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Aislados y vigilados: los padres de los 43 en la Basílica de Guadalupe

La Basílica de la Virgen de Guadalupe es uno de los focos de procesión más importantes del mundo junto con el Vaticano, la Meca o Santiago de Compostela. Por lo mismo, la relación que mantiene con las manifestaciones religiosas populares es profunda y arraigada, y, también por eso mismo, la utilización política del recinto por las clases gobernantes es igual de fuerte y significativa.

El día de ayer se cumplieron dos años y tres meses de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Como ha ocurrido cada 26 desde entonces, el colectivo de padres y otras organizaciones civiles que los apoyan, realizaron un evento para rememorar el hecho, para exigir justicia y recordar la responsabilidad del gobierno en un crimen de Estado que, aún hoy, sigue sin esclarecerse.

Este 26, la intención de los familiares era celebrar una misa en el altar mayor de la Basílica, para lo que fueron recibidos en el atrio por el obispo de Saltillo, Raúl Vera, y el arzobispo electo de Morelia, Carlos Garfias Merlos, figuras de la jerarquía católica que, desde un principio, han demostrado su apoyo a su lucha. El conflicto se desató desde la llegada de los padres, y no pararía ahí. (Vía: Aristegui Noticias)

La oficialía de la Basílica no ha hecho ninguna declaración oficial, pero fue evidente que o fue una falta de organización de su parte, o desdén hacia los padres, pero la entrada de los padres ocurrió al mismo tiempo que, en el altar mayor, se celebraba una misa: mientras los fieles callaban a los padres, ellos respondían con los cantos que ya se han hecho tristemente célebres. Personal de seguridad los escoltó hacia la capilla 6, en el primer piso de la Basílica, donde Vera y Garfias Merlos celebraron la eucaristía sin apoyo logístico de parte del recinto (no hubieron ni micrófonos, ni se permitió el acceso a la prensa), y fueron vigilados en todo momento por la Policía Federal, hecho que Vidulfo Rosales, el abogado del movimiento, denunció, pues “ni cuando hemos dialogado con el Secretario de Gobernación” habían sido tan vigilados. (Vía: La Jornada)

 

La jerarquía católica, como conjunto representada por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), se ha mostrado a veces renuente y a veces en franca oposición a las demandas de los padres de los desaparecidos, no sólo los de Ayotzinapa, sino también los de las decenas de miles que ha cobrado la “guerra contra el narco”. La contradicción entre sus sermones y lo que practican como grupo político es tan marcada como que, apenas el domingo en la misa de navidad en la Catedral Metropolitana, Norberto Rivera habló de la “esperanza a todo un pueblo” que es en sí mismo “el niño en el pesebre”:

“Parece más congruente que los emperadores y los poderosos, aquellos que tienen el poder, que tienen ejércitos, puedan dar la paz y la salvación a sus pueblos. Pero con el nacimiento del Niño que contemplamos esta noche, Dios ha trastornado estas falsas certezas de los hombres, señaló el cardenal.” (Vía: La Jornada)