El sueño del Constituyente

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Durante más de un año se ha hablado de la Asamblea Constituyente, del inicio del proceso, del fracaso de la elección, de quién la redactó, de los miembros que conformarán la Asamblea, del presupuesto que nadie tiene…

Lo cierto es que ni Miguel Ángel Mancera, ni quienes redactaron esta supuesta “Constitución”, tienen la más mínima idea de lo que están haciendo, mucho menos de lo que harán si esta llegara a aprobarse tal y como está.

Y la verdad es que solo a ellos les interesa: la abstención en la elección de la Asamblea Constituyente fue de 73% y, de los que sí votaron, solo 28.4% estuvo a favor de que se constituyera.

Tan solo para empezar, podemos decir que la Constitución Política de la Ciudad de México es una enumeración de buenos deseos, buenas intenciones e ideas de cómo piensan estos individuos que deberían ser las cosas en una realidad paralela en la que el dinero sobra y para todos alcanza. Es una catálogo de derechos y más derechos, pero nada de responsabilidades.

Ricardo Homs, redactor de El Universal, asegura que se trata más bien de un programa de gobierno -de esos que tampoco sirven de nada-, que está muy lejos de ser un marco jurídico que norme la vida de los que vivimos en la ciudad y sostiene que una constitución -una de verdad-, debe contener derechos y obligaciones en equilibrio, si queremos todos vivir en paz:

“Que la Constitución de la CDMX establezca derechos enunciados utópicamente, parece más bien un ejercicio literario y retórico que un instrumento jurídico para garantizar el orden social.” (Vía: El Universal)

Esto es lo que nos toca por poner a redactar a un montón de inexpertos en materia jurídica la Constitución que debería reglamentar nuestro proceder en la ciudad, y esto impide por completo su viabilidad.

Y es que además de estar plagada de “derechos” irrealizables, el gobierno no tiene, ni de chiste, la capacidad para financiar la satisfacción de estos.

Uno de los “derechos” que más han alarmado a los distintos opinólogos de los periódicos es el de la “vivienda digna”. El artículo 14, inciso B, establece que:

“Se garantizará el derecho a una renta básica dando prioridad a las personas en situación de pobreza, y aquellas que no pueden satisfacer sus necesidades materiales por medios propios, así como los grupos de atención prioritaria. Para el acceso a la renta básica, se estará a lo establecido en las disposiciones comunes de este artículo.”.

¿Qué? Esto atenta contra el derecho a la propiedad privada y pondrá en aprietos a los propietarios que deseen rentar ya que su patrimonio se verá amenazado y estará sujeto a los deseos de terceros.

Al respecto, Zuckermann comenta: “Yo mismo he contado sólo ocho apariciones de la palabra propiedad, tres de ellas asociada con “social” o “tradicional”, y en ningún caso con “privada”, desatendiendo uno de los derechos humanos fundamentales, a decir de la Declaración Universal (Artículo 17)” (Vía: Excélsior): “Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.” (Vía: Archive of the International Council of Human Rights Policy-así de ambigüo-, por eso los constituyentes pudieron darse el lujo de escribir un artículo tan descabellado.

Está convencido de que pensar los derechos como simples aspiraciones no ayudan en nada a crear una cultura de la legalidad y menos aún si hay una completa falta de jerarquía en estos, olvidando que muchos son prioritarios. Si prácticamente tenemos derecho a todo y obligación de nada, los ciudadanos acabaremos enfrentándonos con el Poder Judicial y estaremos exigiendo sin hacer nada por recibir.

Y abunda argumentando que “… es mejor un constitucionalismo mínimo con derechos reales, accionables, obligatorios de cumplirse”, esto porque “La Constitución debe ser un documento que contenga normas jurídicas de aplicación inmediata” y la que redactaron estos personajes tiene mucho de político pero muy poco de jurídico.

Homs pinta el panorama de la siguiente manera:

“Intente imaginar lo que ocurrirá al día siguiente de publicada esta Constitución. Cualquier decisión que quiera tomar sobre su propiedad puede ser impugnada: por sus inquilinos, por sus vecinos, por los ambulantes de la cuadra, por los pueblos originarios, si es necesario. Todo ello implicará una pérdida de valor de la propiedad, es decir, de su patrimonio. Por otro lado, el gobierno tendrá la obligación de garantizar desde el empleo hasta la vivienda, desde la alimentación orgánica hasta la plenitud sexual, y si así no lo hiciese, hay instrumentos para obligarlo a cumplir, o exigir indemnización. ¿De dónde piensan que saldrán los recursos para ello?”

Volviendo al tema de cómo pretenden financiar tantísimo derechos, el presidente de la Mesa Directiva de la Asamblea Constituyente, Alejandro Encinas, declaró el pasado 11 de octubre que está seguro de que los constituyentes podrán contar “con los recursos que se requieran, cumpliendo con principios de austeridad muy estrictos, para lo que sea lo menos oneroso posible el desempeño de nuestras funciones”, ¿sí? (Vía: Excélsior)

“El socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero… de los demás”, Margaret Thatcher.

Y es que aunque el Senado haya ofrecido apoyos “en especie” y la Secretaría de Finanzas haya donado 50 millones de pesos a la noble causa, no hay dinero que alcance para garantizar los delirios de Mancera.

Es urgente que expertos en materia jurídica revisen el proyecto, que tiren todo lo que resulta prácticamente imposible de realizar, que nos entreguen una Constitución que contenga responsabilidades que se correspondan con los derechos que de verdad necesitamos y que le de seriedad a esta comedia.

También hacen falta expertos en materia económica que le digan a Mancera y a los “constituyentes” que nadie quiere invertir en un lugar en el que no se garantiza la propiedad privada. La Constitución de la Ciudad de México carece de un proyecto económico viable que mantenga los recursos fluyendo.

Por otra parte, Sergio Negrete Cárdenas, acusa a los constituyentes de no tener memoria, de no haber comprendido que el socialismo ya fracasó y pronostica caos para la CDMX:

“La actual propuesta constitucional mantiene, por ello, esas nociones que han demostrado su rotundo fracaso: que el convertir necesidades en derechos podrá, de manera mágica, garantizar su cumplimiento por parte de un Estado omnipotente y munificente. Las dos palabras combinadas, “derecho a” aparecen nada menos que 173 veces. Y es que el texto ofrece de todo, desde el derecho a una sexualidad plena hasta una “renta básica”, esto es, un ingreso garantizado para todo ser que vive en la capital (priorizando a los pobres, aclara) aunque no trabaje. No hay preocupación alguna de dónde saldrán los recursos para financiar esa larguísima lista de derechos; los políticos, ya se sabe, son Reyes Magos.”. (Vía: El Financiero)

¿En qué estaban pensando al pretender redactar un documento de tantísima importancia? Quien sabe, pero ahora ya sabemos que sólo se necesitan 100 para no hacer nada.

Claro que este artículo se limita a revisar algunos de los aspectos más apremiantes del Constituyente mexicano, queda mucho por analizar y mucho que proponer.