Los bombardeos de Austin y el silencio de Trump

Austin, la capital texana, sufrió una crisis de seguridad. Desde los primeros días de marzo hasta hoy, se registraron cinco bombazos, detonaciones provocadas por artefactos de manufactura casera que fueron entregados en casas de comunidades negras. Estos terminaron la vida de dos personas e hirieron a varios más, ante el silencio del presidente y los días de tensión en todo Texas. (Vía: El Universal)

Finalmente, el principal sospechoso de haber hecho estas detonaciones murió tras ser emboscado por un grupo SWAT que lo persiguió hasta que un explosivo estalló al interior del automóvil que conducía. Solo hasta ese momento, después de tres semanas, fue que Donald Trump hizo una declaración sobre el tema y, francamente, fue igual de triste que casi todos sus tuitazos. (Vía: Reforma)

EL SOSPECHOSO DE LOS BOMBARDEOS DE AUSTIN ESTÁ MUERTO. Gran trabajo de la aplicación de la justicia y todos los implicados”.

Al parecer, para el presidente estadounidense la aplicación de justicia y los procesos de ésta están relacionados y se aplicando de manera correcta cuando alguien muere. Por supuesto, esto no termina el caso (ni debería en ninguna forma), pues el problema sigue latente.

Así mismo, la confirmación de la identidad del sospechoso, así como su implicación en los ataques se confirmará después de los estudios forenses. Por este lado, la necesidad de encontrar a los responsables es la primera tarea de una situación que mantuvo en estado de alerta a toda una ciudad.

Ahora, los ataques parecen estar motivados por una confrontación racial. Éstos terminaron con la vida e hirieron a personas afroamericanas, consumando los problemas raciales y discriminatorios que existen dentro de Estados Unidos desde casi su formación como nación.

Más allá de juzgar el hecho en sí, es necesario entender que la lucha por el respeto de los derechos de las minorías que a diario conviven en ese país sigue lejos de construirse como una realidad y no como decretos o discursos gubernamentales.

La entrada de Donald Trump al poder, de la mano de grupos e ideas supremacistas, reavivó la problemática y echó por la borda muchos esfuerzos que se habían realizado en administraciones anteriores. Sus declaraciones, así como su pasado racista (y presente también) conforman una parte de este problema, que se enmarca en su silencio.

Por supuesto, no se trata solo del racismo, sino del acceso de los ciudadanos norteamericanos a la fabricación y compra de armas. La aplicación de la justicia a través de la fuerza y el uso de armamento, sigue siendo un tema a debatir, entre las balaceras en centros educativos y la circulación de armas como si fueran dulces, globos o cualquier producto que se encuentra en un supermercado.

El silencio en el que se mantuvo como la figura con más autoridad en el país del norte, y el más poderoso políticamente en el mundo, deja de manifiesto el poco o nulo interés por defender a los individuos cualquiera que sea su identidad y origen. Visibiliza una problemática añeja, que no se ha podido resolver y que no se resolverá con tweets o buenas intenciones.

Primero, se trata de seguir empujando por regular la forma en que se venden materiales para la fabricación de armas y explosivos, así como la industria que significa el comercio armamentístico. También, el poco compromiso con la ciudadanía que está en situación de vulnerabilidad.

El silencio de Trump, que solo se terminó al hablar de una muerte, no solo puso en riesgo a la comunidad negra de Texas, sino también a todos y cada uno de los que habitan la región, haciéndolos partícipes de una guerra inútil, estéril y sin fundamentos claros, que se mueve por la intención supremacista de un grupo bastante definido de la sociedad norteamericana.

Fueron cinco bombazos, más el que terminó con la vida del presunto atacante, lo que hicieron falta para que el presidente, la persona que lleva las riendas del país y su representante ante las demás naciones, pensara en que es pertinente desde el gobierno central emitir una postura o declaración.

Los bombardeos de Austin y el silencio de Trump
Foto: NBC

Si tratamos de llevarlo a un plano más concreto: ¿quiénes y por qué importan para Donald Trump y su gobierno para que este trate de protegerlos? La crisis ha pasado, aparentemente, pero el verdadero problema sigue ahí, en las calles y en las tiendas de armas.

Por: Redacción PA.