Murió ‘La Muerte’, de los principales responsables de la desaparición de miles de argentinos

Luciano Menéndez, conocido como ‘La Muerte’ y ‘La Hiena’, murió a los 90 años en el calor y la comodidad de los cuidados médicos a cargo del Estado argentino. Este ex general argentino cumplía 12 cadenas perpetuas y otras dos sentencias de 29 años, pero con la complacencia de hacerlo desde el arresto domiciliario, a pesar de su largo historial y currículum. (Vía: Aristegui Noticias)

Sobre sus hombros descansaban las muertes, torturas, desapariciones, violaciones y raptos de más de 3 mil argentinos. Cosa curiosa, porque Menéndez jamás participó en una batalla y solamente era su figura autoritaria, con ojos profundos y nariz rígida, lo que lo convertía en el líder de los cuerpos militares que hicieron todos los atropellos por mandato suyo.

Aunque eran completamente sabidas, por autoridades militares y gubernamentales, sus formas de proceder, crímenes y su carácter, violento y hostil, fue indultado por Menem en 1989, mucho antes de que hubiera una deliberación por parte del juzgado… esa fue la constante en la vida de ‘La Muerte’: un rostro cínico y apoyo desde el gobierno.

En 2005, el indulto que lo dejó en libertad e inocencia durante 16 años fue revertido y se le volvió a juzgar. Esta vez, fue necesario que se revisaran todos los casos, hablando de registros militares y testimonios de las familias de las víctimas y los sobrevivientes: el saldo esta vez fue diferente y terminó siendo condenado a 12 cadenas perpetuas, que ni siendo un gato habría podido completarlas, además de otras dos sentencias de 29 años. (Vía: El País)

Foto: El País

Sin embargo, su influencia y el peso de su nombre logró hacer que no estuviera largo rato en prisión y terminó su vida en el arresto domiciliario, donde básicamente había estado desde el fin de los gobiernos militares de Argentina. Finalmente, el presidente Macri también aprobó la medida domiciliaria, sin justificar por qué se protegía la imagen de este exiliar.

En total, hubo 800 denuncias de lesa humanidad sobre su nombre y todas fueron procedentes, pero Menéndez jamás mostró sentirse arrepentido o contrariado por todo lo que hizo. Durante sus juicios, sentenció que jamás hizo ningún tipo de “represión ilegal” y criminalizó a todos los que fueron afectados por él, diciendo que eran delincuentes que presentaban como víctimas.

Tal vez, el episodio que más dibuja cómo fue en vida, es la foto que lo muestra empuñando una daga, corriendo directo hacia una multitud detenido por otros dos sujetos. Menéndez estaba a punto de atacar a un grupo de manifestantes que le gritaban “asesino” afuera del lugar donde iba a ser juzgado durante los ochentas. Militar de oficina, asesino burócrata y represor de fotografía, representó el terror vivo de toda una época que aún no se borra ni se resuelve en Argentina.

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