Enrique Metinides, el fotógrafo que perdió el sueño porque ‘vio demasiado’

"Lloraba al irme a dormir, pensando en lo que había visto", así fue el costo por ser de los mejores fotógrafos mexicanos.
Murió a los 88 años (Foto: Cuartoscuro)

La nota roja no sería la misma sin las aportaciones de Enrique Metinides (1934-2022), un fotógrafo mexicano a quien siempre se referían como ‘el hombre que vio demasiado‘ a través de su cámara y documentó diversos eventos con un encuadre excelso digno de una obra de arte en la que el tema era “la tragedia”.

Con Metinides caeremos un poco en el ‘cliché’ de alguien que conoce su pasión desde pequeño y es que está justificado porque su historia dice que desde los 9 años, mientras algunos jugaban con juguetes, él despertó su pasión por la fotografía debido a que su padre le regaló una cámara e incluso, a los 12 publicó su primera imagen que le valdría el apodo de ‘El Niño’.

Con una cámara Kodak Brownie Junior, Metinides se entrenaba en las calles de la Ciudad de México buscando edificios, parques, el tránsito; y lo que le llamaba más la atención, los accidentes en la capital, al punto que el propio Ministerio Público le otorgó un permiso para acompañar a los agentes a atender escenas del crimen y otras tragedias.

Desde joven comenzó a retratar accidentes en la CDMX (Foto: Enrique Metinides)

“Me llevaba la cámara al cine y retrataba la pantalla: Accidentes, explosiones. Luego me iba a la calle a fotografiar accidentes (…) tuve una gran colección de accidentes. Eran ocurrencias de niño, en lugar de andar jugando pelota, me iba a fotografiar todo“, declaró Metinides por allá del 2015.

Enrique Metinides siguió practicando hasta que logró obtener su primer empleo en La Prensa como ayudante del reportero Antonio Velázquez ‘El Indio’. Es así que logró abrirse camino por los medios de comunicación por su impecable trabajo y porque en cada toma mostraba algo más allá que sólo el incidente.

Además de La Prensa, Enrique también consiguió empleo en el Hospital Juárez con quienes realizaba recorridos en la ambulancia, y también con el Heroico Cuerpo de Bomberos donde obtuvo el permiso para retratar los desastres que ocurrían en la CDMX. Esto, bajo su influencia del cine de gánsters y el ‘film noir’, caracterizado por la estilización visual y un contenido expresivo.

Siempre recordó a cada una de las víctimas (Foto: Enrique Metinides)

Sus aportaciones en la fotografía son a la fecha de análisis en los colegios tanto de periodismo y comunicación, como de fotografía, principalmente por su estilo de composición casi perfecto, y en el que la imagen habla más que sólo mostrar sangre porque para él, lo mejor era evitar “lo macabro, lo truculento”, siempre con “respeto por las víctimas“.

Diversas de sus obras transmiten el dolor, sufrimiento, angustia, la soledad, o hasta podrían parecer escenas de una película, cuando en realidad tratan de levantar el cadáver de una persona. La obra más reconocida es “Adela Legarreta Rivas Atropellada por un Datsun” (1979) que capturó en Avenida Chapultepec en la colonia Roma y que muestra en nivel que tenía al ponernos a la víctima en el centro, con un entorno que revela lo que ocurrió, sin mostrar demás y tampoco menos; es decir, perfecto.

Sus últimos trabajos se publicaron entre 1995 y 1997, dejando así, tras 50 años de trayectoria, un legado que trascendió México y lo llevaron a tener exposiciones no solo nacionales, sino internacionales como en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Institute of Contemporary Art en Berlín, o hasta presentar en Polonia, Inglaterra, España, Holanda, Francia, y otros países.

“Adela Legarreta Rivas Atropellada por un Datsun” es la foto más reconocida de Metinides (Foto: Enrique Metinides)

Aunque llegase a considerarse un arte lo que hacía el mexicano, para él no era sencillo tomar las imágenes, pues incluso con todos esos reconocimientos nacionales e internacionales, ser una persona de renombre, no dejaba de ser alguien con sentimientos que lloraba por cada víctima y a quienes recordó hasta el día de su partida.

Lloraba al irme a dormir, pensando en lo que había visto durante el día. Aún ahora sigo soñando, son pesadillas terribles, me despiertan y no puedo volver a la cama”, dijo en una entrevista a El País.

Este 10 de mayo se reportó su muerte; sin embargo, en sus imágenes queda su esencia, una pizca de Enrique Metinides y de cómo la pasión por la fotografía lo llevó a contar historias y retratar a un México real, que a día de hoy vive casi de la misma manera que en los tiempos de ‘el hombre que vio demasiado‘.

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