Un cable pelado de la CFE quemó el 70% del cuerpo de Michel

Era el 23 de junio de este año, alrededor de las 20:30 horas. Michel Guasque estaba en el balcón del departamento de uno de sus amigos en Gabriel Mancera, entre Rodríguez Aro y Universidad, celebrando la conclusión de la preparatoria y el cumpleaños del anfitrión. Apenas estaba fumando su primer cigarrillo.

“Un brindis por Demián”, dijeron. Cuando Michel, de 19 años, levantó la mano por el saludo con todos los demás se formó un arco voltaico con un cable de luz de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y una corriente de 13 mil volteos recorrió su cuerpo cinco veces en un segundo. El cuerpo del joven se incendió y lo disparó al interior del departamento.

Quemaduras de tercer grado: cuello, espalda, mano izquierda –por donde entró la corriente–, ingle y axila derecha.

Pasaron ya seis meses desde aquella noche. Michel, egresado de la preparatoria del Tomás Alva Edison, se recupera de sus heridas. El 70% de su cuerpo se quemó. Ahora se sienta en su recámara, con el brazo derecho apoyado sobre una almohada. No puede juntarlo a su torso porque la cicatrización en su axila se endureció.

Se quemó el 70% de su cuerpo.

Quemaduras de tercer grado: cuello, espalda, mano izquierda –por donde entró la corriente–, ingle y axila derecha. Las de segundo grado: pecho, brazos y parte de las piernas. Lo único que no se quemó es el rostro y abajo de las rodillas, aunque en el lado derecho de su cara, en la mejilla, queda la marca roja del siniestro.

“¿Tenía que electrocutarme, era algo que debía de pasar si el cable hubiera estado en condiciones?”, cuestiona Michel, quien recibió a Plumas Atómicas en su hogar para relatar los hechos. Se encuentra en bata y con compresas para evitar que las cicatrices en su cuerpo se expandan.

El cable, asegura Michel, estaba pelado al final. Un perito le explicó más tarde, cuando despertó del coma de 15 días, que la humedad en el aire provocó que la corriente del cable tratara de hacer tierra a través de su cuerpo. Las llaves de su pantalón se pulverizaron y la corriente salió de su cuerpo hacia un tornillo en el piso que también terminó carbonizado.

Las llaves atrajeron la corriente y en ese punto le dejaron una de las heridas más graves en su cuerpo.

Ese tornillo le salvó la vida. Ese, la masa muscular y grasa de su cuerpo son la causa por la cual está vivo, asegura. Antes del accidente pesaba 71 kilogramos. Después, 57 kilos. Hoy pesa 61, no sin haber pasado por anemia ante la pérdida de peso y más de 30 días en terapia intensiva.

“Debería haber una responsabilidad”, dice Raúl Guasque, el padre de Michel. “Hasta ahorita no reconocen. Nos hemos sentado en la PGR en mesas de conciliación con la misma gente de la CFE y hasta que no les demostremos que ellos son culpables, no hacen nada.” Ésto, pese a las pruebas que Raúl ha recabado sobre el caso.

“Claramente no les importa”, recrimina Michel. “Quiero justicia y no sólo para mí, (…) hay casos mucho peores.”

Edificio donde ocurrió el accidente.

El joven, tras el IMSS, fue al Centro Nacional de Investigación y Atención de Quemados en el Instituto Nacional de Rehabilitación. Ahí, ha conocido compañeros de dolor. Uno de ellos perdió las piernas tras un accidente similar al de Michel.

Otro caso que relata Michel es el de un joven de 24 años que estaba trabajando en una obra como soldador. Se hizo un arco voltaico cuando tenía puesta la máscara para soldar y perdió todo su rostro.

Casos como esos, señalan Raúl y Michel, son cotidianos.

Michel tuvo suerte. No perdió el rostro. Tampoco perdió alguna extremidad. Pero como los otros compañeros de dolor que ha conocido, su futuro se vio truncado. Él quería ser actor. Quería ser famoso, señala, pero no por algo como lo que le ocurrió el 23 de junio.

El joven pasará años recuperándose de esa noche. Hasta el 7 de diciembre se había sometido a 20 cirugías y buena parte de las heridas han tenido que ser atendidas con injertos de piel –tanto suya como de otras personas. Pero él y su familia buscan otros métodos que podrían acelerar el proceso, sin embargo, hay un detalle: son caras. Por eso, señala Michel, la CFE debe de hacerse responsable de los hechos, por lo cual la familia ha interpuesto las demandas.

Además de las impugnaciones, Michel y su familia llevaron el mes pasado el caso ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Michel, antes del accidente, y su madre.

Por su parte, la Comisión Federal de Electricidad, cuando fue contactada por Plumas Atómicas se comprometió a dar su postura, sin embargo, hasta el 13 de diciembre, no se han pronunciado.

No es la primera vez que la CFE cae en un caso que suene como el de Michel. En 2011, Ángel, en ese entonces de 8 años, se electrocutó con un arco voltaico. Se quemó el 65% de su cuerpo y la empresa lo culpó por el incidente. En 2014, la Procuraduría General de la República desmintió la versión de la CFE. Había fabricado las pruebas contra el menor. (Vía: Animal Político)

Michel señala que la CFE lo demandó por haber dañado la propiedad de la empresa cuando él se electrocutó con los cables que habrían estado en condiciones inadecuadas.

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