Dos años y medio de cárcel para tuitero español pro feminicidios

¿Dónde termina la libertad de expresión y empieza la violencia inadmisible? Para algunos la brecha es difusa, para otros es una línea más que clara. Este es uno de esos casos que aclara para muchos dónde deja de ser libertad de expresión para convertirse en lenguaje de odio: un español fue sentenciado a dos años y medio de cárcel por tuits repugnantes que sin duda merecían sanción.

Previamente, Berenguer Jordi Moya Hernández había sido sentenciado a un año de prisión. Ahora la condena ha aumentado a dos y medio. ¿Qué debe salir de la boca de un joven de 22 años para que amerite una sentencia judicial? Tuits. Tuits que trascienden el insulto y la provocación. Tuits que promueven el odio. (Vía: El Mundo)

 Berenguer Jordi Moya Hernández tuits carcel

Ocurridos entre finales del 2015 y principios del 2016, fueron 5 tuits de Moya Hernández los que ameritaron una denuncia y una posterior investigación, tuits como:

“Y 2015 finalizará con 56 asesinadas, no es una buena marca pero se hizo lo que se pudo, a ver si en 2016 doblamos esa cifra, gracias”.

o el no menos repugnante:

“A mi me gusta follar contra la encimera y los fogones, porque pongo a la mujer en su sitio por parte doble.”

Ante semejante muestra de odio, la duda es cuál debía ser la sanción; ¿dos años y medio es suficiente, es poco, es una exageración bienhechora? ¿Incluye la sentencia atención psicológica? ¿Cómo catalogamos la ofensa pública? Como bien explicó Alexandra Haas, directora de Conapred, en una entrevista exclusiva para Plumas Atómicas, el discurso de odio se convierte en delito cuando pisa los terrenos de la acción.

En este caso, Moya Hernández no habría pisado la cárcel de no haber lanzado tuits que sugerían acciones específicas como el siguiente:

“Ya la he maltratado, tu eres la siguiente”.

Ese tuit, que iba acompañado de la foto de una mujer maltratada, dio pie a que las autoridades españolas fueran más que claras: en España no hay cabida para las expresiones de odio en la red. Eso sí: este caso también ejemplifica nuestro papel para erradicar estos discursos: Antes de la sanción judicial, hubo una sanción social:  los mismos usuarios de las redes denunciaron activamente a este sujeto ante la policía por estos tuits que eran un llamado directo a la violencia de género.

“En este caso el árbol a talar era muy alto, pero no nos confundamos: el bosque es inmenso.”  

En ese sentido, las razones de los magistrados eran más que claras: “no nos encontramos ante un acto puntual, incontrolado e involuntario. El autor conoce y quiere la realización de las expresiones que vierte a las redes sociales con un contenido indiscutido de odio que merecen reproche. (Vía: El Español)

 Berenguer Jordi Moya Hernández tuits carcel

Ahora bien, hay un grave problema en la sentencia a este sujeto y en el tratamiento del caso: más que juzgar a un solo individuo por sus crímenes, se le usa para soslayar los problemas de la sociedad. Medios y magistrados se comportaron a lo largo del caso como si Moya Hernández fuera un autor solitario: se centraron en el árbol más alto para no ver el bosque. 

Joven, con trabajo y consciente del delito: así es el abusador promedio del Metro de la CDMX“.

Esta actitud impide formular un contradiscurso óptimo al asumir que hay individuos ‘enfermos’ en sociedades ‘sanas’. ¿Cómo reviertes las locuras de un solo individuo? No se puede: quedan en meros disparates, atroces, sí, pero disparates al fin y al cabo.

Rousseau, inventor del concepto actual de ‘infancia’, alegó en el Emilio que hace falta toda una sociedad para criar a un solo individuo. En ese sentido, Moya Hernández es el chivo expiatorio ideal porque, de hecho, sí es culpable de sus crímenes, pero casos como el suyo sirven para que la sociedad ignore los propios.

Un caso semejante ocurrió con los estudios elaborados por el Metro de la Ciudad de México sobre el perfil del abusador: joven, cuerdo, con trabajo, así es el abusador promedio del Metro. Como más de una lectora dijo en su momento, se trataba de ‘un sano hijo del heteropatriarcado’. Pero aquí vienen los magistrados a decirnos que fue un solo individuo que ya fue enjuiciado. En este caso el árbol a talar era muy alto, pero no nos confundamos: el bosque es inmenso.  

 

Por: Redacción PA.