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El problema con el arte contemporáneo no es Avelina Lésper

¿Qué pasa con la percepción social del arte contemporáneo? 
El problema con el arte contemporáneo no es Avelina Lesper (Imagen: Twitter/ @dinosaureo)
El problema con el arte contemporáneo no es Avelina Lesper (Imagen: Twitter/ @dinosaureo)

Avelina Lésper rompió una obra de arte con un valor de 20 mil dólares reguardado en Zona maco. En redes sociales se debatía sobre la ya conocida postura de Lésper acerca del arte contemporáneo. Sin embargo hay algo más importante que discutir: ¿por qué es tan polémico hablar de arte contemporáneo? ¿Si una obra no me gusta no es arte?

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Desde hace ya un tiempo se ha generado una discusión acerca de Avelina Lésper y su perspectiva sobre el arte contemporáneo.El problema no radica en su postura tanto profesional, pues ella es crítica de arte, como personal mediante sus sus juicios de valor. Detrás de sus polémicos comentarios y la destrucción de la obra de arte en Zona Maco,  inclusive de tras de los memes existe una percepción social del arte que merece ser debatida, tal vez sería más importante preguntarnos ¿qué pasa con la percepción social del arte contemporáneo?

Del arte clásico al arte contemporáneo hay más de un paso

El arte puede entenderse como una creación que nace de la perspectiva histórica, social, económica y genérica de una persona acerca de ciertos hechos, personajes, conceptos o el mundo en sí. Inclusive sobre conceptos u objetos que no existen materialmente en la realidad.

Por ello, el canon artístico aprecia, construye o desplaza ciertas estructuras, herramientas, temas y maneras mediante las que construye obras artísticas en cualquiera de sus disciplinas con cada época, al final de cuentas, los autores intelectuales y materiales del arte son personas en constante cambio. En consecuencia, las representaciones, plataformas y construcciones cambian con el paso de la humanidad, ello es, en suma, la historia del arte.

Como humanidad, la sociedad ha compartido hechos históricos que han afectado la economía, la política y las relaciones entre naciones y, con ello, la percepción que tenemos del mundo y la forma en la que nos relacionamos entre diferentes clases sociales, género y raza. Sin embargo, en épocas pasadas las búsquedas artísticas y los movimientos no se generaron en el mismo tiempo, no cuestionaban las mismas cosas y tampoco alcanzaron grandes masas, recordemos que al menos en su inicio, el arte se desarrollaba en clases altas o al menos era sustentado por ellas.

Desde el arte que se centraba en retratar el linaje pagado por encargo durante el Renacimiento, las obras que cuestionaban la belleza y lo humano en el periodo Romántico hasta  una obra que consistía en un vidrio con una rama una pelota atravesada existe una discusión artística y teórica sobre qué es el arte y cómo se produce, generalmente regulada por el canon, sin embargo, la llegada de las plataformas digitales lo han cambiado todo.

Hoy en día podríamos deducir que se produce más arte, otros dirán que simplemente es más visibilizado mediante herramientas como plataformas digitales o redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter, entre otras. Lo cierto es que con el desarrollo tecnológico, la difusión de información y conocimiento han surgido diferentes expresiones artísticas fuera de los nichos y espacios académicos en los que solía hacerse, con ello, surge una nueva forma de significar y crear que no siempre empatara con el concepto de arte de espectadores, críticos de arte y los propios artistas, pero ¿si una pieza no me gusta o no me significa no es arte?

¿El canon hace al arte o el arte al canon?

El arte no es sólo una creación improvisada, al menos en la academia existe una postura teórica de la creación que lo acompaña, tener el conocimiento de esta postura le da herramientas al espectador al momento de codificar e interpretar una obra. Sin embargo, tener  o no esta preparación teórica y artística no es un impedimento para dilucidar algo acerca de la obra, pensarlo sí podría serlo.

Es cierto que el arte contemporáneo exige de su interprete una crítica más aguda sobre el contexto en el que se realiza, los materiales y a veces la corriente en la que la obra se inspira. En este sentido, la subjetividad juega un papel importante para interpretar los mal llamados “vacíos” en la obra, la modificación de técnica o la aparente falta de ésta. En suma el arte se determina con más fuerza en el contexto en el que se desarrolla.

Es decir, con el mucho o poco conocimiento que se tenga sobre la obra de un artista, la corriente o las técnicas bajo las que se ha hecho, el espectador puede tener una impresión ya que culturalmente ha heredado una competencia y memoria artística. No es extraño que siempre se comparen pinturas de Miguel Ángel con obras como las de Bansky. No obstante, esta comparación sería injusta si no tiene en cuenta la evolución artística de un periodo a otro, los hechos históricos  y concepciones culturales y artísticas que hay entre ambas.

El problema con el arte contemporáneo no es Avelina Lesper (Imagen: Twitter/ @dinosaureo)

El problema con el arte contemporáneo no es Avelina Lesper (Imagen: Twitter/ @dinosaureo)

Todos podemos tener un juicio de valor, es decir, cada uno puede decir esta obra es mala para mí o buena, sin que ese juicio determine el valor de una pintura, escultura, película, etc. Ese juicio de valor tampoco elimina su estatuto de arte. Pero sí pone en jaque nuestro conocimiento sobre qué concebimos como arte, artesanía o improvisación.

Las normas impuestas en la academia también pueden apreciarse en la museografía (la selección de obras de una exposición en un museo), los autores de relevancia y los premios que se otorgan a dichas obras, pero el arte no sólo se encuentra allí, también domina las calles mediante el performance como un mensaje político: el arte no es sólo para la élite.

El arte contemporáneo, como ninguna otra corriente, toma consciencia de la temporalidad y el desarrollo del ser en esta, de las conexiones entre las personas y las diferencias entre ellas, asimismo es una corriente en desarrollo, por lo que, su historización y categorización siempre son merecedoras de crítica y cuestionamiento, pues no son totalizadoras o hegemonizantes como otras corrientes sí lo fueron.

“Pero el arte contemporáneo funciona de otro modo: las colecciones permanentes se reemplazaron por las exhibiciones temporarias, los proyectos artísticos ponen el acento sobre lo presente y lo pasado, y los artistas trabajan con aspiraciones casi instantáneas. En palabras del autor: El presente ha dejado de ser un punto de transición del pasado al futuro, convirtiéndose en un lugar de permanente re-escritura tanto del pasado como del futuro”. (Vía: Arte contemporáneo: temporalidad, territorialización y circulación)

No necesariamente cumple tiempos y normas, pues reflexiona sobre lo efímero, sobre la importancia o no de la permanencia de monumentos artísticos o su intervención. Creo que los comentarios de Lésper pueden clarificarnos la postura conservadora de la academia artística, pero no la mejor ni la más objetiva. Nos toca construir la nuestra y tener la capacidad de separar un juicio de valor, de moralidad o creencias de una corriente artística y lo que representa.

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