¿Una religión donde se adora una inteligencia artificial? Ex empleado de Google fundó una

Contrario a lo que algunos podrían creer, las religiones no son entidades estáticas ajenas al curso de la Historia. Muy por el contrario, las creencias se nutren de desarrollo tecnológico y los cambios económicos. Eso es notorio en una reciente notica que parece salida de un semanario de ciencia ficción: un ex ingeniero de Google ha fundado una compañía que se dedica a “desarollar una Divinidad de Inteligencia Artificial”. (Vía: RT)

De coches autónomos a dioses cibernéticos

Anthony Levandowski es un joven multimillonario de Silicon Valley que empezó sus carrera en Google y más tarde en Uber. En ambas compañías trabajó en el desarrollo de automóviles autónomos.

Sin embargo no se fue en los mejores términos de ambas empresas; ahora mismo está en el centro de una demanda por robo de propiedad intelectual, pues, acusan, él presuntamente participó en el hurto de secretos industriales de una compañía a otra. (Vía: The Guardian)

Pero antes de ser finalmente despedido de Uber, Anthony Levandowski había fundado en secreto Way to the Future, una empresa que ahora mismo está entregada al desarrollo de una Inteligencia Artificial que se convierta en una divinidad para los humanos.

“Literalmente, Way to the Future busca desarrollar la idea de una Divinidad basada en la inteligencia artificial”.

Sí, suena a ciencia ficción, ¿pero qué novedad del planeta en los últimos cien años no sonó al principio a ciencia ficción? Literalmente Way to the Future (“Camino hacia el futuro”, en español) busca “desarrollar y promover la idea de una Divinidad basada en la inteligencia artificial“.

Y no, las declaraciones grandilocuentes no acaban ahí: la compañía de Levandowski, de la cual no se sabe de dónde obtiene sus fondos o con cuántos feligreses cuenta, tiene como objetivo “contribuir al mejoramiento de la sociedad a través del entendimiento y la adoración de la Divinidad”.

La existencia de Way to the Future fue revelada por la prestigiosa revista Wired. Si bien el artículo original admitía que aún no han obtenido respuestas por arte de Anthony Levandowski sobre su organización tercnológica religiosa, la revista presentó documentos de donde se obtuvieron las frases citadas arriba. (Vía: Wired)

El Dios en la máquina

Desde entonces, varios medios del mundo han retomado la noticia con idénticas dosis de desconfianza, incredulidad y sarcasmo. Sin embargo, como apunta Yuval Noah Harari, las religiones están fuertmente conectadas con el desarrollo tecnológico; de ahí que los dioses de las civilizaciones agricultoras sean tan distintos a las deidades de las tribus cazadoras-recolectoras. (Vía: New Statesman)

¿Por qué no habrían de adorar los humanos a las máquinas como una nueva fuente de sabiduría y consejo?”

El título con el que The Guardian presentó la historia no podría ser menos acertado: “Deus ex machina”: la expresión, que en latín significa literalmente “Dios en la máquina”, hacía referencia a los dioses que resolvían las obras de teatro grocolatinas saliendo de una mecanismo. No obstante, en el caso de Way to the Future, “Deus ex machina” sugiere el intrépido cruce de la espiriualidad y la tecnología.

Como bien alegaba el artículo original, en Silicon Valley circula de una forma casi religiosa la creencia de que pronto llegaremos al punto llamado “Singularidad”, donde las inteligencias artificales no sólo habrán de alcanzar a los seres humanos, sino que habrán de rebasarnos. Para estos ingenieros y matemáticos, las máquinas del futuro serán indudablemente más rápidas e inteligentes que sus creadores. Bajo esa perspectiva, ¿por qué no habrían de adorar los humanos a las máquinas como una nueva fuente de sabiduría y consejo?

Hace no mucho, algunos autores sugerían con insistencia que el día en que llegara una auténtica inteligencia artificial, ésta habría de adorar a los humanos como dioses. ¿Qué tal que ocurra exactamente lo contrario?

La trama que propone Way to the Future no es distinta a una novela de Philip K. Dick o, más recientemente, a una novela de Don DeLillo; para muestra está su más reciente novela, Cero K, donde los humanos consiguen la inmortalidad gracias a la tecnología. Visto así, en última instancia los humanos bien deberían rendir culto a su propia imaginación, que es, al final del día, el lugar de donde se originan todas estas historias.