Censura a los deportistas en Río 2016

Todavía no han sido inauguradas la Olimpiadas de Río de Janeiro y ya hay una larga lista de contratiempos y malestares que preceden la justa mundial. Hace días fue la polémica de los deportistas rusos que alteraban sus pruebas de antidoping, luego la amenaza del zika, y todo esto aunado al clima de efervescencia política que se vive en Brasil por la salida del poder de Dilma Rouseff. Por si eso fuera poco, ahora los atletas se enfrentan a la censura.

La regla 40 de la Carta Olímpica es un lineamiento que en los Juegos de Londres 2012 irritó a varios atletas porque se estaba cuarteando su libertad de expresión, especialmente en redes sociales. De acuerdo con dicho lineamiento, ninguno de los deportistas puede hacer “labor periodística” durante el certamen. 

Estas regulaciones son establecidas por el Comité Olímpico Internacional (COI) para proteger los intereses económicos de los 12 patrocinadores de las Olimpiadas, entre los que se encuentran Coca-Cola, McDonalds y Visa.

Apenas la semana pasada el Comité Olímpico de Bielorrusia denunció que la Villa Olímpica no estaba en condiciones adecuadas para albergar a sus atletas. La reacción del COI fue hacerle saber a los atletas que no está permitido subir a redes sociales imágenes de las instalaciones olímpicas que no estén acreditadas para su difusión.

Incluso se ha prohibido el uso de determinadas palabras en el evento. Y no, no son insultos. Si uno de los atletas tuitea palabras como “Río”, “2016”, “medalla”, “oro”, “plata”, “bronce”, “verano”, entre otras, será castigado. Esta prohibición también va para las marcas que patrocinan a los deportistas. Algunas ya explicaron, por medio de campañas ingeniosas, que no podrán felicitar a sus atletas:

“Queridos atletas. Si pudiéramos desearles suerte por su nombre, lo haríamos. Pero es arriesgado incluso decir el nuestro”, es una de las frases que puede leerse en publicidad móvil en Estados Unidos”, (Vía Reporte Indigo).

La sanción si se incumple esa norma es poco clara, pues el COI deja en manos de cada Comité nacional su aplicación, aunque en algunos países, como en Estados Unidos, ya se ha amenazado incluso con la descalificación.