El milagro de sobrevivir con el salario mínimo en México

La discusión sobre los niveles salariales de nuestro país ha tomado fuerza a raíz de que Estados Unidos y Canadá han presionado a México a sentarse a tratar el tema salarial en las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Específicamente buscan que México suba sus niveles salariales, ya que acusan a nuestro país de actos de dumping, en el sentido de mantener los salarios bajos de manera intencional, con el fin de ganar competitividad.

En la nota “¿En serio no pueden aumentar los salarios en México?” publicada el día de ayer en este sitio, explicábamos que, si bien, los argumentos del gobierno mexicano para negarse aumentar los salarios en nuestro país tienen cierta validez, sobre todo en el sentido del impacto inflacionario que podría desatar un incremento por decreto, sosteníamos también que el tema es más complejo, ya que había claras distorsiones en la correlación entre productividad y nivel salarial. Es decir señalábamos que en sectores como el manufacturero o el automotriz, se mantenían los salarios bajos a pesar de la alta productividad.

En ese sentido, señalábamos que los niveles salariales que tienden a mantenerse bajos de forma artificial también distorsionan el sistema económico ya que que afectan directamente al consumo y al mercado interno. Esto se traduce en  problemas que tienen que ver con la intensificación de la desigualdad social y el mantenimiento de los niveles de pobreza, es decir, evitas de manera intencional la movilidad social que no es otra cosa que el mejoramiento de la calidad de vida de la población.

De hecho, el salario mínimo en México refleja este problema, no solo porque el nivel de ingreso en sí mismo no es suficiente para que una persona y su familia reproduzca su vida de manera satisfactoria, sino porque en sí mismo distorsiona la economía, en el sentido de que permite que las apuestas salariales tiendan a la baja independientemente de la productividad de cada sector en particular.

Respecto a cómo es la vida de una persona y su familia con el salario mínimo, el diario El País publicó un reportaje en donde narra la vida de María Eugenia Zamora y su hijo Leo de 10 años, quienes viven en CDMX; ella trabaja como trabajadora de limpieza en un laboratorio y percibe un ingreso de 3 mil 500 pesos al mes, es decir, gana el salario mínimo mensual. Con ese ingreso, María Eugenia puede costear para ella y su hijo una casa de madera de 30 metros cuadrados en un asentamiento irregular, una dieta que se reduce a arroz, frijoles, chile y de vez en cuando carne o pollo, una pequeña estufa de gas, transporte para ir al trabajo y lo mínimo indispensable para que Leo asista a la escuela.

María Eugenia narra que con los 3 mil 500 pesos mensuales que gana por nueve horas diarias de trabajo, gasta 300 pesos para transportarse a su trabajo, 800 para el transporte de su hijo a la escuela y mil 500 en alimentos. Asimismo, señala que la situación económica se complica cada inicio de curso cuando tiene que comprar uniformes, útiles y zapatos, ahí los recursos se vuelven mucho más limitados.

María Eugenia pertenece a ese 33% de la población mexicana que gana en promedio entre uno y dos salarios mínimos. Dicho ingreso mínimo es uno de los más bajos en América Latina a pesar de que nuestra economía es una de las más grandes de la región y la doceava más grande del mundo, de nuevo, no hay relación entre la productividad y el nivel salarial.