Tren lleno de excremento humano está atrapado en un pueblo de Alabama

El poblado de Parrish, Alabama, está en medio de una crisis sanitaria por 252 vagones de tren lleno de excremento humano que fueron abandonados en sus vías de tren. Estas vienen de Nueva York y han estado ahí paradas por meses.

Este pequeño pueblo, de menos de 1 mil habitantes, actualmente están enfrentando la dificultad de tener que vivir con un perpetuo olor a caca en su ciudad. Este tren contiene toneladas de desechos que tenían otro destino, pero fueron dejadas ahí a la deriva.

Foto: Slate

Originalmente, iban a ser depositadas en otro parque ferroviario, donde se han llevado durante meses el excremento excedente de Nueva York. Ante varias quejas contra la empresa que almacena toda esa popó, las llevaron a Parrish, donde no existe una legislación, por lo que no tienen ni cómo quejarse de ello.

La alcaldeza de Parrish, Heather Hall, ya habló con el gobernador de Alabama para que se retiren todos estos vagones antes de que llegue le verano y el calor haga de este poblado una gran nube de olores neoyorquinos.

Sin embargo, por la falta de regulación y legislación de desechos en esta zona, no existe una propuesta para retirarlos y ni siquiera saben si es posible que eso ocurra.

El problema está en que en este momento la gente de Parrish está dejando de hacer sus actividades comunes, simplemente porque el aroma es insoportable e incluso están considerando cancelar sus eventos al aire libre por la misma razón.

Nueva York es una de las urbes más densamente pobladas del mundo, por esa misma razón, su producción de desechos excede su posibilidad de retirarlos mediante su sistema de drenaje.

La ley es muy clara, y de tirarse al mar tendrían sanciones graves como ciudad y su solución fue bastante simple: mandémoslo a donde nadie pueda quitarlos. Ahora, todo esto está afectando gravemente a una población pequeña que no la debía ni la temía.

Aunque esta tampoco es una estrategia nueva, generalmente las grandes ciudades mandan sus desecho (basura, excremento y demás) a las ciudades poco pobladas del sur, donde no hay regulaciones específicas para el desecho de basura o excremento, porque su densidad poblacional no representa un problema sanitario latente.

Por ahora, lo único que pueden hacer es quejarse, porque mientras no haya una ley que prohiba a Nueva York mandar sus trenes de caca a otros Estados, esos están ahí, parados llenándose de moscas y soltando al aire el aroma que mejor describe a la humanidad: la mierda.

Con información de SLATE