El PVEM no tiene nada de verde ni de ecologista, pero sí de corrupto

PVEM

Si hay un partido parasitario en el sistema político mexicano es el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), de hecho ese partido no es ni verde ni ecologista, sino una especie de corporación, que como rémora vive del presupuesto público y de vender al mejor postor su promedio de 3% obtenido en cada proceso electoral. Dicho de manera más específica, el PVEM es vista por su dirigencia y por el grueso de sus militantes como  un medio institucional que les permite acceder no solo a recursos públicos, sino también a cuotas de poder, todo con la finalidad de obtener beneficios particulares.

El Partido Verde mexicano es ecologista solo de nombre, es simplemente propaganda, ya que de hecho  no  es reconocido como tal por los partidos verdes y organizaciones ecologistas del mundo. No es difícil dar cuenta de esto, solo hay que asomarse a las propuestas de ese partido y las políticas que ha impulsado para dar cuenta de que no tienen bases ideológicas en pro del medio ambiente, su agenda se ha reducido a prohibir los animales en los circos, legislación que resultó contraproducente por la forma simplista en que fue planteada, ya que los animales murieron a raíz de que no tenían un espacio a donde llegar, en realidad prohibieron por prohibir.

Tampoco, el PVEM ha promovido políticas concretas para combatir problemas de orden ecológico relacionados al calentamiento global, no tienen propuestas en energías alternativas, mucho menos políticas de protección a especies y ecosistemas en peligro, tampoco políticas relacionadas a movilidad o transporte público. Por el contrario, han promovido políticas energéticas centradas en los combustibles fósiles, han apoyado legislaciones en contra de que las industrias tengan compromisos a favor del medio ambiente y mucho menos han promovido legislaciones duras contra las industrias que generen desastres ecológicos.

Para decirlo de forma simple, al PVEM lo último que le importa es el medio ambiente, ya que los que verdaderamente les interesa es el negocio de la política. De hecho ninguno de sus legisladores por ejemplo tiene alguna trayectoria en el campo de la protección del medio ambiente, mucho menos su dirigencia; tampoco tienen representantes de la comunidad científica a pesar de que sus representantes utilizan un argot científico, como podemos ver el ambientalismo que promueven no es más que pura y mera demagogia, por no decir burla a la ciudadanía.

Lo que sí sabe hacer el Partido Verde es dilapidar recursos públicos, ya que según información publicada en El Universal, el PVEM ha gastado desde 2011 casi 229 millones de pesos. Sin embargo, el grueso de esos gastos se han ido en vehículos, publicidad, viáticos, comidas en restaurantes, viajes, seguridad privada, renta de salones, entre muchas otras cosas, para darnos una idea, solo en telefonía celular, el Partido Verde gastó 73 millones de pesos.

En ese periodo, el PVEM ha gastado 13 millones de pesos en viáticos, comidas en restaurantes y despensas para oficina; también ha gastado 18 millones de pesos en ropa que van desde camisas, chalecos y playeras, hasta gorras y calzado. En relación a vehículos, el Partido Verde ha gastado otros 13 millones de pesos, en los últimos años ha comprado camionetas como una Ford Ranger y una Chevrolet Silverado, así como sedanes y motocicletas.

Esos documentos también muestran que el PVEM ha gastado alrededor de 24 millones de pesos en consultorías, las cuales como hemos visto no han servido para nada, ya que no ha modificado en lo más mínimo la agenda del partido que pareciera que en realidad promueve políticas contra el medio ambiente. Ahí está como ejemplo la Ley General de Biodiversidad promovida por ese partido que fue rechazada por las principales organizaciones ecologistas del país, ya que señalaron que además de insuficiente iba a resultar contraproducente para los ecosistemas.

Como podemos ver, el Partido Verde no es otra cosa que un nido de corrupción y un filtro de dinero público que es utilizado para mantener los lujos de su dirigencia y de sus representantes y funcionarios en el gobierno. Mientras no hay un órgano de fiscalización con dientes, que castigue los dispendios de partidos políticos como esa, las cosas can a seguir igual. 

 

 

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