Hambre y muerte: los dos actores que detonaron la caravana migrante a EE.UU.

Lo conocían como Tino, solo Tino. Así lo recuerda Octavio, aunque también recuerda su verdadero nombre y la pandilla a la que pertenecía. Era su vecino y era de la gente del Caballo Loco, sicario y líder pandillero en La Ceiba, Honduras.

“Órale, prepáreme esto”, le decía Tino a la madre de Octavio. Llegaba sin aviso, le arrojaba alimentos y le ordenaba que los preparara. Siempre iba empistolado, dijo Octavio. Ni él ni nadie en su familia se atrevía a decirle algo, pero no estaba tan mal. Y así siguió hasta que en 2016, un día llegó Tino con nuevas órdenes, acompañado de un rifle AR-15.

—Te vengo a pedir un favor —, dijo desde el umbral del baño.

—¿Cuál? —, Octavio imaginaba que quizá querría cigarrillos o alcohol de la tienda.

—Más tarde, más tarde te digo.

Cayó la noche y finalmente regresó Tino.

Mira, hace rato picamos a un cabrón. Ahora está en siete pedazos y te lo tienes que llevar por allá —, dijo, todavía armado.

—Pero yo no puedo, me da miedo. Yo no puedo, en serio.

—Si no lo haces, te mato y a toda tu familia.

Hambre y muerte: los dos actores que detonaron un éxodo hacia el norte
Migrantes descansan el domingo 21 de octubre para su viaje desde Tapachula hasta Huixtla, en Chiapas. Imagen: Plumas Atómicas

Octavio cumplió sus órdenes y a partir de ese día se convirtió en un hombre sin hogar. Se mudó de ciudad y tras dos años sin poder conseguir trabajo finalmente regresó a su hogar en La Ceiba. El Caballo Loco fue abatido en abril del 2018, de todos modos las cosas no mejoraron en su país.

Llegó octubre y Octavio, su esposa, Nadia, y su hermana Ariel –quien dejó atrás a seis hijos– decidieron engrosar las filas de los más de tres mil migrantes que a poco más de una semana estarían ante policías federales en el puente Rodolfo Robles, en la frontera de México y Guatemala.

Hambre y muerte: los dos actores que detonaron un éxodo hacia el norte
El puente Rodolfo Robles cruza el río Suchiate, la división entre México y Guatemala. Imagen: Plumas Atómicas

En una tierra de nadie

La situación de violencia actual en Honduras, Guatemala y El Salvador –región conocida como el Triángulo Norte de Centroamérica– se acentuó después de los conflictos guerrilleros en los noventa. Sin embargo, la inestabilidad política y social en la zona se origina desde hace décadas, debido a intervenciones de potencias extranjeras, como Estados Unidos y las dictaduras impuestas durante la Guerra Fría.

De acuerdo con el Reporte de Guerra presentado este año por la Academia de Ginebra para el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos, hasta una tercera parte de los homicidios registrados se relacionan con las pandillas. El mismo informe detalla que estos grupos operan de una manera similar al crimen organizado y cuentan con la protección del gobierno, los militares y las policías gracias a la corrupción.

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Hondureños animados en su camino hacia Huixtla, Chiapas. Imagen: Plumas Atómicas

El Consejo Asesor de Seguridad en el Extranjero de Estados Unidos señala que en Honduras, en 2015, el índice de homicidios era de 60 muertes por cada 100 mil habitantes. En el mismo año, la cifra en El Salvador alcanzó los 103 asesinatos por cada 100 mil habitantes, según el Reporte de Guerra. El índice de este país lo ha colocado en segundo lugar a nivel mundial, justo debajo de Siria, y es más elevado que el de otras naciones que sí enfrentan un conflicto armado.

Esta violencia, sumada a la inestabilidad política de Honduras por unas elecciones supuestamente fraudulentas, son parte de los factores que han motivado a los más de siete mil migrantes a aventurarse en octubre de este año a través de la frontera sur para un viaje de más de tres mil kilómetros a pie.

Un estudio del 2017 de Médicos Sin Fronteras justamente detalla que el 50% de los migrantes provenientes del Triángulo Norte de Centroamérica huyen de la violencia. A todo esto se suma la inestabilidad económica.

Como Octavio, Melvin, de El Salvador, relató que sufre la violencia no sólo por la inseguridad, sino porque es parte de la comunidad LGBT. Sin mucho sobre su espalda, el joven dejó su tierra después de que a varias amigas, como Fiorela Escalón, las asesinaran por ser transexuales o parte de la comunidad.

De las tierras sin oportunidades

Rigo no estaba aquella noche en su casa. Hombres armados entraron y abrieron fuego. Nadie de su familia murió, pero sabía que iban por él, pues era de una unidad policiaca especializada en combatir los secuestros en Honduras.

Han pasado los años, decidió retirarse y llevar una vida como ebanista. Aunque no lidiaba más con la violencia de su país, no logró evadir el otro gran problema que pesa sobre la población hondureña: la miseria. Así es como terminó en Tapachula, Chiapas, el pasado 23 de octubre.

“Nosotros somos una familia pobre, pobre, pobre, humilde y pobre. (…) La misión de nosotros es llegar a Estados Unidos. Ahí trabajar para mantener a nuestra familia”, declaró Rigo.

Rigo, junto con el grupo de amistades que ha hecho en sus dos semanas de viaje, avanza, de la frontera hasta Tapachula, de Tapachula a Huixtla y de ahí continúan el camino al norte, a la otra frontera de México. Entre todos comparten el agua, la comida, los cigarrillos y el teléfono celular para poder ponerse en contacto con su familia y decirles: “estoy bien, sigo vivo”.

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Migrantes descansando después de su viaje a Huixtla. Imagen: Plumas Atómicas

De acuerdo con el Banco Mundial, en las zonas rurales de Honduras, uno de cada cinco habitantes percibe menos de dos dólares al día, por lo que son considerados en situación de pobreza extrema. Además de enfrentar los niveles más altos de desigualdad económica de Latinoamérica, su sector agrícola perdió cerca de un tercio de sus ingresos en las dos últimas décadas, debido a una disminución de precios en los productos de exportación, entre otras cosas.

El mismo organismo internacional considera la economía de El Salvador sufre bajos niveles de crecimiento, lo que se ha traducido en pobreza tanto en ciudades como en áreas rurales. Aunque la desigualdad ha bajado, el crimen y la violencia presentan una amenaza al desarrollo social y el crecimiento económico. En Guatemala, el Banco Mundial considera que ha mejorado la condición, pero que el asunto de la inseguridad sigue siendo uno de los grandes retos.

¿Una movilización autónoma?

Todavía no se sabe a ciencia cierta quién estaría detrás de la movilización de miles de centroamericanos a través del territorio mexicano con la intención de llegar hasta Estados Unidos. Existen teorías de que son los demócratas, para golpear a Trump, existen otras de que fue el mismo presidente estadounidense… Nada se ha confirmado y la duda sigue vigente.

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Migrantes reposan en Tapachula. Imagen: Plumas Atómicas

Sin embargo, todos aquellos a los que conocimos aseguran que se unieron al éxodo por las mismas razones: el hambre y la muerte. Todos iniciaron el peregrinaje con el objetivo de encontrar una mejor vida, un trabajo digno, tanto para ellos como para las familias que dejaron en casa.

“Ya no va a dejar de ser algo de cada año”, dijo Heber James, abogado mexicano del Servicio Jesuita para Refugiados, una organización no gubernamental que brinda apoyo legal y psicológico a los migrantes que cruzan la frontera sur.

Los activistas de Pueblos sin Fronteras, quienes impulsaron a la caravana migrante en los primeros días que entraron a México, consideran este desplazamiento masivo como un éxodo de Centroamérica.

En medio de una conferencia donde se hizo constancia de las condiciones en las que se encuentran Guatemala, Honduras y El Salvador, el representante de Pueblos sin Fronteras, Irineo Mujica, explicó que esto es resultado de décadas de descuido en el Triángulo Norte de Centroamérica y México.

“México es el corredor de la muerte, pasando por la sangre centroamericana. Por esas razones tienen a toda esta gente junta. No hay nadie que tenga la capacidad de organizar a tanta gente”, declaró Mujica.

Hasta el momento se estima que miles más seguirán avanzando a través de la frontera de México con Guatemala, igual con el mismo destino. Con los zapatos desgastados, bajo la inclemencia del sol y la lluvia, esta gente atravesará el territorio nacional tratando de mantenerse unida, evitando rutas de riesgo como el paso de La Bestia, sólo con el apoyo que logren encontrar de los locales solidarios, como las autoridades y habitantes que en Huixtla ofrecieron servicios sanitarios, comida, ropa y hasta música.

Una buena parte de estos mismos locales que han ofrecido su auxilio a los centroamericanos han tenido contacto directo con ellos y sienten empatía por su situación. Un caso fue el de Huixtla y su presidente municipal, Regulo Palomeque, quien instaló baños y dio una bienvenida oficial a los migrantes. Pero no todos se sienten de la misma manera.

“Quién sabe qué te podrían hacer ahí”, comentó una residente de Tapachula, quien considera que seguramente hay criminales entre ellos. Este sentimiento se repitió con otros locales que, aunque la mayoría no tuvo mucho contacto directo, temen por lo que puedan hacer los centroamericanos en la vía pública. A esta sensación se suma la xenofobia y una preocupación por la seguridad nacional que ha brincado en las redes sociales mexicanas ante el paso de la caravana.

El tiempo y la distancia recorrida le dará la razón o los obligará a regresar. De todos modos, en la frontera norte es donde se sortearán su verdadero destino. Ahí tendrán que usar su astucia para cruzar o esperar que, como dicen los migrantes, Trump se toque el corazón y les abra las puertas.

Por Esteban González de León (@PebitoYuka)

Por: Redacción PA.