El niño guaraní que bebe agua del suelo

¿Cuánta tiene que ser tu sed para que te hinques al suelo para lamer el agua de un charco? No solo debes tener sed, también debes tener desesperación. El calor sofocante y húmedo de verano puede modificar voluntades. Sin embargo, pocas historias relacionadas con el calor podrían acercarse a la de la fotografía donde se aprecia a un niño guaraní intentando lamer agua del suelo.

La fotografía del periódico Misiones Online ya dio la vuelta a los periódicos del mundo y a las redes sociales. No es una foto especialmente elaborada y, más bien, la casualidad influyó mucho en ella. Su autor, un fotoperiodista argentino, la tomó desde su automóvil para denunciar la lamentable situación que viven los niños guaraní en esa zona de Argentina.

“Los niños mbyà son explitados por gente de su propia comunidad, obligados a mendigar”.

En la ciudad argentina de Posadas, en la provincia de Misiones, cientos de niños guaraní son explotados por sus padres e integrantes de la comunidad y obligados a pedir limosna por las calles en condiciones infrahumanas.

Aunque es de conocimiento de todos en Posadas lo que sufren los niños mbyà (una rama del pueblo guaraní), la imagen que envió este fotoperiodista a su periódico cimbró no solo a la provincia de Misiones sino al mundo.

“Gracias a la pérdida de sus tierra, los guaraní son obligados a irse a las ciudades”.

El calor en esa zona de Argentina puede ser más que sofocante en verano; no es difícil imaginar la frustración del niño que optó por intentar beber o lamer agua directamente del piso.

Según el periódico que publicó la fotografía, Misiones Online, la comunidad mbyà opta por mendigar en la ciudad de Posadas debido a la falta de oportunidades en sus propios pueblos. Gracias a la paulatina pérdida de sus tierra y la contaminación de sus zonas, esta comunidad se ha visto obligada a acudir a las ciudades, donde se ven obligados a mendigar ante la falta de trabajo. El círculo de explotación se cierra cuando sus mismos hijos terminan recorriendo las calles, con hambre y sed, en condiciones infrahuamanas.

Con información de El País

Publicidad