de la familia”, cuando en realidad son empleadas cuyos derechos deben ser respetados; no es por caridad ni es un favor: es la ley. 

Por: Redacción PA.